EVELYN GORDON

Israel y sus partidarios han argumentado durante años que muchas organizaciones “de derechos humanos” están menos preocupadas por los derechos humanos que por impulsar una agenda política. En tanto esa agenda política consistió principalmente en atacar a Israel, la mayoría de los occidentales siguieron convencidos que estos grupos todavía merecían su credibilidad y halos morales.

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Incluso las incursiones iniciales en cuestiones políticas no conectadas con Israel– como la controvertida afirmación de Amnistía Internacional de que sostener los derechos humanos requiere despenalizar la prostitución –no destruyeron ese halo. Al exigir que la Unión Europea acepte millones de migrantes meso-orientales en vez de regresarlos a Turquía, estas organizaciones han recogido una lucha política que les importa a millones de europeos de hecho. Y al hacerlo, pueden estar asestando un merecido golpe mortal a su propia credibilidad.

La “comunidad de derechos humanos” está indignada por el reciente acuerdo de la UE con Ankara, bajo el cual todos los inmigrantes que ingresan a Europa a través de Turquía serán regresados allí rápidamente. El comisionado para derechos humanos del Consejo de Europa, Nils Muiznieks, declaró que tal “retorno forzado automático” es “ilegal,” y la única solución aceptable es que los países de la UE “aumenten la relocalización de los buscadores de asilo” dentro de sus propias fronteras. Los grupos de derechos humanos afirmaron también que el acuerdo viola el derecho internacional humanitario, entre otros, porque afirman que Turquía es insegura para los refugiados. Amnistía, por ejemplo, llamó “aborrecible” al acuerdo.

Luego, molestas por el rechazo de la UE a aceptar su opinión, las organizaciones detuvieron la ayuda a decenas de miles de migrantes que ya están en Grecia. La Alta Comisionada de la ONU para Refugiados, Médicos Sin Fronteras, el Comité Internacional de Rescate, el Consejo Noruego de Refugiados y Salven a los Niños suspendieron sus operaciones en los centros griegos de refugiados para protestar por el acuerdo.

Hay numerosos problemas con la respuesta de la “comunidad de derechos humanos” a este acuerdo, pero empecemos con el más grande: la afirmación que viola en cierta forma el derecho internacional, en la forma de la Convención de Refugiados de 1951.

Esta convención tuvo la intención de asegurar que cualquiera con un “temor bien fundado” de persecución podría encontrar refugio en algún lado, como para prevenir una repetición de la situación en la cual fueron masacrados seis millones de judíos por parte de los nazis porque ningún país les permitiría ingresar. Pero nunca garantizó a nadie, mucho menos a decenas de millones de personas, acceso al país de su elección.

Turquía, comprensiblemente, no es la primera elección de los refugiados. Es un país autoritario donde derechos básicos como la libertad de prensa son reprimidos implacablemente; ha sufrido numerosos ataques terroristas en los últimos años; y es menos rico que Europa. Pero todo esto no lo hace peor que muchos del resto del mundo.

Turquía no es insegura para la mayoría de los refugiados. Ha albergado a millones de sirios durante años; el total actual excede los 2.7 millones. Y a diferencia de los sirios en Siria – donde una guerra civil brutal ha matado a unas 470,000 personas desde el año 2011 – los refugiados en Turquía han sobrevivido. Turquía también concede acceso pleno a los funcionarios de la O.N.U., así que el Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados pudo procesar las solicitudes de refugiados perfectamente en Turquía como pudo hacerlo en Grecia.

De ahí que si Turquía está dispuesta a continuar albergando a estos refugiados a cambio de beneficios como miles de millones de euros y acceso a Europa sin visa, no hay razón por la cual esos refugiados deban tener derecho a relocalizarse en la Unión Europea en su lugar. De hecho, si los inconvenientes de Turquía alcanzan para dar derecho a los refugiados a relocalizarse en Europa, al menos la mitad de la población mundial tendría derechos de forma similar.

