LA NACIÓN

Para los 150 turistas israelíes que se embarcaron desde Tel Aviv hacia Burgas, ese viaje no representaba ningún peligro. Bulgaria, un país occidentalizado desde el fin de la Guerra Fría, era para ellos sinónimo de populares balnearios a orillas del Mar Negro. Nunca pensaron que una bomba iba a estallar en el colectivo que transportaría a 47 de ellos hacia Costa de Oro y mataría, por lo menos, a ocho pasajeros.

Pero algunas señales precedieron la tragedia. A comienzos de enero, el diario israelí Haaretz publicó una fuerte advertencia del Ministerio de Transporte local sobre la posibilidad de que un atentado contra israelíes ocurriese en Bulgaria. Poco antes, un paquete sospechoso había sido hallado en un colectivo que transportaba turistas israelíes de Turquía a Bulgaria

No obstante, las advertencias no fueron suficientes para evitar que la sorpresa viajara alrededor del mundo junto con una pregunta: ¿por qué Bulgaria?

“Los grupos terroristas buscan lugares fáciles para golpear. A su vez, Bulgaria es una nación europea vecina de Turquía, lo que la ubica próxima al más amplio Medio Oriente. Asimismo, muchos israelíes veranean allí en esta época del año”, señaló a LA NACION Julián Schvindlerman, analista especializado en Medio Oriente.

A esas especulaciones, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, les puso un nombre: Irán. Sin pruebas concretas, echó mano de dos argumentos para denunciar a su mayor enemigo. En primer lugar, señaló la coincidencia del ataque de ayer con el 18° aniversario del atentado contra la AMIA. Además, recordó que en los últimos meses hubo intentos de atentados contra israelíes en otros puntos turísticos. Israel apunta al régimen iraní y al grupo terrorista Hezbollah por esos episodios.

“Es muy temprano para concluir quién estuvo detrás del atentado. Por ahora, sólo se puede decir que Irán es el mayor sospechoso, aunque no hay que descartar a Al-Qaeda. La organización intentó apuntar contra israelíes antes, como en Kenia, en 2002”, indicó desde Israel el analista Meir Javedanfar.

OCCIDENTALIZACIÓN

El fin de la Guerra Fría marcó también el final de cinco décadas de dominio comunista en este país del sudeste europeo. Ya sin el amparo soviético, la Bulgaria democrática, bajo la Constitución de 1991, comenzó a fortalecer sus lazos al oeste de sus fronteras. Estados Unidos y sus socios europeos de la OTAN se convirtieron en sus principales aliados.

Desde 1989, Washington buscó “apadrinar” a Bulgaria y a otras naciones del este europeo, para garantizar su “occidentalización” con apoyo financiero.

En 2006, esa asistencia se complementó con el Acuerdo de Cooperación en Defensa, a partir del cual Estados Unidos tiene acceso a “instalaciones militares conjuntas” en Bulgaria: dos bases aéreas, un centro de entrenamiento y un centro de logística, que le permiten a Washington una proximidad geográfica a Medio Oriente.

Paralelamente, Bulgaria ingresó en la OTAN en 2004 y, cuatro años más tarde, creó la Agencia Estatal para la Seguridad Nacional.

También apostó al ingreso en la Unión Europea, que consiguió en 2007. No obstante, no pertenece a la eurozona ni forma parte del acuerdo de libre circulación, aunque pretende hacerlo el próximo semestre.

Para Walter Reich, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad George Washington y ex director del Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos, las relaciones preferenciales de Bulgaria con Occidente no influyen en la elección de su país como blanco.

“Los responsables tenían la información de que un grupo de turistas israelíes estaban viajando en un colectivo -que es un objetivo ideal para una bomba- en Bulgaria. En este caso, tuvo la oportunidad de llevarlo a cabo ahí, pero pudo haber sido en cualquier otro país”, especuló desde Washington.

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