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sábado 20 de julio de 2024

Ley: instrumento político del Estado nazi

Enlace Judío México e Israel.- Durante la Segunda Guerra Mundial, el jurista polaco Rafael Lemkin acuñó el término genocidio en su libro “Gobierno del Eje en la Europa Ocupada” (Axis Rule in Occupied Europe 1943/44). Lemkin documentó cada una de las leyes y los decretos anti judíos en la Alemania nazi y la Europa conquistada, planteando una aparente contradicción: ¿Por qué el Estado nazi puso enorme empeño en legislar lo que el derecho internacional humanitario condenaba como ilegal?

DRA. YAEL SIMAN

De acuerdo con el historiador Michael Berenbaum, entre 1933 y 1939, el Estado nazi promulgó más de 400 leyes anti-judías para darle una aparente legalidad a la persecución. Menos de dos meses después del ascenso de los nazis al poder y una semana después del boicot económico contra los judíos, se les removió “legalmente” de la administración pública mediante la Ley del Servicio Civil (7 de abril de 1933). El párrafo ario de esta ley tuvo como resultado que la mitad de los jueces y los fiscales judíos, y casi un tercio de los abogados judíos perdieran su trabajo. Trabajos de menor rango: mensajeros, limpiadores de las calles, y empleados de los trenes, fueron ocupados por “arios”.

En el otoño de 1933, los editores “no arios” fueron despedidos de los periódicos alemanes, y hacia finales de ese año artistas, cineastas, músicos y escritores judíos fueron expulsados de los gremios establecidos bajo la Cámara de Cultura. Con estas medidas el Estado nazi buscaba garantizar que quienes crearan cultura fueran aceptables políticamente para el Reich. A los judíos se les señalizó mediante letreros que decían “Los judíos no son bienvenidos” en lugares públicos: tiendas, teatros, restaurantes, hoteles y hasta farmacias.

Los judíos fueron excluidos de los espacios educativos -escuelas y universidades- mediante decretos que establecieron cuotas. Con ello, cerca de 867,000 personas fueron afectadas: judíos y también alemanes cristianos no arios (Kaplan 1998). Martin Heidegger, el reconocido filosofo existencialista y Rector de la Universidad de Freiburg, sentó un ejemplo de obediencia al nazismo, jurando que apoyaba a Adolfo Hitler, y despidiendo a los judíos del Colegio de Profesores.

La exclusión, sin embargo, fue gradual: en 1938 los nazis promulgaron varias leyes que prohibieron a los médicos judíos tratar pacientes no judíos (julio), y a los abogados judíos les prohibieron practicar su oficio (septiembre). Para quitarle a los judíos los medios de subsistencia, el Estado nazi estableció que todas las propiedades judías fueran registradas. Sin embargo, la política nazi no estuvo exenta de contradicciones. Un ejemplo de ello es el hecho de que el registro de propiedades judías y su posterior arianización efectivamente despojaron a los judíos de su base material. Sin embargo, con ello los nazis impedían que las víctimas pudieran cubrir los elevados costos de emigrar, contraponiéndose ello con la política nazi de emigración forzada.

Las medidas legales que tomaron los nazis respondieron no solo a su propia lógica destructiva sino también a solicitudes del exterior. En octubre de 1938, a petición de los suizos, quienes temían que llegaran al país demasiados judíos de Alemania, solicitaron al régimen nazi que los pasaportes judíos fueran marcados con la letra J, de Jude.

En su afán por implementar las nociones de “espacio vital” y “purificación racial”, los nazis trasladaron las leyes raciales a la Europa ocupada. En un contexto de guerra y conquista, el ritmo fue más rápido y se dio de la mano con aliados y colaboradores locales. Estas leyes regularon la condición personal, la libertad de movimiento, la propiedad, el trabajo, el racionamiento, y el derecho a practicar la profesión de los judíos. En el Gobierno General de Polonia, el 23 de noviembre de 1939, se introdujo una ley que imponía a todos los judíos mayores de 10 años la obligación de portar en el brazo derecho una banda con la estrella de David con al menos 10 cm de anchura. El 12 de diciembre de 1939 un decreto Nazi estableció que todos los habitantes judíos entre 14 y 16 años realizarían trabajo forzado. A partir de 1940, los judíos de Polonia fueron obligados a vivir en guetos. En la Francia ocupada, el 18 de octubre de 1940, el Jefe de la Administración Popular ordenó que debía declararse toda propiedad judía y según su valor debia ser administrada por un fideicomisario. En los Países Bajos, el 9 de agosto de 1941, un decreto del Comisionado del Reich estableció que los judíos no podían disponer de su capital en acciones y tampoco de cuentas bancarias de más de 1,000 florines. En Serbia, el 22 de diciembre de 1941, una orden del Comandante militar establecía pena de muerte a cualquier persona que le diera refugio a judíos, los escondiera o aceptara de ellos cualquier objeto de valor.

