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STEF WERTHEIMER

Además de sus logros financieros, los kibutzim en Israel disfrutan de una recuperación demográfica. Esto es importante, ya que el 80 por ciento de ellos se encuentran en la periferia.

Deseo destacar la importancia y el valor del movimiento kibutziano. Históricamente, los kibutzim lograron adaptarse a los tiempos modernos, al tiempo que conservaron sus valores y su capacidad para contribuir a la industria, la economía y la sociedad israelí. Hoy los kibutzim reflejan la imagen de un grupo empresarial, ambicioso y exitoso.

Recuerdo bien el kibutz de entonces. En 1949, mi esposa Miriam y yo conversábamos con otros miembros del Palmaj en un pequeño comedor del kibutz Yir’on ubicado en la frontera norte. La educación que recibí en el Palmaj me conducía al kibutz. Yo sabía que Miriam deseaba quedarse, pero le hice saber que yo simplemente no podía hacerlo.

No tenía ningún problema con la ideología de seguridad y asentamiento de los kibutzim, que en aquellos años, trazaron las fronteras de Israel. Lo que me molestaba era su enfoque igualitario-socialista. Yo sentía que este método no tendría éxito, ya que no es natural. No podía aceptar que una asamblea de miembros decida mi profesión dónde laborar.

Aún tengo amigos en Yir’on. Mi incapacidad de vivir como kibutznik (miembro activo del kibutz) no resta mi admiración y amor por ellos y por los kibutzim en general. Incluso hoy en día, cuando recibo a gente en Iscar, la empresa de Tefen en la Galilea, les muestro el comedor de mi kibutz capitalista, en la que los empleados y los ejecutivos comparten un mismo lugar y comen de la misma comida.

Pero mientras tanto, el comunismo ha desaparecido del mundo, el socialismo se ha debilitado y el capitalismo no es lo que solía ser. En la década de 1970, la industria se convirtió en la principal fuente de desarrollo de los kibutzim, dejando atrás el campo de la agricultura, y este proceso se ha acelerado desde entonces.

Entre otras razones, los kibutzim se industrializaron debido a restricciones del uso de la tierra y el suministro del agua, aunadas a la sofisticación y la mecanización avanzada, impidiendo que las ramas de la industria agrícola cubran las necesidades laborales de todos los miembros. El capitalismo absorbió al kibutz. Por ende, se ha transformado en una comunidad menos igualitaria, aunque todavía constituye una red de seguridad para miembros más débiles.

El volumen de inversiones en las industrias del kibutz creció en un 12.6 por ciento, mientras que el índice de investigación y desarrollo siguió en aumento. Las industrias del kibutz representan el 9 por ciento de la industria israelí. En la gran crisis de 2001, casi no se vieron afectadas, y el daño que sufrieron en 2008 y 2009 no pasó del promedio global.

El índice de inflación de la industria del kibutz es similar a la de todo Israel. Aunque ésta es débil en términos de alta tecnología, financieramente es el motor de crecimiento de la industria israelí. El crecimiento, que se centra casi por completo en las industrias tradicionales, es más impresionante y crea muchos más puestos de trabajo.

Finalmente, cerca del 2 por ciento de la población judía es responsable de casi el 10 por ciento de la industria israelí.

En 2016, 260 kibutzim trazan las fronteras del Estado y cultivan aproximadamente la mitad de sus tierras agrícolas. En el campo de la industria, constituyen la principal fuente de trabajo en la periferia: 50,000 empleados laboran en más de 240 empresas. Actualmente, los kibutzim también disfrutan de una recuperación demográfica, que es especialmente importante ya que el 80 por ciento de ellos se encuentran en la periferia, en el Negev y en la Galilea.

En 1909, Joseph Baratz, Nahum Tanpilov, Miriam Baratz, Yosef y Hayuta Bussel y sus compañeros fundaron un pequeño asentamiento en las tierras de Umm Juni, el extremo sur del Mar de Galilea. El grupo recibió el nombre de Kvutzat Degania a causa de los cinco granos (deganim) que crecieron en el lugar. Esta fue la primera comunidad que dio lugar a todo un movimiento kibutziano. Sus descendientes administran hoy una exitosa empresa de compresores para uso industrial, una fábrica de plaguicidas para uso agrícola, otra de silicio industrial y una fábrica de chocolate y bombones. ¿Acaso todo esto es un fracaso? En mi opinión, es un gran éxito.

El autor es industrial y fundador de la empresa manufacturera Iscar.

Fuente: Haaretz

Traducción: Esti Peled

Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudíoMéxico

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