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En el túnel del tiempo

Enlace Judío México.- El turista que se otorga el privilegio de visitar Acco, tiene la oportunidad de comprobar por qué esta ciudad portuaria de cuatro mil años de antigüedad ha sido designada por Unicef como legado histórico para la Humanidad. Acco, Akko, o Acre, significa un abismal salto en el tiempo. Confluyen y se suceden, en su pasado histórico, las más variadas culturas y religiones, así como personajes legendarios de importancia universal.

YETTY BLUM

Acco nos fascina con sus murallas, sus ruinas de las épocas helénica y romana, fortalezas y bastiones, barrios del período de las cruzadas y otomano, iglesias y mezquitas que nos hablan de un pasado riquísimo y esplendoroso. Entre otros puntos de fundamental interés, la mezquita El Jazar, los edificios de la Orden de San Juan, la ciudad subterránea de los cruzados, los baños turcos, el delicado templo Bahai con sus preciosos jardines.

Los así llamados Caballeros Templarios se instalan en la parte sudoeste de Acre construyendo sus bastiones en la segunda mitad del siglo XII. Excavan un notable túnel de 350 metros de largo, en la roca viva, con el fin de permitir el cruce sin peligros, de caballeros y peregrinos, desde el puerto en el este hasta la fortaleza en la parte oeste de la ciudad.

Recorrer este estratégico pasaje subterráneo, descubierto en 1994 y recién abierto al público en 1999, constituye una experiencia única e inefable, una emoción que ningún visitante debería perderse. Conservado bajo tierra de manera casi increíble, y debidamente habilitado para la observación turística, un sistema de bombas mantiene el nivel de la corriente de agua dulce que se desliza bajo las pasarelas de sólidos tramos de madera que transitamos.

Las piedras rústicamente talladas, el techo abovedado, los colores y matices de las rocas, todo nos habla de épocas pretéritas, de intrigas, asedios, luchas, pasiones, fe y conquistas, que palpitaron entre sus muros. Más y más cautivados, caminamos, subimos y bajamos desniveles, accedemos a pasadizos que nos conducen a las grandes salas de la ciudad subterránea.

En el “Refectorio”, la grandiosidad y fortaleza de las gruesas columnas, los arcos que se entrecruzan con majestad, destacándose gracias a los adecuados focos de luz, nos provocan una sensación de poderío sobrecogedora. La “Sala de los Caballeros” nos impresiona por su espacio austero pero seductor en su serena armonía arquitectónica.

El guía nos hace notar que esta es una cualidad predominante en estas construcciones y destaca en cierta parte, que aún se divisa en el capitel de una columna, la vaga silueta tallada de una flor de lis. El admirable recorrido nos conduce a su culminación, muy a pesar nuestro, ya que nos sentimos partícipes de un incomparable viaje a épocas remotas y atrapantes.

La valiosa información recibida, nuestro aprecio por la sencillez, nobleza y fidelidad con que estas maravillas son exhibidas, y la emoción exultante que colma nuestros corazones, nos llevarán sin duda alguna a relatar con lujo de detalles y recomendar con fervor este paseo inolvidable.

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