Elizabeth Flores para Enlace Judío México e Israel – Pudimos conversar con Francesca Paci, periodista y autora italiana que presentó su obra “Un amor en Auschwitz” durante la Feria Internacional del Libro Judío, e indagar por qué el romance entre la chica judía Mala Zimetbaum y el polaco cristiano Edek Galinski es tan moderno como transgresor de un mundo cada vez más dividido.

La historia de un prisionero polaco y una judía que se enamoraron en el campo de exterminio, un hecho real, inexplicable e injustamente olvidado, Paci lo reconstruye por primera vez a través de fuentes extraídas de los archivos del Museo Estatal de Auschwitz, documentos de la época y conversaciones con testigos de esta historia de amor.

¿Por qué decidiste crear esta historia sobre el Holocausto?

Pese a no ser experta en el Holocausto, trabajé en el área de noticias internacionales de mi diario y donde abordé el Medio Oriente. Fui corresponsal en Jerusalén, así que conozco la cultura judía y la historia muy bien. Al ser italiana, veo el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial son una gran responsabilidad italiana.

No soy una experta ni una historiadora, sólo una periodista. He estado en el pasado muchas veces en Auschwitz, y en una ocasión hace algunos años, me di cuenta que los últimos sobrevivientes del Holocausto están desapareciendo.

La gran pregunta es qué ocurrirá cuando el último de ellos muera. Porque los negacionistas del Holocausto siempre tratan de encontrar contradicciones.

Cuando me di cuenta de esto, decidí escribir un libro muy pequeño con 6 entrevistas con sobrevivientes con diferentes historias. Fui con ellos a su hogar, en Polonia y otros países y les pregunté acerca de qué paso y qué vivieron. Fue la primera vez que profundicé en las historias del Holocausto.

En el Archivo Memorial de Auschwitz, donde trabajé para este pequeño libro, me di cuenta de que hay miles de historias que no están escritas. Todos conocen a Ana Frank, pero hay miles de historias como la de ella, que no han sido escritas no nadie y están ahí en un pedazo de papel, un audio, ya que el Archivo está tratando de registrar las voces o las cartas de estos sobrevivientes antes de que mueran.

Y también estaba la historia de Mala y Edek, que para mi era completamente desconocida, pero que bien conocida por la gente que trabaja en el Memorial de Auschwitz. Los llaman “Romeo y Julieta”.

Cuestioné, busqué documentos en Yad Vashem en Jerusalén, en el Museo Judío de Washington, pero no encontré más.

Es una historia que no es conocida, y para mi era una increíble historia de amor en el infierno, pero también una historia de resistencia humana, por lo que decidí trabajar en ello y tratar de obtener la mayor información que pude.

La memoria nunca es un testigo confiable y existe el peligro de romantizarla, ¿cómo logras evitar esto como escritora?

Esto es lo que de verdad no quería hacer, porque es el peor daño que le puedes hacer a la memoria. Esta es la razón por la que los sobrevivientes del Holocausto se mantuvieron en silencio por muchas décadas tras la guerra.

“La era del testimonio”, como es llamada, empezó apenas a finales de los 70 e inicios de los 80, porque hasta ese momento todo aquél que salió vivo de Auschwitz o Birkenau se mantuvo en silencio, porque no querían ni ser tenidos en lástima o compadecidos, ni locos.

En cierto punto comenzaron a hablar y a describir de manera exacta, sin retórica, las cosas tal y como fueron, y esto es lo único que creo. Sé que en el mundo es muy famosa una película italiana, La Vida es Bella, y entiendo la intención, que fue tratar de contar una historia que es muy difícil de contar, pero es cierto que el marco se romantizó un poco.

Puedo decirte que a algunos de los sobrevivientes no les gustó. Un intelectual francés recién fallecido llamado Claude Lanzmann, cuya película sobre el Holocausto dura muchas horas, siempre dijo que es imposible llevar a la pantalla o escribir cualquier cosa sobre el Holocausto, porque fue algo de lo que ni siquiera podemos pensar.

