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A 91 años del gran sismo de Jericó

 Hace más de 90 años -ya no queda apenas nadie vivo para recordarlo- Israel sufrió un temblor de tierra que causó muchos daños y muchas muertes, y que fue el último sismo fuerte que se recuerda.


Tres y dos minutos de la tarde del día once del mes de Tamuz, o lo que es lo mismo,  once de julio de 1927 -pocos años después de haber dado comienzo el Mandato Británico de Palestina: la falla sirio-africana, que a lo largo de la Historia ha provocado grandes movimientos sismícos en la tierra de los Hijos de Israel, vuelve a temblar. El epicentro está localizado en las inmediaciones de la antigua ciudad de Jericó, al norte del Mar Muerto.

Una casa en el Monte de los Olivos

El balance de víctimas fue de trescientos muertos. Pocos si se compara con el terremoto de 1837, en el que perecieron cuatro mil personas. Jericó, Jerusalén, Shjém (Naplusa) o Tiberias -también sobre la falla sirioafricana- fueron las localidades más afectadas.

Israel se ubica sobre el lugar  en que chocan dos placas tectónicas -la falla sirio-africana-y eso convierte al país en zona de riesgo sísmico.

La Historia nos cuenta que ya desde la antigüedad ha habido una actividad sísmica importante: en el libro del profeta Amós, se cuenta que hubo un sismo por el cual el rey Uziau se vio obligado a reparar daños ocasionados al Primer  Templo.

El año 31 d.e.c. . huo uno devastador que se cobró la vida de 30.000 personas, según el historiador Flavio Josefo.

En el año de 749, otro terremoto destruyó Beit Shean.

En  1546  hubo otro que causó un tsunami en el Mar Muerto, además de daños serios en Jerusalem, Hebrón, Nablus, Ramala, Gaza y Damasco.

El Premio Nobel de Literatura Shy Agnón, que entonces vivía en el centro de Jerusalén, en carta a su editor , Shoken, dice : “Le comunico que la desgracia no ha tocado nuestras almas, pero la casa en que vivimos ha sido destruida.”

Y es que  el terremoto de Jericó -6.2 en la escala de Richter- provocó grandes daños en Jerusalem y aledaños. Sólo en la capital de Israel fallecieron 130 personas. Y unos quinientos heridos de diversa consideración. Muchas casas fueron destruidas e incluso sitios emblemáticos de la ciudad sufrieron daños, como el Santo Sepulcro del Barrio Cristiano. Los andamios que se colocaron tras el terremoto sólo fueron quitados en 1997.   Incluso el edificio de Augusta Victoria, residencia oficial del Alto Comisionado estaba dañada, por lo que trasladaron la residencia a casa de un judío que sencillamente desalojaron de la casa.  La Universidad Hebrea de Jerusalén, en la cima del Monte Scopus también vio sus edificios afectados, pero no se suspendieron los cursos. En la sinagoga de la  Jurvá se desplomó la Menorá contra el suelo, que hubo que sustituir. Muchos habitantes hasta entonces reticentes a abandonar la Ciudad Vieja, decidieron tras el sismo salir de las murallas.

También la mezquita de Al Aksa. Fue entonces cuando los arqueólogos descubrieron que la techumbre de la mezquita estaba construida con vigas de madera que habían pertenecido al Templo de Jerusalén.

Dos fotógrafos cristianos y  el arqueólogo británico Robert Hamilton,  de la Autoridad Británica de Arqueología fotografiaron esas vigas, prometiendo a las autoridades islámicas, el Waqf, que lo harían sin mecionar ningún hallazgo que los musulmanes hubieran encontrado inconveniente, como los hallazgos de la época de los templos judíos. Los fotógrafos documentaron los mosaicos, pasillos, cisternas y madera que aparentemente formaban parte de los Templos y cumplieron su palabra: no dijeron nada, pero lo documentaron, que era peor.

El puente Allemby, frontera entre lo que entonces era Palestina y TRansjordania, colapsó por completo y el paso estuvo cerrado durante 24 horas.

Nablus -o Shjém- sufrió grandes pérdidas en propiedades, además de 150 muertos y al menos 250 heridos. El periódico “Hatzfira” a fecha de 17 de julio, informó que la comunidad samaritana había sufrido graves daños, quedando  175 personas sin refugio. Según el Hatzfira: “No hay una sola casa en toda la ciudad que no haya sido dañada por el ruido”. (En hebreo la palabra popular para temblor de tierra es “Ruido”)

En los siguientes días se sucedieron numerosas réplicas, que se sintieron en Líbano o Egipto. . No causaron ningún daño, pero causaron un gran pánico y muchos residentes huyeron de sus casas y durmieron bajo el cielo. Era un día muy caluroso, y las autoridades ordenaron el entierro rápido de las víctimas para no causar enfermedades. En la comunidad judía se estableció un comité público para ayudar a los necesitados y enterrarlos. Natan Shalem informa en su diario que el 17 de julio fue un día oficial de luto.

© ENLACE JUDÍO

 

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