avatar_default

padre-e-hijo_opt

BECKY RUBINSTEIN F.

Todo tiene un padre y una madre: a veces la madre supera al padre y se sucede el matriarcado, o bien, el patriarcado. El sol es rey, la luna, reina, y quizá, con un poco de imaginación, las estrellas son damas de la corte  real.

Hablando de patriarcado: el Dios de Israel es hombre y no mujer, como las astartés babilónicas. Los padres del pueblo de Israel en la versión bíblica canónica llevan la voz cantante: Abraham, Isaac y Yakov. Las madres, figuras necesarias en el tinglado, son cuatro: Sara, Rebeca, Lea y Rajel, siete personajes en total, como los siete días de la semana, los siete planetas del tiempo clásico, como los siete colores del arco iris, como las notas musicales…Tres, cuatro, siete: números a los que hay que ponerle atención…

Tres, como ya se dijo, son los patriarcas, tres, como en los cuentos infantiles, donde  se pesa y se cala el valor de los héroes de la historia, generalmente  en número de tres. El cuatro, por su parte,  hace referencia al tetragrama: en la Biblia todo está dicho. Y más…

En esta  ocasión hablemos de Abraham, antes del pacto con Yavé, tan sólo Abram, tan sólo un hombre unido a una mujer estéril.  Tras el pacto Abraham y  su mujer introyectan la letra Hei, con valor numérico de cinco, con el consecuente cambio de suerte, de destino.

Surgen entonces, como estrellas del firmamento, Abraham y Sara, padres de Isaac, fruto de la risa de una mujer  anciana, resignada a un vientre seco y yermo. Sarai contaba por aquel entonces con noventa años…

Abram el de antes de Canaán, era hijo de un idólatra. Rompió entonces con su padre –vendedor de idolillos que fueron inculpados de “romperse la cabeza” entre ellos- para ser padre de una nación. Tras la destrucción de una era, la construcción de una nueva: totalmente diferente, incluso encontrada. En esencia, enemiga…

La nueva religión, tras el pacto de un hombre, aún padre –al que se le prometió ser padre de una nación, tan numerosa como las estrellas del firmamento, tan numerosa como las arenas del desierto… Algo inconcebible para un padre sin hijos…

Y se dio el cambio para bien: se cumplió el vaticinio. Abraham  el Patriarca, de acuerdo al Power of Aleph Beth, fue el primer astrólogo conocido, iniciado en los misterios del cosmos;  era, además, ducho en permutar y combinar  las letras del alfabeto hebreo, responsables de  la creación del universo, una manera de controlar  las fuerzas internas del  cosmos. En verdad una maravilla…

Y la ironía de la vida: “estrellero” como era, antes de permutar su nombre y el de su mujer, vislumbró en su respectiva carta astral, su carencia de hijos, de descendencia y digamos, de trascendencia…

Al incluir la Hei hebrea, el padre y la madre de Israel,  alteraron  su nivel de conciencia, lo sublimaron.  Porque, como está dicho: “En Israel, los astros influyen, más no determinan”. El saber contar estrellas, se nos dice en el texto citado,  protege al hombre del influjo cósmico negativo.

Abraham, el Patriarca de Israel, dejó su semilla  y nos heredó el pensamiento abstracto, el alejado de la materia, a favor del espíritu. Y como tal, lo percibimos en una parábola  dicha y repetida,  que parte de  una pregunta: “¿A qué se parece Abraham al Eshel,  al  árbol del tamarisco?  A que cuando tres ángeles –tres enviados del cielo, en forma de hombres- llegaron a la tienda de Abram, el sin hijos, los recibió como a reyes. Les dio de comer (Ajilá), les dio de beber (Shtía), y les ofreció donde  pernoctar (Liná). O sea, cumplió con uno de los preceptos más importantes del judío: el compartir con el otro, los dones recibidos. O sea, de acuerdo a esta parábola, Abram con su compartir  con los que tocaron a su puerta plantó un ESHEL metafórico, pero efectivo.  Los ayudó y sirvió como un padre   a su hijo…

¿Qué tipo de padre tiene el pueblo de Israel? El que representa a la Sefirá de  Jésed, el de la columna derecha, la  compatible con el agua que, moderada, fluye, alimenta y sacia la sed,  la que, cuando abunda sin límite daña al que da, y al que recibe…Cuando impera el rigor sobre la misericordia.

#DiadelPadre

avatar_default

Ciudad de México (1948). Poeta, periodista, traductora y escritora infantil. LIBROS DE POESÍA: Máscaras para la luna (1986), Senderos de cuatro licores (1988), De caperuzas cotidianas (1991), Caballero de polvoso azul : El vientre de Pandora (1993), Coro de encajes (1993), Vitrales (1993), Lentejuelas negras (1994), Hijas de la rueda (1994), Arlequina a medio maquillaje (1996), De lunas ebrias (1996), Aguador enorme (1997), y Cuéntame una de vaqueros (1999), entre otros.

Destacadas

Exclusivas

Judaísmo


DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí