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El adorable Bernie golpea a Israel

CHARLES KRAUTHAMMER

Parte del encanto de Bernie Sanders es que aún con todas sus lamentaciones: agitar los brazos y demás, parece poco amenazante. Él es el viejo tío raro en el ático, el loco Bernie de Larry David. Es casi una cuestión de estilo. ¿Quién puede temer a un candidato tan irascible, gruñón, anticuado y pasado de moda?

Después de todo, él no va a ganar la nominación, ¿así que qué daño puede hacer? ¿Un discurso importante en la convención del partido? ¿Una voz en la selección vicepresidencial? ¿Y de todas formas, quién lee las plataformas partidarias?

Bueno, las plataformas pueden no afectar en forma inmediata una campaña en particular. Pero sí expresan,  literalmente, la línea partidaria, un registro escrito de su trayectoria ideológica.

Es la razón por la cual dos de los nombramientos por parte de Sanders para la comisión de 15 miembros de la plataforma son tan sorprendentes.

El Profesor Cornel West no sólo ha llamado criminal de guerra al primer ministro israelí, sino que apoya abiertamente al movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones), el intento más importante en el mundo para aislar y deslegitimar a Israel.

A West se le une en el comité el activista palestino de larga data James Zogby. Juntos, informó el New York Times, ellos “prometieron dar vuelta a lo que ven como el apoyo sesgado del partido por Israel.”

Esta parece una provocación gratuita. Sanders apenas hizo a Israel pieza central para su campaña. El llamó “desproporcionada” a la respuesta de Israel en la guerra de Gaza del 2014 y dijo “no podemos seguir siendo sesgados.” Pero ahora Sanders busca alterar en forma permanente — o sea, debilitar — la relación entre el Partido Demócrata e Israel, la cual ha sido estrecha y de apoyo desde que Harry Truman reconoció al único estado judío del mundo cuando éste declaró la independencia en mayo de 1948.

West ni siquiera finge, como hacen algunos grupos de “paz” izquierdistas, estar oponiéndose a la política israelí a fin de salvarla de sí misma. Él argumenta simplemente que la ocupación es opresión inconcebible y que hasta que Israel la abandone, Israel merece ser tratada como la Sudáfrica del apartheid— anatematizada, cortada, desangrada moral y económicamente. Los nombrados de Sanders desean inclinar la plataforma demócrata para que aliente tal disminución a menos que Israel se redima liberando Palestina.

Este es un argumento inusual para un comité de plataforma demócrata, en gran parte debido a que es lógica y moralmente perverso. Israel de hecho siguió tal consejo en el año 2005: Terminó su ocupación y evacuó Gaza. Eso le devengó (temporalmente) elogios del Occidente. ¿Y de los palestinos? Ni paz, ni reconciliación, ni relaciones normales sino una década de terrorismo implacable y guerra.

Ahora a Israel se le está solicitando — presionada — que repita ese mismo desastre en la Margen Occidental. Eso llevaría a la guerra terrorista, muy fatalmente, al corazón mismo de Israel — Tel Aviv, Jerusalem, Aeropuerto Ben Gurion. Israel está siendo excoriado por rechazar esa invitación al suicidio nacional.

Es irónico que el candidato presidencial judío más exitoso en la historia deba estar impulsando el argumento anti-Israel. Pero tal vez no sorprendente considerando las raíces ideológicas de Sanders. Él es de la vieja izquierda — no de la Nueva Izquierda posterior a la década de 1960 y contracultural.

Porque el hombre tuvo la luna de miel en la Unión Soviética — no en paraísos comunistas tan de moda como la Nicaragua sandinista donde fue Bill de Blasio a trabajar para la causa o a la Cuba de Castro donde tuvo la luna de miel de Blasio. (¿Los izquierdistas usan todos el mismo planificador de bodas?)

Para la vieja izquierda, Israel era simplemente un enclave del imperialismo occidental, de la división Medio Oriente. Hasta este día, el consenso izquierdista, muy poderoso en Europa (la cual sigue siendo la estrella guía ideológica de Sanders), sostiene que la perfidia israelí exige la purificación por medio del castigo occidental.

Fuente: The Washington Post
Traducido por Marcela Lubczanski para Enlace Judío México

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