Tanto en Alemania como en los países ocupados, quién era judío fue definido por las Leyes raciales de Nüremberg de 1935: la Ley para la Proteccion de la Sangre y el Honor Alemanes (Law for the Protection of German Blood and Honor) y la Ley de Ciudadanía del Reich (Reich Citizenship Law). De la discusión al interior del servicio civil resultaron dos categorías: el judío completo y el judío de raza mixta o Mischlinge. A pesar de las precisiones legales, en última instancia cualquier persona que tuviera al menos 1 abuelo judío era considerado técnicamente judío y para efectos prácticos no gozaba de los derechos de un ciudadano alemán. Distintos autores señalan que a partir de ese momento los judíos dejaron de ser ciudadanos alemanes para convertirse en sujetos del Estado con lo cual los nazis daban fin a un largo proceso de “emancipación judía” (Berenbaum 2006).

Junto con la definición de las leyes de Nüremberg se recurrió a una maquinaria administrativa para constatar la descendencia alemana. Se requerían siete documentos: el certificado de nacimiento o de bautismo, los certificados de ambos padres, y los certificados de los 4 abuelos.

Por primera vez en la historia, los judíos eran perseguidos no por sus creencias y prácticas religiosas, sino por su así llamada identidad racial, irrevocablemente transmitida a través de la sangre de sus abuelos (Berenbaum 2006, p. 29). Detrás de estas leyes que serían el núcleo de la legislación nazi había una concepción particular de raza y un antisemitismo histórico que ahora tomaba una expresión biológica. Parafraseando a la socióloga Helen Fein, las leyes de Nüremberg excluyeron por completo del universo de obligación de la “comunidad racial alemana” a los judíos provocando la aceleración del ostracismo social y la persecución, y allanando con ello el camino hacia el genocidio.

La ley fue concebida desde el inicio como un instrumento político de control y coerción por parte del Estado nazi. Junto con la propaganda, la ley fungió como mecanismo de difamación y degradación social. Además de los judíos otras víctimas sufrieron discriminación, exclusión y persecución.

Las leyes de Nuremberg fueron aplicadas a los Sinti y Roma (gitanos). El 14 de julio de 1933, el Estado nazi proclamó la Ley para la Prevención de Descendencia Hereditaria y Defectuosa (Law for the Prevention of Hereditary and Defective Offspring) mediante la cual se autorizó la esterilización quirúrgica de personas con discapacidad mental, esquizofrenia, alcohólicas, o con enfermedades genéticas (Berenbaum 2006, p. 22). Las esterilizaciones iniciaron en enero de 1934 y en la siguiente década, entre 250 mil y 300 mil personas fueron esterilizadas como parte de un programa hecho público, administrado por médicos y supervisado por las cortes. En 1939, bajo el programa de “eutanasia”, los nazis iniciaron el asesinato sistemático de los alemanes con discapacidad mental o fisica caracterizados como “sin derecho a vivir” (unworthy of living).

Poco a poco, la sociedad alemana se fue sometiendo a las presiones que imponía la “comunidad racial”. La obediencia al Reich fue posibilitada por una ley que transformó los umbrales de lo que era y lo que no era ético; delinaendo y codificando nuevos parámetros de lo deseable y lo aceptable, y facilitando con ello el desprecio, el hostigamiento y la violencia.

Quizás la categoría de “muerte social” es la que representa más adecuadamente el proceso de normalización o naturalización de la exclusión política, económica, social y cultural del judío alemán. El abuso cotidiano se volvió “normal” para algunos y “familiar” para todos. Para quienes aprobaban las medidas antisemitas encontraron formas de racionalizar y legitimar su posición apegándose al Estado de derecho.

