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Efectos colaterales

Enlace Judío México e Israel.-….Y de repente, está el que nunca imaginó competir, entrenando y preparándose para la gran carrera. Está también el que ya esperaba por años este momento para mejorar sus tiempos y cruzar la meta. Están los que recuerdan las medallas y aquellas épocas, y están los que, con gran ilusión, participarán en sus primeras Macabiadas. Pero está también, la mamá del futbolista, el papá de la gimnasta, la esposa del corredor, el novio de la tenista, la novia del nadador, la hija del maratonista, los amigos, los conocidos, los que estudiaron de chicos con el campeón, los tíos, los abuelos; orgullosos todos de su competidor.

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Están los voluntarios, entrenadores, doctores, técnicos, todos hablando de las Macabiadas y esperando el evento. Están quienes no competirán pero les invaden las ganas de entrenarse, de mejorar sus tiempos y su técnica, de esforzarse un poco más, y se sorprenden midiendo sus fuerzas. Están los niños que juegan a competir, ahora con un referente próximo y real.

De repente, todo se vuelve el color y el escudo de una unidad que nos recuerda quienes somos, empezamos a hablar en plural y la sensación es compartida. Todos pendientes de la calificación, del tiempo y del marcador final. El tiempo se expande y se detiene; garantiza la llegada de ese momento fugaz que durará para siempre. Éste es el espíritu deportivo que hermana y engrandece.

Las pasadas Macabiadas en México, que, por “arreglar la casa para las visitas”, nos dejaron para siempre con una alberca, un gimnasio grande y moderno, una cancha de básquet, un podio de gimnasia, pista de jogging y más, se hacen presentes en la memoria. Ahora nos quedaremos también con un estadio, cafetería, terraza, cancha de futbol, canchas de tenis, todo un edificio. El saldo es bastante bueno, se mejoró aún más nuestro depor.

Pero además, en lo que no se ve, también el saldo es bastante bueno y perdura. Nos quedamos con la disciplina, la convivencia, el deporte, los amigos, la sensación en el cuerpo y en el alma, el sabor a bienestar, el esfuerzo y los logros. Nos quedamos con la vida, esa vida buena que parece alargarse y disfrutarse más. Nos quedamos con la alegría, las fotos, el amor y la sorpresa de las propias capacidades como secuela del evento.

El halo de las Macabiadas invade, llena y se mezcla con lo mejor del ser humano; con el sentido de justicia, el amor a los otros y el amor a la vida. Ese imaginario que incluye y cubre a todos, y de repente los países se vuelven uno sólo, las edades se relativizan, la emoción permea, se instala y obliga a continuar.

De todo corazón les deseo a todos los competidores que den lo mejor de sí, en todos los aspectos, que salgan satisfechos de haber jugado bien y haber jugado limpio, que tengan mucha suerte y vean reflejado su esfuerzo en resultados positivos, y sobre todo que disfruten el proceso y el momento de su competencia. Les digo también gracias, gracias por contagiarnos de su emoción, de su vitalidad, y por dejar en todos nosotros esos efectos colaterales de las Macabiadas.

 

 

 

 

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