Enlace Judío México.- Hace unos días, la sociedad israelí y el mundo judío se vieron cimbrados por la aprobación en el parlamento de Israel, por 62 votos contra 55, de una nueva ley básica, denominada “Ley del Estado-Nación Judío”, que equivale a una enmienda constitucional.

ESTHER SHABOT

La sacudida fue producto de que en esta nueva pieza de legislación se alteran, modifican y omiten términos consagrados en la declaración de independencia de Israel al momento de su nacimiento, en 1948. No aparecen, como sí lo hacían en aquel entonces, ni el término de la igualdad ciudadana con independencia de la identidad religiosa, étnica o de género ni tampoco la democracia como valor esencial sobre el cual debe asentarse la vida nacional.

En cambio, se agregan disposiciones que contradicen el espíritu igualitario original, al mostrar un menosprecio evidente hacia las minorías que viven en el Estado, al resolver, por ejemplo, que la lengua árabe, que hasta ahora y a lo largo de 70 años tenía el estatus de segunda lengua oficial, por ser el idioma materno de 20% de la ciudadanía israelí, deja de tener ese rango. El hecho de que muy poco o casi nada de la vida cotidiana de la población árabe-israelí cambiará con esa disposición no hace más que expresar la incontenible aspiración de quienes pergeñaron y aprobaron esta ley, de dejar en claro quién es el mandamás en ese entorno nacional. En otras palabras, se trata de un cambio en la letra de la ley con la única intención de mostrar músculo y “poner en su lugar” a quienes no han entendido bien las cosas.

Todo lo cual es, por cierto, cada vez más frecuente dentro de varios liderazgos nacionales actuales, como los de Estados Unidos, Hungría, Polonia o Turquía, tan propensos a exaltar la “identidad nacional pura” y al mismo tiempo deslegitimar, mediante medidas discriminatorias diversas, a las poblaciones minoritarias que residen en su seno o que aspiran a hacerlo, como cuando se trata de los solicitantes de refugio.

Por otra parte, en la misma citada nueva ley, se establece también que “Israel ve en el desarrollo de los asentamientos judíos un valor nacional y actuará para alentar y promover su establecimiento”. Hay aquí una mezcla de claridad con ambigüedad. No se especifican los lugares donde esos asentamientos serán impulsados, pero viniendo ese fraseo de las corrientes políticas ultranacionalistas y de derecha que gestaron y aprobaron la ley, no cabe duda de que se trata de preparar el terreno para legalizar la colonización en cualquier parte, inclusive, por supuesto, en territorios de Cisjordania, donde habita una densa población palestina. Lo cual no debe sorprender, en la medida en que la actual coalición gobernante en Israel ha abrazado con fervor una mezcla de ultranacionalismo y mesianismo religioso basado en la “redención de la tierra”, abandonando desde hace tiempo la solución de “dos Estados para dos pueblos” como fórmula para resolver el conflicto histórico entre israelíes y palestinos.

Estas avasallantes posturas representadas por la nueva legislación, más allá de sus efectos en cuanto al futuro de la cuestión palestina, han sido recibidas con indignación por la oposición liberal en el país, por las diversas minorías que habitan en Israel —árabes, drusos, circasianos, beduinos—, lo mismo que por grandes sectores del mundo judío fuera de Israel, como, por ejemplo, entre la nutrida población judía de Estados Unidos, que es plenamente solidaria con el Estado de Israel, pero es contraria a los valores humanos y políticos suscritos por la nueva legislación.

Una de las más elocuentes versiones de la crítica a la ley ha sido expresada con claridad por el jefe del departamento de la materia de pensamiento judaico en la Universidad Hebrea de Jerusalén, Zev Harvey: “Hay una diferencia muy simple: En la declaración de independencia de 1948 el término ‘Estado judío’ alude a las bases de libertad, justicia y paz derivadas de los profetas de Israel, comprometidas con ‘la igualdad de derechos sociales y estatales para todos sus ciudadanos sin distinción de credo, raza o género’. La nueva ley alude a un ‘Estado judío’ tan sólo como un nacionalismo excluyente”. Así, lo que se revela es que el gobierno liderado por el primer ministro Netanyahu está encaminado por la misma ruta tomada por los varios regímenes antiliberales y no democráticos que por desgracia están proliferando en nuestro mundo actual.

 

 

 

Fuente:excelsior.com.mx

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