RABINO DAVID WOLPE

La mente no se obedece a sí misma. Mi brazo se levanta si se lo “digo”, pero no puedo querer lo que creo que debería querer. Estantes llenos de libros de autoayuda nos prometen hacernos desear menos comida chatarra, hacer más ejercicio, liberarnos del amor obsesivo por la persona equivocada, renovar nuestro afecto por la persona “correcta”. Pero no logramos querer lo que queremos querer.

Este problema es tan antiguo como la misma humanidad. Cuando el salmista le pide a Dios que dirija su corazón, está expresando la misma frustración: Sé que debería querer cosas buenas, así que, ¿por qué me descubro deseando cosas que me hacen daño?

La respuesta del judaísmo encaja bien con las ideas de la ciencia moderna — m’toch shelo lishma, bah lishma. Si practicas algo, aún sin mucha motivación, poco a poco encontrarás el entusiasmo. El espíritu es el mismo que hay detrás de la popular frase en inglés: fake it till you make it (“finge hasta lograrlo”). En vez de tratar de forzar tu voluntad, moldea los hábitos para tu corazón. La alegría sigue a la sonrisa, no a la inversa. Practica la amabilidad aun cuando no la sientas y descubrirás que tu carácter se suaviza.

Como nos dice el Talmud, Dios nos guía en el camino por el que deseamos transitar. Comienza a caminar.

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