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Un Shabatón entre judíos ortodoxos LGBT: ¡Inolvidable!

Enlace Judío México – La mayoría de la gente LGBT se identifica más con los valores seculares y liberales. Pero una inmensa parte de la población gay sigue añorando y atesorando el cobijo de la religión. Y en el caso del judaísmo, la ortodoxia ofrece un sentido de comunidad increíblemente reconfortante; y la vida observante está impregnada de kedushá. Y muchos judíos gay no queremos -ni estamos dispuestos a- renunciar a ella.

GUÍMEL

Aterrizamos en el aeropuerto de Newark, New Jersey, un jueves por la noche. Tras un trayecto a Manhattan en un taxi que nos cobró más de lo que nos había prometido (¡debimos haber pedido Uber!), hicimos el check-in en el hotel donde nos hospedaríamos sólo esa noche. Al día siguiente comenzaría la aventura…

Pero como pasa después de un largo vuelo, teníamos hambre. Así que, tras encontrarnos con otro amigo mexicano que ya estaba ahí, fuimos juntos a cenar a un restaurante kosher, a dos cuadras de Times Square. Terminando de comer, uno de nosotros recitó unas palabras de Torá, seguido del Birkat Hamazón.

Te estarás preguntando: ¿quiénes somos, y qué hacíamos en Nueva York esa fría noche de enero?

Somos cuatro judíos mexicanos, y somos gay. Representando a Guímel, el grupo de judíos LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgénero) de México, habíamos viajado a Nueva York para asistir al VIII Retiro Nacional Anual de Eshel, una organización de apoyo para judíos ortodoxos no heterosexuales. Nos sentíamos muy emocionados… ¿cómo sería participar en un Shabatón de judíos religiosos, todos ellos LGBT?

De nosotros, los mexicanos, solo uno es estrictamente ortodoxo como tal. Los demás simplemente sentimos una afinidad por la ortodoxia…o porque fuimos religiosos en el pasado, o simplemente por un interés de representatividad en Guímel. Y es que, si bien es cierto que la mayoría de los que estamos en Guímel somos judíos seculares o meramente tradicionalistas, también es cierto que existen numerosos judíos ortodoxos en México que son gay o transgénero. Personalmente conocemos a algunos. Y sabemos que, en el clóset, en la sombra, hay muchos más. ¿Tal vez tú que estás leyendo esto…?

Así pues, amanecimos al día siguiente, un viernes, y tras desayunar algo, nos dirigimos a Grand Central Station. “Four tickets for Wassaic, please!”. ¿Para dónde? Wassaic, la última parada de la Línea Harlem del tren Metro-North. Resulta que Wassaic es un pueblito en New York State, muy cerca de la frontera con Connecticut; y según los registros, George Washington pasó por ahí durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos…

Total, nos subimos al tren, y emprendimos el trayecto. Nos dimos cuenta que habían otros pasajeros que también se dirigían al Shabatón: un chavo religioso de Miami, algunos estudiantes de yeshivá pero que nos dimos cuenta que eran gay, unos cuantos hombres maduros, y dos o tres personas que parecían ser religiosas y transgénero…La emoción y la curiosidad iban en aumento…

Tras unas cuatro horas, aproximadamente, llegamos a Wassaic. Literal, un pueblito en medio de la nada. Ahí nos estaba esperando un autobús para llevarnos al lugar del retiro. Nos topamos además con la sorpresa de encontrarnos a un judío colombiano, también religioso y gay. Ya no éramos los únicos latinos, jaja.

El camión comenzó otro recorrido por algunos de los paisajes más bonitos del noreste de Estados Unidos. Pasamos por el pueblito de Amenia, NY, donde vimos una bella y diminuta sinagoga de los años 20, entre casitas estilo New England Colonial…De Amenia, pasamos por Sharon, Connecticut, y de ahí, nos adentramos en el bosque hasta llegar al Isabella Freedman Jewish Retreat Center, un complejo de cabañas con una linda sinagoga y un centro social con compromiso de cuidado ecológico. Todo el inmueble está construido alrededor de un lago, que ese fin de semana se encontraba completamente congelado. Un lugar realmente de ensueño.

Al hacer nuestro registro al evento, comenzamos a ver cómo la gente iba llegando. Había de todo: hombres, mujeres, personas trans, y algunos niños (hijos de algunas parejas). Adolescentes hasta adultos mayores. Jasidim, mujeres con peluca y falda larga, estudiantes de yeshivá, profesionistas y comerciantes. Su común denominador: judíos, ortodoxos y no heterosexuales. Comenzamos a platicar con la gente, y la mayoría se sentía asombrada de que habíamos viajado desde México para asistir a ese Shabatón. Conversamos un poco con Steven Greenberg, un rabino ortodoxo que salió del clóset de manera pública en 1999. Greenberg participó en el documental “Trembling Before G-d” de 2001, y es autor del libro “Wrestling With G-d and Men: Homosexuality in the Jewish Tradition”. Siendo co-Director de Eshel, se encontraba ahí con su pareja, también llamado Steven, y su hija.

