Enlace Judío México e Israel – La mayoría de los israelíes no quieren la incitación o el discurso de odio. No quieren vivir bajo la amenaza de otro asesinato. Es hora de reclutarlos, en lugar de alejarlos.

YAIR LAPID

Lo que ocurrió aquí hace 23 años debía transformarnos en mejores personas. Eso es lo se espera después de un trauma. Que nos haga crecer. Que aprendamos y nos desarrollemos como resultado.

Esto no sucedió. No somos mejores. El asesinato no nos acercó más. La incitación continuó siendo una herramienta. La paranoia volvió a envolvernos. Todo debate es blanco y negro: nosotros y ellos, buenos y malos. El odio, el temor y la violencia son parte del discurso político.

El asesinato de Yitzhak Rabin no fue sólo un asesinato, también fue una amenaza de muerte. Una amenaza del próximo asesinato. Cuando un primer ministro es asesinado, esto se convierte en una posibilidad. Es un arma que se encuentra sobre la mesa ante nosotros. El arma está ahí una vez más.

Precisamente porque no soy de izquierda, porque tengo desacuerdos políticos con la izquierda, siento el deber de lanzar una advertencia: cuando el gobierno dice que todo aquel que piensa diferente es un traidor y un colaborador, nos lleva por un sendero peligroso. Esto debe parar.

Hay márgenes en la derecha y en la izquierda. Tenemos el deber de enfrentarnos a ellos. Pero no todos los que piensan diferente son extremistas. No todos ellos son una amenaza existencial. No toda la derecha asesinó a Rabin y la izquierda no es responsable del terrorismo.

Los políticos cínicos usan nuestros miedos como un arma. Rompen toda regla de decencia y unidad. Fracturan la sociedad israelí desde dentro. Así que es hora de enfrentarnos a ellos y decir: hay reglas.

En una democracia hay reglas. Respeto iniciativas como Tzav Pius (ONG que tiene como objetivo fomentar el diálogo entre los diferentes sectores de la sociedad israelí). Pero el cambio no vendrá de un póster con un kibutznik y un colono abrazándose. El cambio vendrá de establecer reglas claras a las que todos se adhieren.

No puedes difundir mentiras o distorsionar todo lo que dice tu rival. No puedes hacer comparaciones con el Holocausto o hacer mal uso del poder. No puedes usar a Dios, Él no es un político. No puedes debilitar las instituciones que nos fortalecen: los tribunales, la policía, los oficiales de las FDI, los medios, la oposición. No puedes matar.

Tendremos que luchar por estas reglas. No nos rendiremos porque tenemos la fuerza de lograr un cambio. Tenemos más socios de los que creemos. Nos están esperando. En la derecha, en la izquierda, y en el centro político. Nos están esperando para ver si les extendemos la mano o gritamos, ¡abusen de ellos! Ya hemos pasado por mucho juntos, no podemos detenernos ahora.

Es hora de un cambio en Israel. Es hora de que creamos en nosotros mismos una vez más, en nuestra capacidad de ser mejores. La mayoría de los israelíes no quieren la incitación o el discurso de odio. No quieren vivir bajo la amenaza de otro asesinato. Es hora de reclutarlos, en lugar de alejarlos. La comunidad LGBT y los judíos ortodoxos. El campamento nacional y los grupos de derechos humanos. Azkenazim y sefaradim. Los discípulos del rabino Ovadia Yosef y de Aharon Barak.

La gran mayoría de los ciudadanos israelíes quieren una cosa ante todo: vivir juntos. Hay personas con las que podemos trabajar. Tenemos la fuerza para ser mejores. Por primera vez en mucho tiempo, estoy lleno de esperanza. El público israelí está empezando a despertar. Los veo en Arad y en Beer Sheva, en Rishon Letzion y en los suburbios de Haifa, en los Altos del Golán y en el Neguev. Veo a mucho más jóvenes que les importa. Muchas más mujeres que se involucran. Juntos, estamos encontrando dentro de nosotros el coraje para producir el cambio. Ese es el legado de Yitzhak Rabin.

Yair Lapid es miembro de la Knéset y presidente del partido Yesh Atid.

Fuente: The Times of Israel / Reproducción autorizada con la mención: © EnlaceJudíoMéxico

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