viernes 14 de junio de 2024

Shoshana y Mylen: “Si me dejas, me matas”

Enlace Judío México – Shoshana y Mylen vuelven para hablar de un tema del que casi nunca se habla en voz alta: la violencia intrafamiliar. ¿Cómo empieza? ¿Qué hacer para detectarla? ¿Cómo romper el ciclo de violencia?

Mylen Saadia: Hoy les queremos hablar de un tema que poca gente se atreve a abordar que se llama “Si me dejas, me matas”. Este tema es la violencia intrafamiliar. Básicamente de lo que vamos a hablar es de cómo el violentador va envolviendo a la víctima para convencerla de que si la víctima lo deja él se va a morir de tristeza o de soledad. Pero también la meta es convencer a la víctima de que si se atreve a dejarlo la va a matar. Por eso la cápsula de hoy se llama así.

Tenemos el caso de una chava que era directora de un periódico y que era muy exitosa en su trabajo. Y un día en una reunión de escritores se topa con un hombre que es escritor bastante exitoso. Se encuentran y hay una química y magia muy especial y así empiezan a tener una relación. Ella estaba muy orgullosa de que en su medio tenía a un escritor que era su pareja.

Hay un ingrediente bien importante que hace que ellos conecten de esta manera. Lo primero que hace él es ponerse vulnerable y contarle algo de su vida donde él fue muy lastimado, muy dolido, abandonado y golpeado por su mamá, así él le cuenta a ella lo difícil que ha sido su vida y cómo le ha costado trabajo encontrar amor por esta situación de su pasado.

Shoshana Turkia: Ella decide acompañarlo y empiezan poco a poco a cerrarse los círculos sociales de esta mujer, con frases como, “Ven, porque la única que me quiere eres tú. Con la única que conecto es contigo”. La hace sentir muy especial, pero al mismo tiempo empieza a aislarla, primero de los amigos lejanos y de los eventos sociales, diciéndole, “Yo te necesito, yo te amo. Te necesito tanto que quiero que estés conmigo”.

Avanza la relación y deciden casarse para que ella se embarace y tengan hijos, pero él pone una condición ante el embarazo, “Nos vamos ir a vivir a Michoacán porque la Ciudad de México no es apta para criar niños. Es una ciudad muy violenta y yo no quisiera que mis hijos crezcan en este entorno”. A base de persuasión y de pequeñas violencias deciden irse a vivir a Morelia, porque en Morelia se iba a romper ese ciclo, que era muy sutil, que empezaba con un pequeño rechazo sexual por aquí, colgaba el teléfono cuando no estaba de acuerdo, azotaba la puerta en una discusión, etc. Era muy sutil, no había nada que realmente no pareciera normal en esta situación.

Se van a vivir a Morelia y estando ahí él compra 3 armas: una la trae portando siempre, otra en la guantera del coche y otra en la casa. Y cuando ella le dice, “Oye nos movimos de la Ciudad de México a Morelia, perdí mi trabajo, mis relaciones personales, no tengo amigos, porque supuestamente estamos mudándonos a un lugar más seguro para que crezcan los niños ¿explícame por qué andas armado?”.

Eso no necesitaba mucha explicación. Empezaba a demandar mucho más tiempo de ella, mucho más presencia de ella, y las violencias físicas iban aumentando. Estas violencias van incrementando en frecuencia y en nivel. Y ella dice, “Pero yo era hasta hace unos meses una de las editoras más importantes de este país. Y he estado en encuentros de mujeres, etc., ¿Qué me está pasando? ¿Por qué yo estoy siendo violentada?”.

Una noche en una discusión ella trata de salir, él le bloquea el paso y le dice, “Tú sabes que pasará si te sales de aquí”. Y ella le dice, “No, no sé”, él sólo le señala el arma y le dice, “Sí lo sabes”. Ella regresa, se encierra en la habitación y no puede buscar ayuda a pesar de ser una mujer muy preparada y con muchas amistades.

Ahora queremos explicarles qué le pasa a este tipo de mujeres. La violencia intrafamiliar, la violencia sexual pasa en un 90% en los entornos que supuestamente deberían ser los más seguros. Es decir: el primer núcleo, el núcleo familiar, en teoría debería de ser el núcleo donde podemos ser más libres, más seguros, y donde podemos satisfacer estas necesidades de las que ya hemos hablado antes. La paradoja aquí es que se vuelve un lugar más peligroso, donde hay mayor violencia y represión.

