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FRANCISCO DE ANDRÉS

El vasallaje que exige a los demás sistemas islámicos puede ser a la larga letal para el yihadismo mundial

Tres semanas después del lanzamiento de su ofensiva relámpago para conquistar Irak, el Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL) ha anunciado la creación de un califato en sus territorios ocupados, durante el primer día del ramadán, el ayuno musulmán. El último régimen de califato en el mundo fue abolido hace 90 años por Kemal Ataturk, fundador de la Turquía moderna, y desde entonces su recuperación ha sido el sueño de todos los musulmanes radicales.

La primera consecuencia del nuevo califato será la supremacía que exige el nuevo Estado islámico. El anuncio del EIIL recuerda que «todos los musulmanes del mundo» así como todas sus organizaciones, deberán prestarle vasallaje. La grandilocuente declaración del, a partir de ahora, Estado Islámico sin más contempla un califato que hoy cuenta con un territorio en Irak y en Siria pero aspira a crecer y expandirse por los países árabes, rediseñando fronteras.

El primer califa de esta dinastía del XXI será el actual jefe militar del EIIL, Abu Bakr Al-Baghdadi, que pasa a ser por tanto «imán y califa de todos los musulmanes», es decir, jefe a la vez político y religioso. El nombramiento eclipsa aún más la autoridad moral del actual líder de Al Qaida, el egipcio Ayman al-Zawahiri, que está obligado a jurar fidelidad a Al-Baghdadi. El EIIL fue en su día la rama en Irak de Al Qaida, pero hoy ambas organizaciones yihadistas están peleadas.

Contar con un califato mundial fue el objetivo visionario de Osama bin Laden y sigue en la lista de deseos de Al Qaida. Pero su estrategia de ataques y retirada, en cualquier punto del mundo, convertía el proyecto político en una entelequia. Por primera vez, una organización yihadista cuenta con un territorio concreto donde proclama el retorno al sistema político-religioso del siglo VII.

La exigencia de vasallaje a todas las entidades actuales -emiratos, repúblicas islámicas, etc.- abre un nuevo frente interno de lucha de musulmanes contra musulmanes, que a la larga puede ser letal para el yihadismo mundial pese a su tirón en el caladero de los radicales, facilitado por internet.

¿Qué diferenciará el califato de Al Baghdadi de la monarquía absoluta de los Saud en Arabia Saudí? Sobre el papel, los integristas suníes del EIIL proponen una aplicación de la Sharía, la ley islámica, mucho más radical aún que la que aplica Riad, hoy por hoy la más severa del mundo. Pero además se añade la pimienta del yihadismo mundial. El califato se sentirá legitimado para dar órdenes de ataque en cualquier parte del mundo, donde sienta que los intereses del islam están amenazados.

Fuente:abc.es