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jueves 25 de julio de 2024

El falsificador que se burló del orgullo nazi

Enlace Judío México.- Las falsificaciones de Van Meegeren lograron engañar el ojo de los mejores críticos y fueron expuestas en varios museos como originales.

VICTOR Y GINA ACHAR

Robar, plagiar, tomar como propio algo que no es nuestro o falsificar nunca ha estado bien, pero, qué tal cuando estos actos ponen a uno de los más crueles del partido nazi en una posición vulnerable y humillante, además de ser en el peor momento del partido, ya cuando éste se había deshecho y los aliados se estaban encargando de enjuiciar a los perpetradores de un episodio atroz en la historia de la humanidad. ¿Considerarían a quien logró poner a Goering en esta posición como un héroe holandés? ¿Se le pueden justificar o aceptar sus acciones? Es un dilema que a cada uno le toca responder de acuerdo a su criterio y para poder hacerlo hay que conocer un poco la historia.

Han Van Meegeren fue un pintor holandés cuyo arte personal fue duramente criticado, incluso rechazado, pero el arte era su pasión y no lo quería dejar; así que decidió trabajar en su técnica y su ojo para poder hacer réplicas, o mejor dicho, falsificaciones de las obras de arte de los artistas más importantes de la época de oro holandesa, uno de ellos, al que más admiraba, era Vermeer.

Si bien el tener un cuadro de un artista conocido representa cierto poder, la época de la segunda guerra mundial no fue la excepción.

El régimen nazi fue conocido por tener un número muy considerable de seguidores, y porque los más altos e influyentes del régimen fueron muy crueles defendiendo su ideología. Pero no solamente fueron conocidos por esto, parte de su ideología partía de la intolerancia, sus enemigos más acérrimos eran los judíos.

En esa época los judíos ya estaban muy integrados a la sociedad alemana y eran miembros importantes de la sociedad cultural; estaban muy preparados, tenían muchas obras de arte, eran cultos, tenían joyas, pieles y muchas pertenencias que lograron darles una posición importante en la sociedad. Cuando se empezó a generalizar el odio y la guerra comienza, los nazis se sintieron con el derecho de despojarlos y tomar como propias sus posesiones.

Es así como muchos personajes empezaron a tener pertenencias que los posicionaron dentro de la sociedad. Göering era una de esas personas que no se quería quedar atrás, lo que pensara la sociedad de él y cómo lo vieran era muy importante. Si Hitler tenía una obra de arte él también quería tener una.

Al ver cómo las víctimas eran despojadas, las poblaciones cuyo dominio estaba bajo el régimen empezaron a temer la pérdida de sus valiosas posesiones, no querían que los nazis se llevaran lo mejor del arte, el oro y las joyas de los demás. Los holandeses se unieron a esta preocupación, para ellos el arte era un tesoro muy importante y al no querer que éste terminara en manos de Hitler o de cualquiera de su gabinete, decidieron comprar casi todas las obras de Van Meegeren, solo faltó una que terminaría en manos del cruel comandante supremo de la Luftwaffe: Herman Göering.

Las falsificaciones de Van Meegeren lograron engañar el ojo de los mejores críticos y fueron expuestas en varios museos como originales. No es hasta que los aliados derrotan a Alemania y se empiezan a realizar los juicios a los perpetradores que se sabe toda la verdad sobre estos famosos cuadros.

A Van Meegeren lo acusan de colaboración y complicidad con el enemigo, pues le vendió el cuadro de Vermeer “Cristo y la mujer adúltera” a Göering y esto ocasionó que Van Meegeren contara sobre las falsificaciones; la policía holandesa no creía en la historia que les estaba contando este falsificador, de hecho le pidieron para comprobar su veracidad que les hiciera un cuadro, pues creían que su confesión estaba influenciada por el temor a recibir la sentencia de muerte.

El cuadro que pintó en la cárcel, gracias al esfuerzo de su abogado, fue “Jesús entre los doctores” también del famoso Vermeer. Cuando el juzgado se dio cuenta que Van Meegeren decía la verdad, el falsificador pudo salvar su vida. La sentencia se redujo a un año de prisión, además de la confiscación de todos sus bienes, incluidas todas las pinturas falsificadas. Tiempo después Meegeren falleció y fuera de ser considerado un criminal, para los holándeses fue un héroe, pues logró engañar y jugar con el orgullo de los nazis, por lo que a su entierro en Holanda acudieron multitudes enteras para homenajearlo.

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