Y México, que es el país número uno de violencia contra la mujer y en feminicidios. Consideramos muy importante tocar este tema. Y el ciclo es como va.

MS: El violento le da importancia a la que va a ser su víctima como la de una salvadora. “Tú me vas a rescatar de esta situación. Yo sin ti no puedo vivir. Tú eres lo más importante”. Le eleva la autoestima y la sube a un pedestal como nunca nadie lo ha hecho.

ST: Es decir, “Tú eres mi salvadora, tú eres la persona más importante en la vida, porque yo sin ti no puedo estar, no puedo vivir”. El segundo paso es la alienación. El violento dice, “Poco a poquito te voy quitando la gente que podría decirte que no soy bueno para ti”. Y lo vamos diciendo sutilmente y por las buenas. “Ay, ya no te lleves con esa amiga que te mete ideas raras en la cabeza. No te conviene”, “oye, yo creo que ella te tiene mucha envidia, ya no deberías de ir con ella tanto”, “oye, creo que tus papás no entienden la profundidad de nuestro vínculo, de nuestro amor”. Amigas, si han escuchado alguno de estos argumentos, prendan sus alarmas, porque es el segundo paso del ciclo de la violencia.

MS: El tercer paso es poner a prueba la violencia. Es decir empieza con estas agresiones donde pone a prueba si va a reaccionar o no la víctima. El violento piensa, “¿Echó a andar su sistema de emergencia o no lo echó a andar? Puedo llegar hasta cierto nivel”. Segundo, otra vez pongo un grado de violencia y prueba si no reacciona. Más que todo no importa tanto que no reaccione ella si no que no salga de la pareja. Si empieza a salir esto de la pareja, el violentador va a contener y va a empezar a prohibir más cosas, es decir va a activar su sistema de alarma de, “Esto no te lo voy a permitir”. Desde la ropa que va a traer puesta, hasta las palabras que va a decir en público, los amigos que puede tener. Y empieza a probar al punto de que le revierte la cosa a la víctima y le empieza a crear un ciclo de violencia-vergüenza. “Tú te tienes que sentir muy mal por lo que me hiciste sentir a mí, porque me hiciste salir de mis casillas o no me hiciste caso” y empieza como a bajarle la autoestima y a decirle, “lo estás provocando tú”.

ST: Y un factor muy importante de esta etapa es, “Perdóname, no fue mi culpa, me salí de razón, perdón mi amor, perdóname”. Y cualquier otro pretexto: “es que no he superado el abandono de mi padre”, “perdóname, es que de chiquito me bulleaban en la escuela y estoy muy acostumbrado a defenderme”, “¡te juro por Dios que es la última vez!”. Y vuelve a pasar, y vuelve a pasar.

Lo que pasa en este momento en la víctima de este ciclo es que empiezan a crecer dos tipos de culpa: uno, ¿qué le estoy detonando a esta persona? ¿Qué tan mal hay en mí que le detono a esta persona estas actitudes? Y por otro lado cómo le voy a decir a mi entorno que este ser maravilloso y seductor no es tan bueno. Porque sí, los violentadores son seductores, y hacen que el entorno se enamore de ellos y de ellas.

Y hay otro mecanismo atrás que funciona que dice, “Lo que yo estoy eligiendo es lo mejor para mí”. Estamos diseñados a siempre proteger nuestras elecciones ante los ojos de los demás. Lo que hace en este tercer ciclo de violencia es: ¿Qué le estoy detonando? Pobrecito ya se disculpó y mi entorno no lo va a entender. En este punto el entorno se empieza a dar cuenta que la víctima empieza a verse diferente. Pueden dejar de comer, o comer compulsivamente, si antes nada más se vestía con ropa corta o trasparente ahora cambia su forma de vestir, cambia su forma de hablar y de comunicarse. Se empieza a aislar. “Déjame, sí estoy bien, respeta mis decisiones”. Lo que realmente son gritos de auxilio, pero el entorno no está acostumbrado a escucharlos.

