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¿Podemos comparar el odio y la ponzoña con el amor y la creatividad?

Enlace Judío México e Israel.- Queridos amigos, pareciera que el mundo está ciego, pero eso, por ningún motivo, puede significar que nosotros tengamos que cerrar nuestros ojos y aceptar lo que otros quieren relatarnos.

EDUARDO HADJES

Lamentablemente ya nos hemos acostumbrados a las mentiras que sobre Israel y los judíos se vierten, donde quiera que vayamos, sin que hagamos lo necesario para dar a conocer masivamente nuestra verdad. Los organismos internacionales, aquellos creados para defender la libertad, la verdad y la racionalidad, se han desviado a tal punto, que ya no nos asombramos de que Israel sea el país más condenado de la tierra, mientras dictaduras como Irán, Yemen, Arabia Saudita, Venezuela, Cuba, China y Rusia, sólo por mencionar unas pocas, permanezcan incólumes y libres de culpas o condenas que reflejen la realidad.

Ponzoña y odio, envenenamiento psicológico a los infantes, desde su más tierna edad, son características comprobadas, pero jamás condenadas, en la gran mayoría de los países musulmanes, la mal llamada religión del amor.

¿Podrá haber alguna explicación racional para que la Unión Europea siga financiando las escuelas palestinas, tanto de Abbas como de Hamás, donde el mayor entretenimiento es jugar a matar judíos, y ciencias tan nobles y necesarias para el mundo de hoy, como las matemáticas, se usan tan torcidamente como el aprender a sumar y restar con ejemplos como: si yo mato a 3 judíos y tú matas a 5, cuantos judíos matamos entre los dos?

Europa, Asia y África, lamentan y condenan los atentados terroristas en que fanáticos irreflexivos, cargados de cinturones de dinamita y metralla, se sacrifican en medio de sus centros poblados, causando la muerte de decenas o cientos de civiles inocentes, pero ninguno de ellos condena a Hamás cuando, orgullosos, muestran por sus canales televisivos cómo niños pequeños juegan en los recreos a explotarse con cinturones plásticos, similares a los que usan los terroristas consumados.

Irán se especializa en exportar odio, terror y muerte y nadie lo condena, salvo Israel y EE.UU. Hamás, aparte del odio y la mentira, exporta solicitudes ilimitadas de ayuda financiera, para alimentar a una población paupérrima, pero lo que hace con los cientos de millones de dólares, es engrosar las cuentas bancarias de sus caudillos y construir túneles kilométricos, adquirir, fabricar y modernizar miles de cohetes y todo con el único objeto de sembrar el terror y la muerte entre civiles israelíes, pero igualmente, no sólo que no los critican, sino que los premian, aumentando los envíos “humanitarios” incrementando sus condenas a Israel, por el sacrilegio de salvar sus vidas y pretender que su población viva en paz y tranquilidad y sus niños, puedan crecer tranquilos, sin el grave trauma de los 15 segundos hasta el refugio más cercano.

Israel en cambio, exporta nuevas técnicas y medicamentos para tratar de sanar enfermedades hasta la fecha incurables. Adelantos tecnológicos que permitan que los computadores, teléfonos inteligentes, equipos médicos y una infinidad de etc., sean cada día más eficientes y así, millones de seres humanos tengan una mejor calidad de viva.

¿Cuál es la respuesta a esta actitud casi imposible de desconocer, incluso por los más acérrimos enemigos de Israel? El boicot, la censura, la condena y el repudio, de cada día más personas que, ingenuamente, caen en la moda de condenar a Israel y los judíos, simplemente porque sí.

Motivos no faltan ni se necesita rebuscar en demasía. El antisemitismo, por desgracia, no requiere antecedentes para prosperar. Lo peor de todo es que muchos de los líderes de esta campaña difamatoria basan parte de sus ataques en elocuentes discursos y escritos de judíos que, obedeciendo a ideologías supuestamente progresistas, defienden la causa palestina y permanentemente emiten las declaraciones más feroces y espantosas en contra de Israel.

Lo más probable es que muchos de estos difamadores, por esas cosas desconocidas del destino, nacieron en hogares judíos, sin que ellos se consideren pertenecientes a dicho pueblo o religión, como quieran calificarlo. En la práctica, ellos no son judíos, pero eso no será obstáculo para que nuestros enemigos los destaquen como judíos, incluso israelíes ejemplares y distinguidos.

Cada día estamos siendo testigos de terremotos, inundaciones, incendios sequías y cuanta catástrofe natural podamos imaginar. Rápidamente, otras naciones se apresuran en enviar ayuda humanitaria. Los socorristas israelíes siempre serán los primeros en ponerse al servicio de los gobiernos y países afectados, salvo en aquellos cuyos gobiernos se niegan a recibir el socorro ofrecido y tan urgentemente necesitado. En el curso de éste año, Irán ha sufrido fuertes terremotos e Israel se ha apresurado en ofrecer su ayuda sin importar que es el país que más virulentamente lo ataca, proclamando que su mayor aspiración es borrarlo de la faz de la tierra. Esta ayuda no se ha podido realizar por la negativa tajante de sus gobernantes a permitir entrar en su territorio a los rescatistas israelíes.

En resumen, el mundo, salvo honrosas excepciones, ha llegado al absurdo de preferir el odio más espantosamente imaginable, frente al amor a la humanidad. Eso, por cruel, despiadado e increíble que sea, no nos puede permitir que olvidemos que cuando Dios habló por primera vez con nuestro Patriarca Abraham, le advirtió que a través de su descendencia, serán benditas todas las naciones.

Eso, todos los gobiernos de Israel, desde 1948 en adelante y sin importar el partido gobernante, lo tienen como su principal deber y obligación.

David ben Jaim

 

 

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