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Flash de la parashá, Sheminí

Enlace Judío México.- Parashá Sheminí

RAB DAVID ZAED

EN MI CORAZÓN, UN SANTUARIO CONSTRUIRÉ

En esta Parashá se relata el momento que se inauguró el Mishcán. Está escrito que se reunió toda la congregación de los hijos de Israel frente al Óhel Moed y se pararon delante de Moshé. “Y les dijo Moshé: ‘Esto es lo que ha ordenado Hashem. Háganlo, y se presentará frente a ustedes el Honor de Hashem’ ” (Vaikrá IX 6).

El Midrash nos cuenta que todos los hijos de Israel estaban ansiosos por la inauguración del Mishcán, y decían: “¿Cuándo se inaugurará el Mishcán y morará en nosotros la Shejiná?”. Entonces les dijo Moshé: “¿Acaso Hashem necesita de un Mishcán? La única voluntad de Hashem es la de morar dentro de cada uno de ustedes; en el alma de cada uno de los hijos de Israel. Cumplan sus mitzvot, y Hashem estará con ustedes”.

Y por eso está escrito:
* “Esto es lo que ordenó Hashem” – Hashem nos entregó la Torá y las mitzvot.
* “Háganlo…” – Cumplan las mitzvot de la Torá…
* “Y se presentará frente a ustedes el honor de Hashem” – Y no tendrán necesidad de ir al Mishcán. Mediante el cumplimiento de las mitzvot, lograrán que tengan a la shejiná en cada uno de ustedes.

PARTE Y REPARTE

Leemos en nuestra parashá: “Todo (animal) que tenga la pezuña partida y hundida…, a éste comerán” (Vaikrá XI 3).
Una de las características del animal que le está permitido al Am Israel comer, es que tenga la pezuña partida y hundida, como lo dice el pasuk.
Y el que tenga la pezuña partida no sólo es una señal de “pureza” en el animal, sino también en la persona. En lashón hakódesh, “pezuña partida” se dice: “mafrís parsá”, lo que suena parecido a “repartir pedazos de pan”. Y esto también tiene relación con la pezuña, que no es de una sola pieza, sino dividida en dos. Como diciendo: “Lo que tienes en la mano, no lo guardes todo para ti, sino que repártelo con otro”.
Si el yehudí es “mafrís parsá”; si reparte lo que tiene con el necesitado y se preocupa por los demás para que no les falte ni un pedazo de pan, entonces la Torá atestiguará sobre la pureza de esta persona.

LA NATURALEZA NOS ENSEÑA

Hemos visto cómo una de las características de los animales (en este caso vacunos) que la Torá establece para poder comerlos, nos dejan una enseñanza. También el resto de los animales que la Torá permite o prohíbe comer (mamíferos o aves) tienen particularidades naturales que podemos aplicarlas a la vida humana.
Las aves que consumimos son todas domésticas y de corral, y se alimentan de semillas y hierbas. Las que no consumimos son las de rapiña y carnívoras, que se aprovechan de su fuerza para dominar y vencer al más débil. Éstas son mencionadas en el pasuk como “impuras”, y cuando se entregó la Torá al Am Israel, Hashem nos encomendó las Leyes de la “pureza” en las aves, para que seamos como ellas: Que no nos aprovechemos del más débil para someterlo, y que no nos alimentemos mediante el robo, sino con justicia y honestidad.
Hashem nos muestra en Sus mitzvot la rectitud y la mesura, porque todo lo que está escrito en la Torá no es simplemente para contarnos una historia, sino para que sigamos siempre Sus caminos; ser justos con los demás, y tener presente que Hashem gobierna y maneja todo el universo y la naturaleza.
Y como ya lo dijeron nuestros jajamim: El fundamento más importante de toda la Torá es el amor al prójimo.

¿CUÁNTO ME FALTA?

Rabenu Yaakob Kranz ZTz”L, el “Maguid de Dubna” nos habla de la mejor manera de dominar nuestros instintos:
Si la persona supiera exactamente cuánto va a estar sobre la tierra, la vida sería totalmente diferente. El hecho de no tener conocimiento de cuál es el último día de la persona, le permite a ésta vivir mejor. La persona vive momento tras momento, y no sabe qué le va a pasar después. El pasado, ya no está. El futuro, aún no vino. Y el presente, es sólo un instante. Esto es lo que dijo David hamélej: “He aquí que sólo me das momentos medidos, y la vejez no es nada frente a Ti” (Tehilim XXXIX 6).
Nuestros jajamim dijeron, acerca de lo que está escrito: “Nuestros días son como una sombra que pasa…”, que la vida no es como la sombra de un muro que siempre está en el mismo lugar, ni como la sombra de un árbol que a veces se mueve, sino como la sombra de un pájaro que vuela, que a cada instante se proyecta en un lugar diferente del suelo. Ahora está aquí, y en un abrir y cerrar de ojos está allá.

¡Qué sabias son las palabras de nuestro gran poeta (David hamélej), que escribió: “Hazme conocer, Hashem, mi final, y la medida de mis días cuáles son, para que yo sepa qué me falta”! (Ibid 5).
Esto lo podríamos explicar mediante una parábola:

Un comerciante muy próspero aceptó otorgarle una pequeña parte de su sociedad a un pobre hombre, para beneficiarlo.
La esposa de éste siempre estaba mirando a la esposa del socio rico, y le decía a su marido: “¿Por qué no me compras joyas y ropas finas, como las que tiene aquella mujer? ¡Tú tienes sociedad en el negocio de su marido, y ese negocio está lleno de mercancías y dinero! ¡Mira cómo va vestida y cómo se da los lujos su esposa, y mira cómo estoy yo!”. Así todos los días.
Una vez no aguantó más, y el hombre pobre fue con el rico y le dijo:
“Quiero separarme de la sociedad. Hagamos la cuenta de cuánto tienes tú y cuánto tengo yo”.
“¿Y ahora por qué tomaste esas decisión?”, le preguntó el hombre rico.
“Quiero que sepas”, le respondió, “que no lo estoy haciendo para saber cuánto tengo, sino para saber cuánto me falta. Y cuando mi esposa sepa que de todo lo que hay en el negocio sólo una mínima parte me pertenece, ya no va a seguir pidiéndome, y no se va a hacer ilusiones…”.

Lo mismo sucede con la persona: Se ve a sí misma viviendo en este mundo y rodeado de lujos y comodidades sin fin. Llega el Yétzer Hará y le dice: “¡Tienes toda una vida por delante! ¡Ya habrá tiempo para que hagas las cosas buenas que debes! Ahora peca, y más tarde podrás arrepentirte…”.
Por eso le decimos a Hashem:

• “Hazme conocer, Hashem, mi final, y la medida de mis días cuáles son…” – Pero no para saber cuántos días tengo por delante, sino…
• “Para que yo sepa qué me falta…” – Para que no me engañe el yétzer hará diciéndome que me queda mucha vida y me quiera hacer caer en los días que no me pertenecen.

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