El siguiente nivel de violencia es cuando la violencia física se vuelve casi mortal. Es decir, la amenaza de muerte se presenta en la mesa. “Si cruzas esa puerta te mato”. “¿Ah no te mato a ti? Bueno me suicido”. Y en ese momento la víctima sabe perfectamente bien que no hay para dónde escapar. Porque el violentador se obsesiona con su víctima. Y aquí pasa una de las complicidades sociales que nos gustaría abordar con mayor profundidad: el entorno de esta pareja se pone del lado del violentador siempre. Por eso México es tan violento con sus mujeres. Porque sus acompañantes, los amigos, la familia, siempre le dicen a la víctima, “¿cómo crees? ¡No exageres! ¡No es para tanto! ¿Ay qué es una cachetadita de vez en cuando? Seguramente no estaba caliente la comida. Entiéndelo, tenía muchísimo estrés ¿tú sabes lo que es salir a trabajar ocho horas diarias? Los niños estaban gritando, entiende, está cansado”.

Cuando se une el entorno con el violentador, la víctima entiende dos cosas: no hay dónde ir, dónde escapar y si lo hace, la sombra del violentador siempre la va a perseguir. Nos hemos dado cuenta que en historias donde hay abuso familiar, pasan 15 o 20 años y el miedo de la víctima sigue vigente. Incluso el perpetrador puede ya haber muerto y ese miedo queda en un lugar inconsciente, muy reptiliano, pero no se desvanece.

¿Cómo podemos salir de aquí?

MS: También la amenaza con matar a alguien más. Alguien de su familia o algún conocido, de tal manera que la víctima termina por proteger a alguien más poniéndose ella como de pechito. ¿Qué tenemos que hacer?

Lo primero que tiene que pasar es interesarnos por la vida de esta persona que ya sentimos que está aislada. “¿Cómo estás? ¿Qué está pasando?”. Darle la confianza para que pueda contarnos si hay algo. Obviamente si llega con bufandas porque está tapando moretones, y ya comenzó con el pretexto de, “me caí”. Es decir empieza con pretextos y mentiras para cubrir los golpes, el daño físico y emocional. Lo están justificando en demasía. Siempre están como perdonándolo porque no llegó a la fiesta, etc. Es una buena señal de que hay un violento en casa.

Primero hay que preguntarle y abrirle el espacio. Dos, creerle, es decir, si abre la boca y nos dice qué hay algo de violencia, hay que creerle que es mucho mayor de lo que te está contando. Que está minimizando el problema por la razón más importante: la vergüenza.

Para estas personas, la vergüenza de estar en esa situación de, “¿Cómo puede ser que yo soy una directora, que soy exitosa, que tengo una familia, que tengo vínculos, que tengo todo lo que necesito, cómo puede ser que me puse en un lugar así?”. El autoestima de esta persona está ya tan lastimada, tan devaluada, que lo que se dice a sí misma es, “Es inaudito que yo haya llegado a este lugar”. La vergüenza la hace mentir, la hace no decir, la hace cubrir las cosas. Hay que entender que hay algo de vergüenza detrás de todo esto.

ST: Cuando estamos acompañando a una víctima de violencia o cuando estamos en ese lugar, también es muy importante escuchar con curiosidad. Muchas veces las situaciones parecerían incrédulas y emitimos juicios muy rápido. Para alguien que está escuchando a una mujer que está siendo violentada, que está siendo violada constantemente en su casa o que está siendo trasgredida constantemente, es muy fácil decirle, “Pues salte, vete, déjalo, qué cobarde eres”. Hay que entender que las víctimas de violencia saben que no pueden escapar y que el sistema está construido para que no escapen.

Finalmente otra de las cosas muy importantes es pedir ayuda profesional. Tanto dentro de la comunidad judía como fuera de ella, en México existen muchísimas instituciones, desde casas de refugio, centros de apoyo emocional, grupos terapéuticos que acompañan a estar personas primero a salirse de los grupos violentos, resguardarlas y entonces sí empezar una reconstrucción.

Nosotros como comunidad y como sociedad sí tenemos una corresponsabilidad en los asuntos de violencia. No hay violencia más grande que la invisibilidad. Mientras nos sigamos negando a reconocer que todos los días, niños, niñas y mujeres en esta comunidad en esta sociedad mexicana están siendo violentados y que estamos del lado del violentador, no vamos a poder rescatarnos.

MS: Los queremos invitar a que si están sufriendo una situación de violencia y pides ayuda, esa ayuda te va a proteger y te va a poner en un lugar seguro para que puedas salir de esa situación. No tengas miedo, no sientas más vergüenza. Esto pasa.

ST: Las invitamos a escribirnos en Presente Continuo y nosotras las podemos también ayudar a ponerse a salvo. Recuerden que preservar la vida es una obligación.

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