Vale la pena destacar un detalle. Desde el momento en que hicimos nuestra reservación por internet para atender el Shabatón, Eshel nos pidió llenar un formulario en el que podíamos marcar nuestras preferencias en privacidad. Nos preguntaron si queríamos salir en fotografías, el nombre bajo el cual queríamos ser identificados en el evento, entre otras cosas. Esto porque muchos de los asistentes al retiro aún están en el closet. Y al momento en que llegamos, este respeto a la privacidad fue ratificada.

Otra cosa que nos llamó la atención fue su buddy-system. Esto significa que todos los que estábamos ahí por primera vez teníamos asignado un “amigo” o “anfitrión” particular, quien se mantuvo al tanto de nosotros durante el transcurso del fin de semana, procurando que todos se sintieran seguros y bien recibidos.

Después de descansar y acomodarnos en las habitaciones, fuimos al rezo de Kabalat Shabat. La sinagoga estaba a reventar, y el rezo se llevó a cabo de acuerdo a la línea ortodoxa (y al estilo ashkenazí). Nos llamó la atención de que había dos mejitzot (separaciones), dividiendo el templo en tres espacios: para personas que se identifican como hombres, mujeres y “non-conforming”, es decir, aquellos y aquéllas que simplemente definen su identidad de género de manera no-binaria. Sé que esto puede sonar un poco extraño para muchas personas, pero recuerden: todos los que estaban ahí eran judíos profundamente religiosos; judíos que habían (como nosotros) librado una difícil lucha interna por reconciliar su orientación sexual y/o su identidad con sus convicciones espirituales. La verdad es que todos los que estábamos ahí habíamos atravesado años de dificultades familiares, lágrimas, desesperación… y sí, también, serenidad y hasta regocijo por habernos finalmente aceptado. Creo que nunca habíamos participado en un rezo de Shabat tan interesante y tan intensamente conmovedor.

La cena estuvo bastante rica. Obviamente, toda la comida durante el retiro era kosher (y hasta orgánica). Recitamos Kidush y la bendición del pan, y después de cenar escuchamos unas palabras de Torá por parte de Rab Greenberg, y cantamos.

A lo largo del Shabat, y hasta el domingo, participamos en numerosos talleres, pláticas, conferencias y dinámicas, en los que pudimos convivir con los más de 100 asistentes. Conocimos a Michael Greenberg, uno de los integrantes originales de The Maccabeats, el grupo de cantantes a cappella de Yeshiva University que alcanzó la fama internacional en el 2010 con el sencillo de Janucá “Candlelight”. Él nos contó de las dificultades que enfrentó de adolescente, cuando se dio cuenta que era gay. También escuchamos testimonios de una adolescente lesbiana, hija de un rabino jasídico, quien compartió con el público un maravilloso poema que escribió expresando su experiencia sintiéndose “invisible” en su escuela. Pero una de las ponencias más impactantes fue la de una mujer trans (varón biológico) de más de 60 años de edad, quien nos contó cómo, luego de toda una vida de vivir como hombre, había aceptado por fin su condición trans. Nos narró de cómo fue despedida de su trabajo en una yeshivá como consecuencia de esto, y de cómo sus hijos la rechazaron (aunque dijo que su esposa fue un poco más comprensiva).

En una sesión nos tocó exponer nuestra experiencia en México como judíos gay. Hablamos de cómo comenzó el primer grupo de diversidad sexual en nuestra comunidad, Shalom Amigos, y de cómo pasó a convertirse en lo que es hoy Guímel. Platicamos de cómo la Comunidad Judía de México ha ido enfrentando la realidad de que existen personas LGBT dentro de ella. También compartimos algunos de los avances que México ha tenido en el ámbito de los derechos de las minorías –religiosas y sexuales-, la no discriminación, y la protección de los derechos civiles de todas y todos los mexicanos.

Hubieron muchísimas otras pláticas y actividades: una charla para personas gay de origen sefaradí y mizrahí, una sesión de meditación judía, pláticas sobre educación, halajá, y activismo comunitario, por mencionar sólo algunas. Aunado a los obligados rezos de Shabat y las seudot. Algo interesante que aprendimos fue que en Estados Unidos ya hay trece sinagogas ortodoxas que se han pronunciado como incluyentes para las personas LGBT.

Otro momento increíble fue el sábado por la noche. Ante un auditorio lleno, presentamos para el público el aclamado video “Yo Tampoco”, que Guímel había estrenado en el Museo Memoria y Tolerancia en el 2014. La proyección provocó un abrumador aplauso y muchísimas lágrimas de emoción en el público (el video está en español y se habilitaron subtítulos en inglés). Sin entender al 100% lo que se decía, la gente de Eshel logró conectarse con el mensaje profundamente humano de este video. Y para nosotros los mexicanos, fue increíblemente emocionante ver, en ese oscuro auditorio, en ese aislado campamento, en medio del bosque nevado de Connecticut, las caras de tanta gente querida de la Comunidad Judía de México que prestaron su rostro y su testimonio para decir públicamente, cada quien en sus palabras, “¡yo tampoco voy a rechazar a mis seres queridos por ser gay!”… Amigos, dirigentes comunitarios, líderes de opinión, sobrevivientes de la Shoá, jóvenes, niños, papás, mamás, abuelas, abuelos… todos manifestándose abiertamente por la inclusión. En verdad, nos dejó con un nudo en la garganta…