En esta cuestión, la analogía generalmente no apta entre los refugiados sirios y los judíos durante el Holocausto es instructiva. Los refugiados judíos de la Europa ocupada por los nazis prefirieron ciertamente ir a Estados Unidos, pero huyeron voluntariamente a cualquier país que los aceptara – no sólo países empobrecidos y autoritarios en Sudamérica y África, sino incluso China — entonces bajo la brutal ocupación japonesa. Y aunque no les resultó fácil, su huida logró su propósito: La mayoría de esos refugiados, incluso en la China ocupada por los japoneses, sobrevivieron y pudieron más tarde reconstruir sus vidas.

De igual manera, los refugiados en Turquía no lo pasan fácil, pero están sobreviviendo. Por lo tanto, relocalizarlos en Europa no es necesario para cumplir con los objetivos de la convención de refugiados; es necesario sólo para conseguir el propósito apolítico: rehacer a Europa inundándola con millones de inmigrantes.

Pero si reescribir el derecho internacional para servir a su programa político no fuera suficientemente malo, los grupos de “derechos humanos” entonces compensaron la ofensa dañando a los seres humanos reales a fin de impulsar su agenda. Suspender la ayuda a los centros de refugiados en Grecia no matará el acuerdo; sólo hará más miserables a los refugiados. Así que estos grupos están saboteando el derecho de los refugiados a la ayuda humanitaria – un derecho que ellos mismos afirman tienen los refugiados – sólo para plantear un argumento político.

Finalmente, está el hecho de que este activismo político está dirigido exclusivamente al Occidente. La O.N.U. y organizaciones internacionales de ayuda no suspendieron, por ejemplo, las operaciones en partes de Siria controladas por el gobierno para protestar por el rechazo del régimen de Assad a concederles acceso a poblados sitiados retenidos por los rebeldes donde la gente estaba siendo literalmente asesinada de hambre – una violación mucho más grave del derecho internacional humanitario que regresar a los buscadores de asilo al refugio seguro en Turquía. Al contrario, la Oficina de la O.N.U. para la Coordinación de Asuntos Humanitarios colaboró en forma activa con el régimen de Assad para ocultar el impacto letal de estos asedios. En resumen, protestar por el “mal comportamiento” occidental es tan importante que incluso justifica retener la ayuda para gente que la necesita, pero el comportamiento mucho peor de los regímenes no occidentales ni siquiera merece protestas verbales.

La respuesta al acuerdo entre la U.E. y Turquía prueba una vez más la perogrullada que lo que comienza con los judíos nunca termina con ellos. Con respecto a Israel, la agenda política de la “comunidad de derechos humanos” ha promocionado hace mucho tiempo la preocupación por los derechos humanos reales. Ese es el motivo por el cual Amnistía Internacional, por ejemplo, emitió más tuits en un mes el verano pasado acerca de la guerra de Gaza del año previo, la cual mató a unas 2,200 personas, que lo que tuiteó sobre la actual guerra siria, que ha matado a 470,000: Si Israel no puede ser culpada, Amnistía no está muy interesada.

Ese es también el motivo por el cual las organizaciones israelíes que están ayudando a los refugiados sirios en Grecia descubrieron que aunque ningún sirio rechazó jamás su ayuda, los miembros de las organizaciones internacionales de “derechos humanos” lo hicieron, aun cuando los israelíes estuvieron entre los pocos voluntarios que hablaban árabe: Estos “humanitarios” internacionales vieron más importante el boicot a Israel que comunicarse con los refugiados sirios a los que ellos llegaron aparentemente para ayudar.

Tal politización de los derechos humanos nunca molestó a la mayoría de los occidentales en tanto Israel fuera la única víctima. Pero ahora eso está volviéndose contra Europa, tal vez el Occidente finalmente reconocerá la parodia en que se ha convertido la “comunidad de derechos humanos.”

Fuente: Commentary

Traducido por Marcela Lubczanski para Enlace Judío México