Creo en lo opuesto. Podemos hablar del tema, pero tenemos de mantener cierta distancia, y lo hice realizando una historia de amor. Hay cosas que son románticas, y es normal. Cuando tienes a un chico y a una chica, se aman mutuamente y deciden escapar de Auschwitz, y todos los amigos de Edek le dicen que no se vaya con Mala, porque, “ella es judía y te van a matar, no tienes ninguna alternativa”, y el quiere hacerlo, eso es romántico. No podemos decir otra cosa, y también es amor.

Pero al mismo tiempo sucedió en el marco, que no es nada de romanticismo. Traté de ser muy seria y muy estricta en el detalle de las historias. Lo que pude encontrar de las voces verdaderas, aunque muy pocas, de manera desafortunada, pero en documentos, y pregunté a dos diferentes expertos que checaran el libro al final para evitar cualquier detalle exagerado o del estilo, porque creo que no es útil, y creo que el peligro ahí está, y pienso en La Vida es Bella.

E incluso si las intenciones son buenas, el efecto puede ser que sí, pudo haber habido amor en Auschwitz, por lo que no fue tan malo a final de cuentas.

¿Cómo puedes escribir una historia de amor, un “amor en el infierno”, en un contexto así? ¿Cómo te aproximas al tema del amor en este caso?

Te doy un ejemplo. Para los detalles que recolecté y los fragmentos, me di cuenta que Mala y Edek se enamoraron y es muy probable que también hayan tenido sexo, que es algo que es quizá más imposible aún de pensar. Trabajando en esta parte del libro, pregunté esto a los sobrevivientes, incluso a aquellos que no sabían sobre ellos, acerca de la vida en el campo en Auschwitz y en otros.

Y me dijeron esto: había sexo en el campo. No era el tipo de sexo del que pensamos, de hombres y mujeres libres. Era desesperado, era como el último respiro de vida.

A veces el sexo era como contacto humano. Podía ser entre mujeres u hombres, pero no con la intención de la homosexualidad, era como, “Mañana no sé si siga vivo, y este sea el último abrazo que tenga”.

Esto fue un tabú muy fuerte entre los sobrevivientes, porque muy pocos de ellos aceptaron hablar de ello, porque la idea era que quien fuera que abordara el tema daría la excusa para minar la maldad. Pero esto era diferente, es el último aliento de vida. Sólo para dar un ejemplo de qué estamos hablando

Yo escribí acerca de esto como una mujer. No estoy subrayando que como mujer sea algo feminista, no creo en la idea del “Pink Power”, sino dentro del marco de la sensibilidad de la mujer. He trabajado muchas veces en zonas de guerra, y he notado que las mujeres ahí trabajan de una manera muy diferente a la de los hombres. Las mujeres tratan de preservar la vida mucho más que los hombres.

Traté de trabajar desde el punto de vista de una mujer. Pude tratar de ponerme a mí misma en la intimidad de Mala, y entonces, como una mujer, no es imposible pensar en las oportunidades de amor. Nacieron niños en Auschwitz, aunque la mayoría de ellos fueron asesinados en las cámaras de gas, pero nacieron ahí.

Para una mujer había también, en medio del genocidio, vida. Si te pones desde el punto de vista de una mujer, hay una parte en el inicio en la que, para mi  es muy emotiva: Mala es deportada a Auschwitz cuando ha encontrado apenas un departamento donde hubiera sido posible haber ocultado a toda su familia, pero no logra hacerlo.

En ese punto, comenzó a ir diario a la entrada principal de Auschwitz donde llegaban los trenes para ver si podía encontrar a sus padres, pero principalmente para buscar a sus 3 sobrinos, porque no tiene hijos, hijos de su hermana a los que ama. Pero llega a saber por boca de otros que estos están en otro campo en Bélgica. Ella logra liberarlos, aunque ella no es libre. Eso es vida. Desafortunadamente, tras unos meses son deportados de nuevo y son asesinados inmediatamente.

Esto es el amor.

¿Qué es lo que piensas que un libro o historia como esta nos puede enseñar en el siglo XXI?

