El ex viceministro de Relaciones Exteriores de Israel y ex embajador en Estados Unidos, Danny Ayalon, dialogó con la Agencia Judía de Noticias de historia y actualidad. Para Ayalon “el vínculo de Israel con Estados Unidos es más fuerte que cualquier relación personal entre mandatarios, aunque éstos no se quieran ni se aprecien”.

Israeli Deputy Foreign Minister Danny Ay

AGENCIA DE NOTICIAS ENLACE JUDÍO MÉXICO – El 10 de noviembre de 1975, hace 40 años, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptaba la Resolución 3379 que establecía que el sionismo es una forma de racismo y de discriminación racial. ¿Qué cambió desde entonces?

Lamentablemente las cosas no cambiaron mucho. La resolución que equiparó el Sionismo con racismo fue el punto más bajo de la ONU. Pero realmente desde entonces no cambió mucho e Israel es segregado, y también algunos países occidentales. Y esto sucede debido a la conformación de la ONU. De los 193 países miembros, más de dos tercios no son democracias en el sentido real y verdadero de la palabra. Hay 22 países de la Liga Árabe, que forman parte de la Organización para la Cooperación Islámica, que ya son 57 que tienen derecho a voto y al mismo tiempo forman parte de los países que antes se denominaban Países No Alineados. Y ya son 120 países que los palestinos tienen de su parte.

Cuando vemos hoy en día quiénes son los países que integran el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra. Gaddafi fue su presidente, Sadam Hussein, los norcoreanos. En la práctica, hoy en día, la ONU es el “sello de goma” de los palestinos. Y se ve claramente, por ejemplo, en el hecho de que cada año hay al menos 20 decisiones en contra de Israel. Y por ello tenemos en este sentido un problema.

La ONU de hoy en día no es mejor que la de hace 40 años. A pesar de ello, Israel es un miembro orgulloso de la organización, y que realiza un gran aporte a Naciones Unidas. Israel está entre las naciones que mayor aporte realizan, en cuestiones tales como desarrollo agrícola en el mundo, en la lucha contra la desertización, y muchos otros. Fui parte de la delegación israelí en la ONU durante cuatro años y lo vi de cerca, vi el inmenso aporte de Israel y cómo el conocimiento y los avances tecnológicos de Israel son apreciados y deseados por todos. Pero cuando las cosas llegan a la Asamblea General, todos levantan la mano con los palestinos. Ya sea porque necesitan el petróleo árabe, los grandes mercados comerciales de los países árabes y lo que manda es la hipocresía.

La gran suerte es que todas estas decisiones se toman en la Asamblea General, y por tanto no son vinculantes sino declarativas. La única institución cuyas resoluciones sí son vinculantes y se pueden hacer cumplir es el Consejo de Seguridad. Nuestra gran suerte es que allí está Estados Unidos con su capacidad de vetar resoluciones.

Esto me lleva a la siguiente pregunta y es si es posible reparar las relaciones con EEUU y si estamos en camino de hacerlo

Las relaciones con Estados Unidos son realmente fuertes, porque se apoyan en tres pilares fuertes y estables. En primer lugar, los valores comunes. Tanto Israel como Estados Unidos son países realmente democráticos, con respeto a los derechos y las libertades. Para Estados Unidos es muy importante difundir la democracia en el mundo o al menos apoyar a los países democráticos, entre otras cosas porque una democracia en general no le declara la guerra a otra.

El segundo pilar son intereses muy importantes, en especial en materia de seguridad. La cooperación en este aspecto es muy fuerte, en temas de seguridad, inteligencia. Se salvan muchas vidas norteamericanas en virtud de esta cooperación y lo dijo el propio secretario de Defensa, Ashton Carter. Israel aporta estabilidad a Medio Oriente, que también es un interés norteamericano. Por tanto, cuanto más fuerte es Israel más grande es esa estabilidad. Especialmente hoy en día, cuando vemos que toda la región a nuestro alrededor se desintegra, sin duda ellos querrían ver algunos países más como Israel en la zona.

El tercer factor es el espíritu común. Aquí no hablamos sólo de dos gobiernos, sino de los pueblos, dos sociedades. Israel es muy popular en Estados Unidos, exactamente lo contrario que en Europa. Porque los norteamericanos ven en Israel no sólo un país sino, por sobre todo un “concepto”, una idea.

Y por ello, ese vínculo es más fuerte que cualquier relación personal entre mandatarios. Y por eso vemos que la cooperación continúa y continuará y lo vimos también ayer en la reunión del primer ministro Netanyahu con el presidente Obama. Pudimos ver que hay diferencias, pero el propio Obama dijo alguna vez que son “desacuerdos dentro de la familia”.

¿Esto significa que hemos regresado a cauce de las buenas relaciones?

Nunca nos desviamos de ese cauce, ni siquiera cuando había divergencias, con mucho eco mediático y grandes discusiones. De todos modos, la cooperación real, en el terreno, siempre siguió adelante, eso no se modificó.

Lo que empieza a cambiar ahora es la relación entre los mandatarios y gradualmente volverá a un nivel más correcto, de confianza mutua. Eso no significa que Obama y Netanyahu se quieren. No se quieren y ni siquiera se aprecian o valoran uno a otro. Pero tienen por delante un año más para trabajar juntos y saben que necesitan que todo funcione con coordinación y que también sea visible que trabajan juntos y hay unidad, porque eso contribuirá a la estabilidad de la región y, por ende, del mundo.

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Usted se refirió a Europa y hay un tema contra el que ha luchado, que es el etiquetado de productos de los asentamientos judíos de la Margen Occidental. ¿Cómo lo explica?

Esta decisión se debe a una política europea de larga data, que comienza en Bruselas y hoy en día también en otros países, especialmente aquellos que tienen factores islámicos que influyen en forma exponencial desde el punto de vista demográfico. En esos países hay mayor presión pública, en especial de esos factores islámicos. Hemos visto, por ejemplo, que cuando hay manifestaciones contra Israel quienes participan principalmente son árabes, palestinos, y no muchos europeos. Hoy en día ellos también influyen en los países donde residen.

El hecho de marcar los productos provenientes de asentamientos judíos es algo muy grave, porque hay en ello una doble moral. Ellos señalan a Israel, pero Norte de Chipre, ocupado por Turquía. Y Turquía construyó allí asentamientos y lo sigue haciendo. No señalan al Sahara Occidental, ocupado por Marruecos ni tampoco las zonas tomadas por Rusia y Georgia. En este punto volvemos a ver, lamentablemente, capitulación ante la presión árabe, y eso es muy triste.

Más allá de los esfuerzos del Estado de Israel, lo que el pueblo judío puede hacer es dirigirse a los gobiernos de los países amigos en Europa y recordarles la historia. Hacerles ver que lo que intentan hacer es colocar una insignia amarilla sobre los judíos. Así como los nazis marcaban a los judíos hoy en día los europeos marcan productos judíos.

Fuente: AJN.- (Por Roxana Levinson. Especial desde Israel para AJN/Itón Gadol).

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