ESTHER SHABOT

Mucho de lo dicho sirve para componer el rompecabezas que significa el vuelco experimentado por la sociedad estadounidense

Toneladas de tinta se han dedicado esta semana a analizar, explicar, cuestionar y tratar de entender el fenómeno del triunfo de Donald Trump en las elecciones norteamericanas. Mucho de lo dicho sirve para componer el rompecabezas que significa el vuelco experimentado por la sociedad estadunidense al pasar de una presidencia como la representada por Obama, a una nueva en la que la mayor parte de los valores, prioridades y formas de entender el funcionamiento del país internamente y en su relación con el mundo son diametralmente diferentes.

Un factor que no ha sido mencionado lo suficiente y que sin embargo parece haber contribuido de manera sustancial al triunfo del empresario es, sin duda, la capacidad que mostró para atizar el fuego de los descontentos latentes en ciertos segmentos de la población mediante una constante utilización de mensajes centrados en denunciar los múltiples abusos que el mundo practica contra Estados Unidos como nación. No hubo debate o discurso en el que Donald Trump no aludiera con indignación a las injusticias padecidas por la nación norteamericana y ocasionadas por los abusos de diversos actores que se han aprovechado de ella gracias a la combinación de la astucia de los abusadores, con la pusilanimidad o falta de visión clara de la administración de Obama.

Así, el desfile de “malosos” fue continuo: los abusos de los migrantes que además de ser muchos de ellos asesinos y violadores, les quitan los trabajos a los norteamericanos; los abusos implícitos en el TLC por ser un instrumento que ha beneficiado a los vecinos de Estados Unidos a costa de éste; los abusos de China con sus prácticas comerciales desleales; los abusos de los miembros de la OTAN que se benefician de la participación en ese organismo de Estados Unidos sin que éste reciba una utilidad equiparable; los abusos de los musulmanes que traen consigo al país el flagelo del terrorismo tan atentatorio contra la seguridad nacional; los abusos de la prensa escudada en la libertad de expresión para denigrarlo a él y a sus simpatizantes; los abusos de los luchadores contra el cambio climático que mienten acerca de su peligro y afectan con sus decisiones al crecimiento económico de Estados Unidos; los abusos de Irán que mediante engaños consiguió engatusar al presidente Obama para firmar un acuerdo cuyos resultados serán nefastos; los abusos del establishment político en Washington cuyas prácticas sólo han servido para disminuir el poder de Estados Unidos y han afectado a las grandes mayorías de ese país. En fin, que la lista puede continuar con la consecuente conclusión de que la gran potencia ha sido una víctima de los demás y de sí misma, lo que explica que haya dejado de ser “grande”, cuestión que él iba a remediar al acabar con todos esos abusos una vez que obtuviera la Presidencia.

Todo este discurso no puede ser visto más que como una expresión de un populismo de derechas que, haciendo uso de una presunta victimización de su país en distintas áreas, atizó la ira de quienes eran terreno fértil para decidir enrolarse en una cruzada contra el sinfín de abusadores denunciados por Trump. Este hombre, al estilo de los más temibles dictadores del siglo XX, logró crear así un buen número de chivos expiatorios para canalizar descontentos y abonarlos a su causa personal de conseguir llegar a la Presidencia. Por desgracia lo logró. Y aunque la realidad institucional de su país, aunada a la inviabilidad de muchas de sus propuestas, le impida cumplir con la mayoría de sus amenazas, es claro que el envenenamiento y la mala sangre que su discurso ha generado constituye ahora el problema número uno que Estados Unidos enfrenta al haber sido sembrada una intensa discordia interna y una convulsión internacional de la que son beneficiarios los partidos y corrientes de ultraderecha de Europa y otras partes, hoy complacidos al ver que Trump les ha abierto el camino para empoderarse como nunca se pensó que pudieran hacerlo.

Fuente:excelsior.com.mx