Es por ello por lo que estoy muy orgullosa y me siento con la obligación moral de contar la historia de Mala, y me enorgullece mucho cuando tengo la oportunidad de hablar de ello, porque hay mucho más que la historia del Holocausto.

Por supuesto que nos puede enseñar qué ocurrió y nunca es inútil. Pero más que ello encontré que ambos [Mala y Edek] son muy modernos, porque en una situación como Auschwitz, rompieron todos los muros y todos los tabúes que pudieron.

Ella es judía y él es cristiano. Las dos comunidades están más que separadas en el mundo exterior y dentro del campo. Él también es un cristiano polaco que viene de un contexto que era antisemita, incluso antes de la guerra. En primer lugar, ambos se enamoran rompiendo el muro en ese momento. Pero no es el único, ambos tienen más oportunidad para sobrevivir que los demás. Edek no es judío por lo que su destino no es ser asesinado por su religión. Pudo sobrevivir y sólo es un prisionero político, por lo que al ser uno de estos y de los primeros, tiene libertad de movimiento en el campo. Él estaba en la organización del campo, por lo que es uno de los pocos que puede ir al sector femenino del campo.

Mala puede hablar muchos idiomas y esto es para ella la clave para obtener el trabajo de traductora de los alemanes. Y también está el Kapo del campo, que ama mucho a Mala porque es muy eficiente, buena en idiomas y ella es una persona que va de un lado a otro del campo con documentos. Debido a estas dos reglas diferentes, pero reglas que están en la estructura del campo, tienen comida, algo que los demás no, no está obligada a usar el uniforme del campo, por lo que se ve mejor que los fantasmas de las otras mujeres del campo; puede traer cabello.

En esta posición tienes en la historia del campo muchas historias de personas que toman u obtienen para ellas mismas, y esto también es algo que no podemos condenar, porque cuando estás en esa situación…hay un libro de un famoso sobreviviente italiano, Primo Levi, que dice que uno podría decir que todos en Auschwitz fueron mártires, pero no todos los mártires son santos. Una vez que tienes pan, agua y puedes tomar un baño, no es matemáticas de que vas a compartirlo. Ambos lo hicieron.

Tienes ahí otro tabú, hay un Kapo judío en el campo. Una vez que tienes un poco de poder, intentas guardártelo para ti mismo. No puedo encontrar una sola voz de sobrevivientes, cartas o documentos donde puedas sentir celos por Mala y rabia por la vida de privilegio del campo. Nadie. Porque lo que hizo fue siempre tratar de compartir y con una idea específica: era muy racional en ello, siempre trató de ayudar a los más jóvenes y a los más fuertes, porque su idea era la de hacer consciente al mundo del infierno de Auschwitz, y para lograrlo necesitas a los más fuertes para que resistan, sobrevivan y puedan contarle al mundo qué pasó.

Su ayuda fue una racional. No es que haya ayudado a los ancianos, o a gente con enfermedades muy serias, pero ellos no tenían ninguna posibilidad para sobrevivir. Ella siempre fue racional en ayudar a los que podían hacerlo y tenían más posibilidades de salir, por lo que es otro tabú.

También hay otro tabú. En el campo había una red, con grupos de resistencia católicos, comunistas, judíos-comunistas. Y ser parte de una red te hacía menos débil. Y también la memoria, por ejemplo, el partido comunista en Francia mantuvieron viva la memoria de las judías partisanas sobrevivientes del campo. Ni Mala ni Edek se unieron jamás a un grupo. Eran lobos solitarios trabajando para ellos mismos pero para los otros. Y en esa situación es, de nuevo, otro tabú.

Por lo que pienso que en un mundo como el de hoy, debido a que la crisis económica, la crisis de identidad, la reacción a la globalización, etc., por muchas razones, lo que estamos enfrentando en el mundo occidental es que la tendencia es una para cerrarnos a nosotros mismos en la tribu original. La tribu nacional, la tribu nacional. Los muros.

