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Tesoros Espirituales de Alberto Algazi

La tentación.

La vida es como una selva llena de emboscadas en las que estamos constantemente a punto de caer. Necesitamos mantenernos siempre alertas, en fin de eludir, y a veces afrontar el peligro.

Pero junto a esas emboscadas, cuya existencia conocemos, existen otras, más peligrosas aún, puesto que lejos de evitarlas vamos a ellas, atraídos por su encanto aparente y e obedeciendo a las voces sugestivas y melosas de la tentación.

Tentación es el impulso de cometer o pensar cometer, actos que aunque deleitan la materia, dañan el espíritu.

Si por falta de disciplina mental damos rienda suelta a la imaginación, pronto veremos que ese polvo brioso no se detiene ante nada ni nadie, y que, en su desboque, nos arrastra a las negruras de un horizonte borrascoso y perverso.

Si esos pensamientos se transmutan en actos y nos dejamos seducir por el espejismo cromático con que los instintos se halagan, habremos sido cobardes y aunque tratemos de consolarnos presentando el error con los blancos atavíos de la inocencia, de la nobleza o de la legitimidad, la inflexible conciencia se encargará de corroer nuestra tranquilidad.

Estos abismos que nos cortan el camino, están dispuestos en forma tan astuta, tan hábil, que han hecho suponer que se trata del artificio de seres malvados, que buscan nuestro retraso y perdición. Pero la verdad es otra: va en nosotros mismos el enemigo, ese terrible enemigo que es la tentación, y por ellos sólo nosotros mismos podemos derrotarlo.

¿Cómo? Disciplinando nuestra mente, encadenando sus desvaríos, amordazando sus gritos, y si es preciso, fustigándola con pensamientos serios que logren apartarla de la ruta torcida. Vigilar diligentes toda tendencia a actuar, cuando de antemano saboreamos el deleite de un placer inconfesable, repitiéndonos que pese a las bellezas que lo hacen aparecer lícito, es un acto innoble que servirá de lastre a las ansias espirituales de ascender.

En las encrucijadas difíciles, el Supremo te señalará el camino y con la fuerza del carácter, la elevación de los ideales y el desprecio de las tentaciones, sabrás proseguir el viaje con la gallarda entereza del que sabe a dónde va.

 

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