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Una molécula cerebral puede determinar el comportamiento antisocial

  • Una investigación del Instituto Weizmann revela que la urocortina-3 puede ayudar a determinar nuestra disposición para crear nuevas relaciones.

ESTI PELED PARA AGENCIA DE NOTICIAS ENLACE JUDÍO MÉXICO – Si no te gusta conocer gente nueva y tiendes a evitar el contacto visual, ahora puedes culpar a una molécula específica en el cerebro de tus tendencias antisociales.

Esta misma molécula también podría influir en nuestra habilidad para salir de nuestra zona de confort y hacer cambios importantes, como salir de la casa de los padres, divorciarse, cambiar de trabajo o mudarse de casa.

El estudio, publicado recientemente en la revista Nature Neuroscience, sugiere que una molécula responsable de regular la tensión en el cerebro puede ayudar a determinar nuestra disposición de modificar nuestro entorno social y crear nuevas relaciones.

En un estudio realizado en ratones, los investigadores identificaron un mecanismo de estrés que parece actuar como un “interruptor social”, motivándolos a aumentar sus interacciones con “amigos” y “conocidos” o, por el contrario, reducir tales interacciones, evitando el contacto con desconocidos. Puesto que un sistema de estrés similar opera en el cerebro humano, los hallazgos sugieren que un mecanismo similar puede regular el comportamiento social en seres humanos.

Posibles perturbaciones en este mecanismo podrían causar dificultades para lidiar con situaciones sociales en personas con autismo, esquizofrenia, ansiedad y otros trastornos, según los investigadores.

“La mayoría de los contactos sociales implican un cierto nivel de estrés social o ansiedad, incluso al relacionarnos con personas que conocemos bien,” señaló el Dr. Yair Shemesh, co-director del estudio en el Departamento de Neurobiología del Instituto Weizmann. “De hecho, desde el punto de vista de la evolución, se requiere un nivel moderado de aprehensión social para crear vínculos sociales seguros y exitosos.”

Los científicos utilizaron dos entornos para estudiar cómo los ratones se relacionan con sus compañeros: un “laberinto social”, en el que un ratón puede elegir relacionarse con ratones conocidos o desconocidos a través de una malla , o incluso evitar el contacto; un espacio especial en el que los investigadores filmaron a un grupo de ratones y posteriormente analizaron su comportamiento mediante un algoritmo computarizado creado para este fin. Durante varios días, los científicos estudiaron varios tipos de interacciones como acercamiento y el contacto de los ratones, si se atacan o se persiguen.

“En los ámbitos sociales, los intereses de un individuo pueden chocar con las necesidades y expectativas del grupo,” explicó el Prof. Alon Chen, quien dirige el laboratorio. “En ese caso, el individuo debe mantener un equilibrio socio-emocional entre el procesamiento de las señales sociales y su respuesta emocional a tal presión.”

Los resultados mostraron que un mecanismo molecular que regula el estrés en el cerebro de los ratones determina su comportamiento hacia otros. El mecanismo consiste en una pequeña molécula llamada urocortina-3, y un receptor en la superficie de las neuronas al que se une esta molécula. Ambos forman parte del factor liberador de corticotropina (CRF), que ayuda al cuerpo a reaccionar en situaciones de estrés, y se encuentra en la amígdala medial, asociada con el comportamiento social en ratones.

Los ratones con altos niveles de urocortina-3 en el cerebro buscaban contactarse con nuevos ratones a través de la malla, incluso ignorando su propio grupo. Sin embargo, cuando la actividad de urocortina-3 y su receptor fue bloqueada, los ratones eligieron socializar sólo dentro del grupo, evitando el contacto con desconocidos.

“En la naturaleza los ratones viven en grupos, y los desafíos sociales que enfrentan dentro del mismo difieren de su relación con intrusos. Por lo tanto, tiene sentido que un mecanismo cerebral produzca diferentes tipos de comportamiento social en estas dos situaciones,” afirmó Oren Forkosh, co-director del estudio. “En los seres humanos, este mecanismo podría activarse ante grandes cambios como un divorcio, cuando consideramos independizarnos, cambiar de trabajo o mudarnos de casa.”

Fuente: The Times of Israel / Shoshana Solomon

Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudíoMéxico

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