Pensar en el Holocausto como un ejemplo de eficiencia significa sobrevalorar este sistema de exterminio, considera el historiador estadounidense Peter Hayes. Sólo lo fue, agrega, en el sentido de que los nazis mataron a millones de judíos con pocos recursos.

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En el ensayo ¿Fue moderno el Holocausto?, que desde este jueves puede leerse en el nuevo número de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Hayes escribe que el costo del Zyklon, el pesticida usado en las cámaras de gas de Auschwitz, ascendía a “menos de un centavo estadounidense por cadáver”, en moneda de la década de los 40.

Los campos de Sobibor, Belzec, Chelmno y Treblinka, donde se asesinó con monóxido de carbono a cerca de 2 millones de personas, explica en entrevista, eran vigilados por brigadas de 120 hombres, de los que máximo 30 eran alemanes.

“Incluso el número de trenes utilizado para las deportaciones fue muy pequeño. En total, los nazis usaron 2 mil trenes para trasladar a las personas a los campos de la muerte, mientras que en junio de 1941, cuando se preparaban para invadir la URSS, mandaron cada día 2 mil 500 trenes a esa zona”.

Hayes, profesor emérito de la Northwestern University, ofrecerá hoy a las 11:00 horas la conferencia Modernidad y Holocausto en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

La afirmación de que el Holocausto fue un sistema de “fábricas de la muerte” sólo posible mediante técnicas modernas es refutada por el historiador al escribir que casi la mitad de las víctimas murieron de hambre, frío o por disparos.

Para los nazis, matar a los judíos era parte de la guerra porque se les consideraba enemigos, indica, pero su mayor prioridad era vencer en la contienda. Hayes subraya la importancia de estudiar el Holocausto sin que el humo de los crematorios enturbie la visión, ya que su análisis no puede disociarse del curso de la guerra.

Los asesinatos fueron masivos, precisa, hasta que empezó la derrota del Tercer Reich. “El 75 por ciento de las víctimas, 4.5 millones, fueron ejecutadas entre la invasión de la URSS, en junio de 1941, y febrero de 1943, cuando los alemanes son vencidos en Stalingrado. Una vez que comienzan a perder poder, les resulta más difícil capturar a los judíos porque incluso aliados como Rumania y Bulgaria dejan de cooperar”.

El sistema de trabajo esclavo, si se compara el costo de emplear a los prisioneros con el valor de su producción, fue también ineficiente, asegura Hayes. Empresas como I.G. Farben gastaban más en los presos de lo que generaban, pero los mantuvo confiando en que las SS les ofrecerían buenos contratos si Alemania ganaba la guerra. “Para los nazis, fueron la única fuente disponible de mano de obra porque el Estado alemán había llamado al Ejército a 11 millones de hombres”.

Sin querer referirse a lecciones concretas para México, Hayes considera que una de las enseñanzas del Holocausto es que la violencia siempre regresa a quien la ejerce: “Alemania era una sociedad destruida en 1945”, recuerda, al término de la Segunda Guerra Mundial.

La fuerza real que permitió el Holocausto, advierte, fue el hecho de que los alemanes se creyeran una raza superior: “Y ésa es una tentación para cualquier país”.

Convergen 11 especialistas en análisis.

La Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM ofrece el dossier El Holocausto y otros genocidios, cuya importancia, según su directora, Judit Bokser, radica en hacer converger los análisis históricos y conceptuales sobre el tema.

Desde las ciencias sociales, señala la politóloga, en el estudio del Holocausto abundan los acercamientos deductivos, con lo cual se minimizan las revelaciones de la investigación histórica. En el número 228, que desde hoy puede consultarse en línea, se ofrece un análisis equilibrado, indica, con 11 ensayos de autores como Yehuda Bauer, Jeffrey C. Alexander, Debórah Dwork, Peter Hayes y la propia Bokser.

Conocida en el gremio académico como la “revista libro”, es una publicación cuatrimestral con una edición de mil ejemplares. Bokser, quien asumió la dirección hace tres años, en su nueva época, indica que uno de sus desafíos es convertir el sitio de la revista en una plataforma que incluya otros materiales asociados a las ciencias sociales.

Proyecta también que sea bilingüe, con una versión en inglés para la edición digital. “Pienso que debemos cruzar fronteras. Estamos buscando ampliar los recursos para poder hacerlo”.

Fuente:reforma.com

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