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Benedicto XVI impartió la tradicional bendición “Urbi et Orbi” desde el balcón central de la basílica de San Pedro, en el Vaticano, ante miles de fieles. Llamó además a ser “solidarios” con los pueblos del Cuerno de África y a lograr “la estabilidad y la reconciliación” en Irak y Afganistán. Anoche ofició Misa de Gallo

En su tradicional mensaje de Navidad, Benedicto XVI exhortó a que “todos los sectores de la sociedad en los países árabes”, sacudidos por cambios sociales y políticos, participen en la “construcción del bien común”. Desde el balcón central de la basílica de San Pedro, el Papa pidió el fin de la violencia en Siria, “donde ya se ha derramado tanta sangre”, y que se “reanude el diálogo entre israelíes y palestinos”.

En el tradicional mensaje de Navidad “Urbi et Orbi”, Benedicto XVI rogó que “él, que es el Príncipe de la Paz, conceda la paz y la estabilidad a la Tierra en la que ha decidido entrar en el mundo (…) que favorezca la plena reconciliación y la estabilidad en Irak y Afganistán”.

Además, el Papa imploró a Dios “que dé un renovado vigor a la construcción del bien común en todos los sectores de la sociedad en los países del norte de África y Oriente Medio”. También lanzó un nuevo llamado a la “solidaridad” con los pueblos del Cuerno de África, particularmente con los refugiados “duramente probados en su dignidad”.

Por otro lado, denunció el deseo del hombre de querer “sustituir” a Dios, de “decidir lo que está bien y lo que está mal” y de creerse “el dueño de la vida y la muerte”. Jesucristo, sostuvo el pontífice ante decenas de miles de fieles, fue enviado a la tierra “para salvarnos, sobre todo del mal profundo, enraizado en el hombre y la historia”, que “es la separación con Dios, el orgullo y la presunción de actuar por uno mismo”. Este mal consiste en “competir con Dios y sustituirlo, decidir lo que está bien y lo que está mal, ser el dueño de la vida y la muerte. Es el gran mal, el gran pecado”, aseguró.

Anoche, con un clima lluvioso y frío, el Papa ofició la misa en la que la Iglesia desde la noche de los tiempos conmemora el nacimiento de Jesús.

Benedicto XVI exhortó durante la misa, a abandonar los “destellos” de la sociedad de consumo y “la soberbia” de la razón “liberal” para dejarse seducir por la humildad de Jesús, un Dios que pide paz para todos.

El Papa de 84 años entró en la basílica de San Pedro, visiblemente cansado, en una peana móvil en la que recorrió la iglesia para oficiar la misa solemne que celebra el nacimiento de Jesús, retransmitida por televisión. Le ayudaron a subir los peldaños por los que se accede al altar. Decenas de teléfonos móviles inmortalizaban el momento desde los bancos.

La entrada del Papa estuvo precedida en la basílica, a oscuras, por el canto en latín de la “Kalenda”, que recapitula la espera del advenimiento de un mesías en el Antiguo Testamento. Luego la Basílica se iluminó para simbolizar el anuncio del nacimiento de Jesucristo.

El Papa, que con frecuencia denuncia el exceso de racionalismo, la falta de esperanza y la negación de lo trascendente, invitó a hombres y mujeres a dar muestras de humildad frente al misterio dela Navidad: “Si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón ilustrada (…) Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual”.

“Debemos bajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo así, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones”, dijo recordando que Jesús nació en un pesebre humilde. Benedicto XVI afirmó quela Navidad celebra a un niño que en su debilidad es un Dios fuerte.

“La Navidad se ha convertido hoy en una fiesta de los comercios, cuyas luces destellantes esconden el misterio de la humildad de Dios”, lamentó.”Junto a ti -rezó el Papa dirigiéndose a Dios- debemos ser constructores de paz. Amamos tu ser niño, tu no-violencia”, mientras “el mundo está constantemente amenazado por la violencia en muchos lugares y de diversas maneras”.

El Sumo Pontífice pidió a 1.100 millones de católicos en el mundo que oren “por cuantos tienen que vivirla Navidaden la pobreza, en el dolor, en la condición de emigrantes, para que aparezca ante ellos un rayo de la bondad de Dios”. El Papa parecía cansado durante las últimas semanas, tras un año agotador marcado por varios viajes y escándalos dolorosos como el de la pederastia.

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