Por lo que hoy tienes a dos personas como Mala y Edek en Auschwitz, rompiendo todos los muros posibles. Creo que el mensaje es aún más contemporáneo que solamente aquellos del Holocausto, incluso si este es el marco. Y los siento muy modernos. Siento que la razón por la que son desconocidos es también es por este tabú que se rompe, porque nadie bajo ningún interés en estas décadas encarnaría sus nombres.

La parte de Edek no del todo, porque su padre rechazó por completo su memoria después de la guerra, porque dentro de su mente él estaba loco. Él pudo haber estado vivo, pero fue asesinado porque trató de escapar con una mujer judía, por lo que fue completamente abandonado.

Desde el lado de Mala también. Hay gente dentro del sentimiento judío que no entiende cómo podría ser posible que mientras tu pueblo es asesinado con genocidio puedas amar a alguien que no es de tu comunidad, o incluso de pensar en escapar por amor.

Por lo que nadie tenía interés en tomar sus nombres.

¿Qué es lo que tú buscas en una historia?

Los libros que he escrito anteriormente fueron sobre todo acerca de mi trabajo y acerca de la guerra contemporánea, y acerca de los muros culturales y religiosos. Creo que es lo mismo. Por supuesto que en el Holocausto tienes algo que es único, la idea principal es “nunca más” porque la idea de cometer genocidio sobre tu enemigo y de evitar que se reproduzcan es algo único. Ocurrió en Ruanda. Pero el caso específico como tal no lo puedes comparar con otros tipos de conflicto.

Tengo una hija, tiene 7 años de edad y trato de enseñarle el mundo en el que nació, con un exceso de optimismo. Alguna vez estuvo la ilusión del fin de la guerra. Después del fin de la guerra fría, podíamos ir todos juntos sin nuestras diferencias pero el final de la historia era el final de la guerra. Ninguna otra profecía estuvo tan equivocada en un período tan corto de tiempo.

Hoy incluso en Europa que para mi, que yo solía imaginar como una especie de isla donde tratamos de encontrar las soluciones juntos, la volteas a ver y lo que ves es soberanismo, nacionalismo, “Italia primero”, “Francia primero”, “Austria primero”, “Alemania primero”, y aquí tienen “América primero”.

Es más que esto, porque dentro está el enojo de una clase social que ha sufrido más por la crisis económica, de la globalización. Hay una especie de sentimiento de venganza. Por lo que puedes ver que no es verdad que el progresismo es un camino y que no podemos regresar, porque nuestro destino es progresar lentamente. Dos pasos adelante, un paso atrás.

Yo soy optimista, pero pero puedo decir que hoy día no estoy tan segura de que nuestro destino sea progresar y progresar lentamente. Podemos regresar hacia atrás. No quiero decir que podamos volver a Auschwitz, pero podemos regresar a situaciones muy difíciles de conflictos interraciales, interclases, interculturales, y es posible. Hoy en día es más posible que en el pasado.

Creo que todas las situaciones están relacionadas, y no es que se quiera comparar a la historia de Auschwitz, el Fascismo y el Nazismo con hoy. El marco histórico es diferente, pero esta necesidad de buscar un chivo expiatorio, este sentimiento de estar en tu tribu, sea lo que sea: una tribu cultural, una tribu nacional. Esta necesidad de una tribu como una venganza por la era de la globalización, es algo que se puede respirar. Lo puedes respirar en Europa. Hace algunos pocos años habría dicho que estaba segura de esto, pero no es el caso.

Por lo que está relacionado. Cuando trato de explicarle a mi hija de 7 años de edad qué es lo que pasa en Europa, por qué Siria está cerca de nosotros, los inmigrantes y por qué en Tijuana quieren construir un muro, etc., encuentro la misma dificultad que encontré cuando traté de explicar que pasó antes de Auschwitz.

No creo que vayamos hacia un Auschwitz, pero quiero decir que esta nueva cultura de subrayar las diferencias y qué nos divide, más de que nos une, los libros por ejemplo, es muy peligroso y anacrónico.

Reproducción autorizada con la mención siguiente: ©EnlaceJudíoMéxico

 

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