DIARIO DE LEÓN.ES

A pesar de que los miembros de la Sección de Monumentos, conocidos en la segunda guerra mundial como los Monuments Men, devolvieron cinco millones de obras de arte robadas por los nazis, su labor ha estado durante años relegada al olvido, del que ahora emergen con la ayuda del filántropo Robert M. Edsel.

Dentro de su empeño por dedicar su vida a la divulgación del legado de estos «guerreros del arte», este empresario petrolífero norteamericano acaba de publicar The Monuments Men (Destino), un ensayo en el que se narra la fascinante aventura de estos héroes anónimos que impidieron el expolio cultural nazi.

Estos soldados aliados, en su mayoría británicos y norteamericanos, recorrieron Europa para tratar de recuperar auténticos tesoros artísticos que Adolf Hitler soñaba con llevar al museo que aspiraba a crear en su ciudad natal, Linz (Austria) —que nunca se llegó a realizar— y en el que pretendía reunir la gran colección de arte requisada a sus legítimos propietarios por los nazis durante el conflicto bélico.

Previamente, el Führer mandó llevar todas las obras requisadas de distintos museos europeos, como el Louvre, la Galería Nacional de Londres, el Rijksmuseum de Ámsterdam o el museo estatal ruso del Hermitage, así como de numerosas catedrales, a un lugar «seguro»: una cueva de sal excavada en la localidad de Altaussee, un remoto emplazamiento a sólo 150 kilómetros de Linz. La mina, cavada en la ladera de roca, quedaba a salvo de las bombas, y era el lugar ideal para guardar las obras debido a que la sal de las paredes absorbía el exceso de humedad y ayudaba, junto con su temperatura constante, a la conservación de la pintura y los grabados, mientras que los objetos metálicos, como las armaduras, se protegían de la corrosión mediante una fina capa de grasa.

El almacén nazi

En este improvisado almacén subterráneo, según cuenta Edsel, convivieron entre 1939 y 1945 obras de arte mundialmente conocidas como La Madona de Brujas, de Miguel Ángel; el retablo de Gante, de Jan Van Eyck; La ronda nocturna, de Rembrandt; Dama del armiño, de Da Vinci, o uno de los cuadros preferidos de Hitler, El astrónomo, de Jan Vermeer.

Pero si esta historia es hoy más conocida es gracias a la labor de Robert M. Edsel (1956), quien recibió en 2007 la medalla nacional de Humanidades de Estados Unidos por su labor de divulgación del legado de los Monuments Men. Edsel creó incluso una Fundación que lleva el nombre de los Monuments Men, y es también el autor de un documental sobre el expolio nazi y de la obra Rescuing Da Vinci, un repaso a lo ocurrido con el arte durante el conflicto bélico a través de fotografías de la época.

De la ardua labor que realizaron 350 personas de trece países distintos entre 1943 y 1951, integradas en la sección de Monumentos, Bellas Artes y Archivos (MFAA) da cumplida cuenta en el libro Edsel, así como de cómo estos héroes, muchos de ellos militares, pero también directores de museos, conservadores, historiadores o profesores de arte, que utilizaron sus conocimientos para recuperar, catalogar y devolver a su legítimo lugar las piezas.

En su obra, el escritor saca a la luz esta historia de valor incalculable, en la que reproduce los diálogos de los protagonistas, las cartas íntimas a sus esposas, los documentos oficiales y la narración de las batallas.