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Sobreviviente… de la vida

Artículo de marzo de 2011

MAY SAMRA EN EXCLUSIVA PARA ENLACE JUDÍO

Érase un músico que sobrevivió a muchas tragedias. Una de ellas fue el Holocausto, pero también  la Guerra de Independencia en Israel, las  canteras del Kibutz donde trabajó como minero, la depresión, y hasta un cáncer de piel.

Este hombre, hoy completamente sordo, tenía un compañero que alumbró, en muchas ocasiones, su soledad: un clarinete. Y un anhelo que lo mantuvo vivo: la esperanza de, algún día, dar un concierto.

Y es así como, en una muestra de férrea voluntad, gran talento y amor a la vida, Yoel David Katz, de 83 años, pudo dar, no uno, sino dos conciertos de clarinete, acompañado por el pianista y amigo Mario Alberto Hernández.

Fue gracias a la generosidad de una gran pareja, Nathan y Susie Shteremberg, así como a la hospitalidad de la Comunidad Bet El, que, el 24 de marzo, en el marco del salón Columnas, se celebró por segunda ocasión el sueño de un sobreviviente del Holocausto.

Yoel David Katz nació en 1923. Tras la Shoá, se trasladó a Israel en 1948 y luego a México en 1974.

Mientras picaba piedra, en el kibutz Guivatot, recibió de Hungría un viejo clarinete. “Ya es demasiado tarde para aprender piano”, pensó, así que se dedicó en cuerpo y alma a este instrumento.

Ya en México, ingresó como maestro al Conservatorio Nacional de Música, donde, durante 27 años, enseñó clarinete y música  de cámara. En el 2005 recibió la Medalla de Honor de la Asociación Clarinetística de México. Uno de sus principales logros es la realización de un arreglo para clarinete y piano de una obra de Franz Schubert, sonata compuesta originalmente para un instrumento, hoy extinto, llamado “Arpeggione”.

En esta tarde mágica, Yoel, impecablemente peinado y vestido para la ocasión, alcanzó nuestras almas con tonadas de Brahms, Mozart, Tchaikovsky, Lehar y otras, mientras parientes, amigos  y amantes de la buena música, rompían en aplausos.

Algunas preguntas cruzaban la mente de los asistentes:

¿Qué ves, Yoel, cuando cierras los ojos?

¿Qué gritos de dolor cubres con tu música?

¿Qué porcentaje de tus lágrimas son sal y qué tanto ceniza?

¿Cómo te mantienes erguido cuando saludas?

Terminado el concierto, Yoel David saludó al público con un gesto sobrio. No podía oír ninguno de los elogios que los presentadores pronunciaron: este día, era simplemente un clarinetista en concierto, abrazado del instrumento que le dio razón para vivir.

Para conciertos de Yoel David, comunicarse al 52906795.


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