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AGENCIA DE NOTICIAS ENLACE JUDÍO MÉXICO

 

Un combatiente cobra 1.500 dólares por casarse y poder disfrutar de una luna de miel. Puede recibir 400 por un hijo y una cuota mensual de 65 para alimentos.

La luna de miel fue un breve momento para el amor, lejos de las líneas del frente de la guerra de Siria. En la capital del califato del Estado Islámico de Irak (ISIS), el miliciano sirio Abu Bilal al Homsi, que se encuentra ahora en Palmira, se unió con su novia tunecina por primera vez después de meses chateando. Se casaron, y luego pasaron unos días cenando en los restaurantes de Raqqa, paseando por la orilla del río Éufrates y comiendo helados.

Todo fue posible gracias a la bonificación por matrimonio que recibió del ISIS1.500 dólares para que él y su esposa pudieran fundar un hogar, una familia, y tener una luna de miel.

“Hay de todo lo que uno quiere para una boda”, dijo Al Homsi de Raqqa, una capital de provincia en la que hombres armados en puestos de control escudriñan a los transeúntes en busca de signos de algo que consideran una violación de la sharia o ley islámica, como un ligero toque de gel para el cabello o una barba descuidada. En las casas de algunos de los comandantes de ISIS en la ciudad hay mujeres y niñas de la secta religiosa yazidi, secuestradas en Iraq y ahora mantenidas como esclavas sexuales.

Estado Islámico se dedica a un ambicioso proyecto: la construcción de una nueva nación, compuesta por musulmanes de todo el mundo cuyas nacionalidades han sido borrados y que han sido unidos por el califato.

Para ello, el grupo ha puesto en marcha un sistema de seguridad social generoso para los hombres y mujeres que han acudido desde el mundo árabe, Europa, Asia Central y Estados Unidos.

“No se trata sólo de luchar”, dijo Al Homsi, que utiliza un nombre de guerra. “Hay instituciones, hay civiles de los que hacerse cargo y un amplio territorio. Hay que ayudar a los inmigrantes a que se casen. Estos son los componentes de un Estado y hay que cuidar a los súbditos“.

Al Homsi habló en una serie de entrevistas con The Associated Press a través de Skype, ofreciendo una mirada poco común sobre la vida de un yihadista.

La nueva elite del Estado Islámico es visible en Raqqa, la ciudad más grande de Siria bajo el dominio de los extremistas. Casas y departamentos de lujo, que alguna vez pertenecieron a los funcionarios del gobierno del presidente Bashar el Asad, han sido tomadas por la nueva clase dominante, según afirma un miembro de un colectivo clandestino de oposición al ISIS que utiliza el nombre de Abu Ibrahim al Raqqaui. Los altos mandos del ISIS tienen coche y combustible gratis; los combatientes no pagan el ingreso en un hospital como los civiles, y los hijos de los combatientes extranjeros disponen de guarderías en las que se habla en inglés.

Raqqa, en el centro del territorio controlado por el ISIS, está lejos de las zonas de combate, sus supermercados están bien equipados (gracias a su proximidad por carretera a la frontera turca), aunque solo los milicianos pueden pagarse productos caros de importación como la Nutella (que, al parecer, les entusiasma). Los jefes del ISIS son propietarios de la mayoría de cafés-internet y cobran el acceso a la conexión por satélite en los domicilios particulares.

“La ciudad es estable, tiene todos los servicios y todo lo que se necesita. No es como las zonas rurales -dijo Al Raqqaui-. Es ahora la Nueva York” del califato. Al igual que otros miembros de su colectivo, Al Raqqaui utiliza un apodo para su seguridad y no especifica su paradero.

Ayudar a los combatientes que se casan es una prioridad para el ISIS. Aparte de la remuneración normal, los combatientes extranjeros reciben 500 dólares cuando se casan. Según el experto Aymen al Tamimi, cuando el ISIS tomó la ciudad iraquí de Mosul, hace casi un año, una de las primeras cosas que hizo fue establecer un tribunal islámico “para dar estatus oficial a los matrimonios”.

Al Homsi, de 28 años, que se casó en abril, recibió una bonificación especial porque su esposa es extranjera, tunecina, es médico y habla cuatro idiomas. AP ha hablado con Al Homsi en repetidas ocasiones durante los últimos tres años, desde que comenzó como activista cubriendo los combates en su ciudad natal de Homs, en el centro de Siria, y comunicándose con periodistas. Siempre exponía visiones ultraconservadoras, empezó a simpatizar con el ISIS y en el 2013 y fue uno de los últimos combatientes en salir de uno de los asediados barrios de Homs.

Fue a partir de su actividad en los medios sociales que conoció a su esposa. Después de la comunicación online, Al Homsi se enteró de que un hermano de ella se había unido al Estado Islámico y se encontraba en la ciudad siria de Deir al Zur, cerca de la frontera iraquí. Como es costumbre, fue a pedirle la mano a su hermano.

La novia, de 24 años, viajó de Túnez a Turquía, y de allí a Raqqa con un grupo de otras mujeres que unían al ISIS. Todas se alojaron en una casa de huéspedes regentada por la llamada Brigada Jansa, una fuerza policial formada por mujeres.

Al Homsi hizo el peligroso viaje de 250 kilómetros desde Homs a Raqqa para unirse a ella, después de recibir un salvoconducto de sus comandantes locales que le identificaba como militante del ISIS.

Fue un matrimonio raro, el de un miliciano sirio con una extranjera. Por lo general, las mujeres extranjeras se casan con combatientes extranjeros. Durante los pocos días de su luna de miel, Al Homsi y su esposa disfrutaron de relativa tranquilidad de Raqqa.

A continuación, la pareja viajó a la zona de Homs. Allí, el marido utilizó el dinero de su beca para fundar un hogar para su esposa y sus cuatro gatitos.

La pareja está esperando un bebé y también espera otra inyección de dinero, ya que el Estado Islámico puede pagar hasta 400 dólares por cada hijo. Por ahora le ofrecen 50 dólares al mes para él y una cantidad similar para su esposa. Él también tiene una asignación para su uniforme y ropa, algunos productos de limpieza del hogar y una canasta mensual de alimentos de 65 dólares. “Si el combatiente está en el frente, ¿cómo va a llevar comida a casa?”, comentó Al Homsi.

Poco después de hablar con la AP, Al Homsi estaba de vuelta en el campo de batalla, precisamente entre los milicianos que han tomado la antigua ciudad de Palmira.

Fuente:clarin.com

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