La ley impactó las relaciones entre amigos, vecinos y conocidos creando ambigüedad y evasión. Ante la nazificación del espacio público, los judíos dejaron de sentirse seguros incluso en el ámbito privado e íntimo del hogar. Para los judíos alemanes, las leyes nazis representaron la perversión del marco legal que les brindó igualdad de derechos ciudadanos en el siglo XIX. Entre los judío privó una mezcla de incredulidad y desesperanza pero también adaptación a las nuevas leyes. La comunidad judía mainstream veía su futuro en Alemania porque solo ahí estaba su lugar. Todo esto cambió radicalmente con Kristallnacht.

En 1935, poco tiempo después de la promulgación de las leyes de Nüremberg, en el servicio de Yom Kipur, Día del Perdón y Arrepentimiento, un rezo del rabino Leo Baeck fue leído en las sinagogas en toda Alemania. Baeck hacía un llamado colectivo a la grandeza del alma y de la dignidad judía, a experimentar el dolor, la infamia y la vergüenza, sin perder la fe y la resiliencia. Pararse rectos ante Dios y ante el hombre (Berenbaum 2006).

No todos los judíos alemanes sufrieron la legislación racial de la misma manera. Victor Klemperer, judío alemán casado con Eva Schlemmer, una mujer alemana protestante, registró en su diario la manera en que el nazismo lo impactó personalmente. El 17 de marzo de 1933, Klemperer dejó el siguiente registro:

“…Los últimos dos días he estado completamente afectado por un resfrío fuerte…Habíamos invitado algunas personas el día de hoy…pero lo tuvimos que suspender…Desafortunadamente el martes por la noche estuvieron aquí los Thiemes. Eso nos aterrorizó…Thieme, entre toda la gente posible, se declaró a favor del nuevo régimen con una convicción fervente…La derrota en 1918 no me deprimió tanto como el estado presente de las cosas. Es impresionante como cada día…actos de violencia, violaciones a la ley, opiniones barbáricas aparecen sin disfraz como decreto oficial. Los documentos socialistas han sido permanentemente prohibidos. Los “liberales” tiemblan …Nosotros preferiríamos vivir bajo un Estado de derecho en la ocupación Francesa de los Negros (French Negro occupation)…que bajo este gobierno. No es esta una frase vacía. No puedo despojarme del sentimiento de asco y vergüenza. Nadie mueve nada, todos tiemblan, se mantienen fuera de la vista…” (pp. 6-7. I Bear Witness. A Diary of the Nazi Years. 1933-41).

Las palabras de Victor Klemperer arrojan luz no solo sobre el entorno social hostil, polarizado y excluyente creado por el nazismo y su legislación, sino también sobre el gobierno totalitario que en espíritu y método existía en Alemania. Siguiendo a Klemperer, gradualmente el Estado nazi utilizó la ley, la propaganda, la ideología y el terror para convertir el prejuicio anti judío en un movimiento de masas. Victor Klemperer alertaba desde su diario sobre los peligros que lo acechaban, así como la desesperanza de vivir bajo una nación perversa, anti-democrática, discriminatoria y violatoria de los derechos humanos. Sin embargo, el mensaje que nos queda de Victor Klemperer es también esperanzador en el sentido de que el Holocausto no fue un evento inevitable que posiblemente hubiese podido tomar un rumbo histórico distinto si legisladores, servidores públicos y ciudadanos se hubiesen movido un poco más, hubiesen temido un poco menos y disentido cuando todavía era posible y a la vista de quienes los miraban.

 

 

 

*Cátedra A.G. Leventis en Estudios de Chipre, Facultad Estudios Globales, Universidad Anáhuac

Referencias:
Berenbaum, Michael. The World Must Know. Washington DC: United States Holocaust Memorial Museum, 2006.
Kaplan, Marion. Between Dignity and Despair. Jewish Life in Nazi Germany. NY & Oxford: Oxford University Press, 1998.
Klemperer, Victor. I Will Bear Witness. 1933-1941. A Diary of the Nazi Years. NY: The Modern Library, 1999.
Lemkin, Raphael. Axis Rule in Occupied Europe: Laws of Occupation – Analysis of Government – Proposals for Redress. Washington DC: Carnegie Endowment for International Peace, 1944.

 

 

 

Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío.

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