miércoles 12 de junio de 2024

Albert Einstein defendió su instinto sionista hasta el final de su vida

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Albert Einstein sintió que su relación con el pueblo judío era su “relación humana más fuerte” una que trasciende la religión como así también el antisemitismo que los nazis y sus simpatizantes levantaron en su contra.

AGENCIA DE NOTICIAS ENLACE JUDÍO MÉXICO

¿Hay algún nombre sinónimo más semejante al genio judío que el de Albert Einstein?

Por hablar en contra del antisemitismo y prestarle su nombre a instituciones como el College Albert Einstein de Medicina, se convirtió en un abanderado de la Diáspora.

Como un impulsor destacado de la Universidad Hebrea de Jerusalén y estrella recaudadora de fondos por la causa sionista, se sintió indisolublemente ligado al sionismo.

Pero la relación de Einstein con el judaísmo y con el Estado judío ha sido compleja. Steven Gimbel, profesor de filosofía en Gettysburg College, dice que grupos diversos y a veces opuestos; sionistas y anti sionistas, ateos y judíos religiosos; reclaman a Einstein como propio.

Tienen una buena razón para hacerlo, también.
“Si el hombre más inteligente de la historia está de acuerdo conmigo, entonces mi punto de vista debe ser muy inteligente”, según opina Gimbel, quien ha escrito dos libros sobre Einstein.
Pero si ahondamos un poco más profundo, la complejidad de las ideas de Einstein se revela rápidamente. Einstein desdeñó la revelación divina, sin embargo él creía en Dios. Se distanció del judaísmo ortodoxo, pero sintió una profunda afinidad con el pueblo judío.

Se opuso a la idea de un Estado judío, pero recaudó dinero para la causa sionista y fue invitado a convertirse en presidente de Israel. “Einstein tuvo una personalidad multidimensional, que todo el mundo puede adoptar algo de él y aferrarse a ello”, comentó el director de los Archivos de Albert Einstein, Hanoch Gutfreund, en la Universidad Hebrea. El punto de vista de Einstein sobre lo que es ser judío fue formado tanto en la forma como los demás lo percibían como en la forma que él se percibía a sí mismo. Pudo haber rechazado las prácticas judaicas y sentirse alienado en lo que describió como los “círculos burgueses alemanes judíos”, pero como científico judío revolucionario y abierto, pacifista e internacionalista, fue puesto en la picota por muchos de sus colegas alemanes en la década de 1920 a 1930 por su “ciencia judía”.

Einstein rechazaba ante el nacionalismo. Pero su experiencia personal del antisemitismo y su testimonio de los ataques antisemitas en sus pares judíos europeos lo convencieron de que los judíos necesitaban una patria en Palestina.

“Hasta el final de su vida defendió” su instinto sionista, comentó Gutfreund. Einstein sostenía que él siempre fue un “cosmopolita, pero este nacionalismo se nos impuso y… es una necesidad.”

Nació en Ulm, una ciudad alemana industrial, en 1879. Coqueteó con el judaísmo en su juventud, estaba molesto con sus padres seculares a quienes les exigía que mantengan el casher en el hogar.

Pero sus opiniones cambiaron cuando tenía 12 años, gracias a Max Talmud, un estudiante de medicina judío-lituano que era invitado a la casa de los Einstein para la cena cada semana.

Talmud capturó el interés de Einstein hacia los libros de ciencia, provocando luego su rechazo a la religión.

“A través de la lectura de libros de divulgación científica, pronto llegué a la convicción que muchas de las historias de la Biblia podrían no ser ciertas”, recordó Albert más tarde. “La consecuencia fue una fanática orgía positivista de librepensamiento, junto con la impresión que la juventud estaba siendo engañada intencionalmente por el Estado a través de mentiras”.

El desenganche de Einstein del judaísmo religioso fue coincidente con el rechazo hacia su nacionalidad.
Odiaba lo que él percibe como el militarismo de Alemania del Kaiser Wilhelm II.