Al día siguiente, el Shabatón terminó. Tuvimos una hermosa actividad de despedida, en la que destacó el sentido de hermandad y empatía que los más de 100 asistentes logramos forjar en tan solo dos días. Nos abrazamos, e intercambiamos cuentas de Facebook. Empacamos nuestra maleta, nos abrigamos bien, y emprendimos el camino de regreso. El autobús, y luego el largo trayecto en tren, hasta regresar a Grand Central Station. Al día siguiente, regresaríamos a México dos de nosotros, y los otros dos se quedarían en Nueva York unos días más.

Fue un viaje que a más de uno nos dejó, literalmente, transformados. Cada quien encontró ahí una vivencia, una enseñanza, una inspiración para vivir diciéndole sí a la vida. Decir “sí” a nuestra orientación sexual, con toda la alegría, plenitud y realización que eso implica… y también “sí” a la Torá, con toda la indescriptible espiritualidad y belleza que una vida religiosa y observante puede ofrecer.

Y la experiencia de ver a taaaanta gente -hombres, mujeres y parejas- feliz y fervientemente ortodoxos, y feliz y apasionadamente orgullosos de su identidad… Fue algo imposible de borrar de la memoria.

Sí, seamos sinceros, la mayoría de las personas abiertamente gay suele separarse de la religión. La mayoría de la gente LGBT se identifica más con los valores seculares y liberales. Pero una inmensa parte de la población gay sigue añorando y atesorando el cobijo de la religión. Y en el caso del judaísmo, la ortodoxia ofrece un sentido de comunidad increíblemente reconfortante; y la vida observante está impregnada de kedushá. Y muchos judíos gay no queremos -ni estamos dispuestos a- renunciar a ella.

Si tú eres religioso o religiosa, y sientes que vives en un clóset oscuro y solitario, no estás solo, no estás sola. La falta de información, la ausencia de roles ejemplares, la dificultad para hablar de estos temas con los demás… todo esto genera angustia, dolor, desesperanza, y en muchos casos, depresión crónica, adicciones o incluso el suicidio. Pero no tiene que ser así.

En su libro, Rab Greenberg cuenta cómo, en alguna ocasión, alguien le dijo que querer reconciliar la ortodoxia con la homosexualidad era como pretender reconciliar la ortodoxia con las ganas de comerse un sándwich de jamón. Pero Greenberg le contestó: la diferencia es que el antojo por un sándwich de jamón es eso, solamente un antojo, por lo que se puede y se debe resistir. Pero la condición homosexual implica la necesidad más profunda de amar y ser amado, el deseo más íntimo y sublime de querer unirse con la pareja. La identidad sexual determina nuestra forma de entendernos social y emocionalmente. Y el deseo sexual es algo que ni se elige, ni se puede revertir.

Incluso, rabinos ortodoxos de todo el mundo han afirmado que el reconocerse como gay no lo hace a uno menos judío, y que no por ello debemos exiliarnos de nuestras familias y nuestras comunidades. Aunque aún hay mucho por hacer en términos de educación y concientización, sobre todo en el mundo ortodoxo. Muchos rabinos y estudiantes de Torá simplemente se niegan a entender un hecho ineludible: los judíos ortodoxos LGBT existimos, y no podemos (ni queremos) modificar nuestra orientación. (La homosexualidad per se no es una enfermedad ni un trastorno. Y las “terapias de conversión” no sólo no funcionan, son incluso dañinas; todos los estudios serios en sexología así lo han demostrado.) Ya es hora de que el mundo judío en su conjunto tenga el valor de enfrentar esta realidad.

Así que bueno, esto es lo que queremos compartir con la Comunidad Judía de México. Sin duda, ese Shabat en el bosque de Connecticut, frente a un lago congelado, se vivió una singular faceta del judaísmo contemporáneo, desconocida para muchos. Y para quienes tuvimos el privilegio de vivirla, esa experiencia encendió en nuestro corazón una chispa de emoción que no olvidaremos: alegría y exaltación por la vida judía, compasión y empatía por la fragilidad de todo ser humano, y dignidad y orgullo de ser quien somos.

NOTAS:

  1. Si no has visto el video “Yo Tampoco” de Guímel, encuéntralo aquí: https://www.youtube.com/watch?v=hkcqwSGfsWs
  2. Puedes leer el “Statement of Principles on the Place of Jews with a Homosexual Orientation in the Community”, firmado por numerosos rabinos y educadores ortodoxos:  http://statementofprinciplesnya.blogspot.mx/
  3. Forma de contacto de Guímel: www.guimel.mx

Forma de contacto de Eshel: www.eshelonline.org

Reproducción autorizada con la mención siguiente: ©EnlaceJudíoMéxico

1 Comment

  1. humberto dice:

    Dios no se equivoca,..el matrimonio es solo entre un hombre y una mujer ..esto es tan antiguo como la misma humanidad ….

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