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Después de que su familia se trasladó a Suiza, a la edad de 17 años, renunció a su ciudadanía alemana. Como para subrayar la negación hacia los orígenes de su nacimiento, en el lugar donde debía colocar su afiliación religiosa, en los papeles de rechazo de ciudadanía, escribió ninguna. Una década más tarde, cuando se vio forzado a enumerar una creencia religiosa en la aplicación para un cargo académico en Praga, escribió, quizás a regañadientes, “Mosaica”.

Einstein pudo haber rechazado el judaísmo, pero no podía rechazar la forma en que otros lo perciben como judío. A pesar de que su estrella fulguró en Europa tras la publicación en 1905 de su teoría de la relatividad y de su famosa ecuación – E = mc ^ 2 – Einstein aún se sentía como judío limitado.
Sospechaba que fue pasado por alto en la Universidad de Praga debido al antisemitismo. Luego que se mudó a Berlín en 1914, su ciencia fue atacada no solamente en sus méritos sino también por los orígenes judíos del autor.

En 1920, un grupo de nacionalistas formó el Grupo de Estudio de Científicos alemanes para la Preservación de la ciencia pura. Su primer objetivo fue la teoría de la relatividad de Einstein, publicada en 1915, que el premio Nobel, Philipp Lenard, menospreció como infectada con un “espíritu extraño.”
Cuando la hiperinflación se apoderó en 1921 y el desempleo aumentó, más personas acusaron a los judíos como chivos expiatorios de la situación.

Albert Einstein no trató de asimilarse como otros judíos alemanes, como por ejemplo Walther Rathenau, el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, que fuera asesinado por los nacionalistas en 1922, o el químico Fritz Haber, converso al cristianismo que desarrolló las armas químicas de Alemania durante la Primer Guerra Mundial.
Tras el ascenso del Partido Nazi, Haber tuvo que abandonar Alemania y murió en el exilio en 1934 en Suiza. Cuando se extendió el nacionalsocialismo en Alemania, la atmósfera para los judíos se hizo tóxica. En un momento dado, la policía le advirtió que era un blanco firme para los nacionalistas. Estos acontecimientos lo ayudaron a superar sus dudas acerca del proyecto sionista.
En 1921 se embarcó en una gira de dos meses por Estados Unidos para recaudar fondos para la Organización Sionista Mundial y, en particular, para la construcción de la Universidad Hebrea.
Einstein creía que la Universidad Hebrea, que fue fundada en 1918, sería un faro para el mundo, dedicada a la búsqueda de los valores judíos de justicia y dignidad humana.
Fue su primer viaje a Estados Unidos y a todos los lugares donde se presentaba se lo catalogaba como la superestrella científica, como describió Walter Isaacson en su biografía sobre el científico, “un santo patrón viviente para los judíos”.
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Ese viaje fue seguido un año después por la primera y única visita de Einstein a Palestina. Aunque Albert era desdeñoso de los judíos ortodoxos que vio rezando en el Muro Occidental, estaba inspirado por la visión de industriosos judíos seculares, que sentaron las bases de una nación. Durante una parada en Jerusalén, le dijo a una multitud sionista “Hoy me ha hecho feliz el ver a la gente judía aprendiendo a reconocerse y haciéndose reconocer como una fuerza en el mundo”.
Pero el apoyo de Einstein para el sueño sionista no era sencillo. Los líderes de la Organización Sionista Mundial se mantuvieron cuidadosos para que no sea dicho nada fuera de lugar. Justo hasta la fundación del Estado de Israel, en 1948, él habló en contra de la idea de un Estado Judío.
La visión de Einstein, de un Oriente Medio que diera la bienvenida a los judíos se podría ver más como el estado binacional que tantos judíos temen en lugar de la solución de dos Estados que mucha gente anhela.
Como señala Isaacson en su biografía, Einstein temía que la afluencia de los judíos de Palestina durante la década de 1920 pudiera llevar a la fricción con los árabes palestinos. En 1929, le dijo al líder sionista Haim Weizmann que si los judíos no podían coexistir pacíficamente con los árabes, entonces no hemos aprendido absolutamente nada en nuestros 2,000 años de sufrimiento.”
Incluso en 1946, cuando los horrores del Holocausto se sentían en la piel, las ideas del científico se mantuvieron sin cambios.
En una entrevista con la revista en idish Forverts, advirtió que una “comunidad judía, donde la mayoría de la población es árabe sería injusta y poco práctica” Al testificar en Washington ese mismo año en un comité internacional para examinar la cuestión de Palestina, expresó,“la idea de un Estado no está en mi corazón”. Si la oposición de Einstein para un estado judío fue decepcionante para los sionistas, a continuación, sus puntos de vista religiosos decepcionaron a los judíos religiosos, así como a los ateos.
Su punto de vista de Dios refleja más de cerca al de Baruch Spinoza, el filósofo holandés del siglo 17 que fue excomulgado de la comunidad judía a la edad de 23.
Tanto Einstein, como Spinoza, no creían en un Dios personal que se preocupa por lo que lo hacen los humanos. En lugar de ello, Einstein se maravilló ante la majestad y la complejidad del universo, que a su juicio podría atribuirse únicamente a un poder superior. “La más bella emoción que podemos experimentar es lo misterioso” escribió en 1930. “Es la emoción fundamental que está en la cuna del verdadero arte y la ciencia. Aquel que siente esta emoción como extraña, aquel que no pueda asombrarse y embelesarse por el encanto y el asombro, es como si estuviera muerto, una vela apagada.
Cuando percibimos que atrás de todo lo que se pueda experimentar hay algo en nuestras mentes que no comprendemos, cuya belleza y sublimidad nos alcanza sólo indirectamente: esto es religiosidad. En este sentido y sólo en este sentido, soy un hombre devotamente religioso”.
Sin embargo, Einstein sentía un profundo vínculo con el pueblo judío, que trascendía la religión, así como el antisemitismo que los nazis y sus simpatizantes dirigieron hacia él.
A pesar de las diferencias con compañeros judíos en sus prácticas y creencias, Gimbel dice, Einstein reconoció que la relación que tenía con amigos judíos era fundamentalmente diferente de la que tenía con los amigos no judíos. Llegó a creer que cualquiera fuesen sus creencias, los judíos compartían rasgos comunes. El primer rasgo que identificó como común entre los judíos, fue su habilidad para enfrentar al mundo con un sentido de asombro y alegría, ya sea que los judíos en cuestión fueran extáticos hasidim o físicos seculares.
El segundo rasgo que Einstein identificó fue el sentido de justicia social. Como escribió en 1938 “El vínculo que ha unido a los judíos durante miles de años y que todavía hoy los une, es sobre todo, la idea democrática de justicia social junto con la idea de ayuda mutua y tolerancia entre los hombres”.
Cuando Weizmann, primer presidente de Israel, murió en 1952, la presidencia no fue para Einstein una opción, dado que no había estado en Medio Oriente durante los últimos 30 años. El fue refugiado de Alemania desde 1933, y había pasado los últimos 20 años en Princeton, Nueva Jersey, donde era en esos momentos un ciudadano estadounidense. Pero seguía siendo el judío más famoso del mundo.
En una carta al primer ministro israelí, David Ben-Gurion, Einstein escribió que estaba “profundamente conmovido” por la oferta de la presidencia y que estaba decepcionado por no tener ni la experiencia ni los conocimientos necesarios que le permitieran aceptar dicho cargo.
Luego, en un gesto que subrayó su vínculo con el pueblo judío, concluyó, “Yo soy el que está más angustiado por estas circunstancias, dada que mi relación con el pueblo judío se convirtió en mi más fuerte vínculo humano, desde que advertí plenamente nuestra precaria situación entre las naciones del mundo”.
Fuente:aurora-israel.co.il

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