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Enlace Judío México e Israel.- Ninguna nación se ha adjudicado aún los ataques aéreos de julio contra dos bases de una milicia chií respaldada por Irán.

JONATHAN SPYER

Dos ataques aéreos contra blancos de una milicia chií tuvieron lugar el mes pasado en Irak. Ningún país u organización ha asumido la responsabilidad, pero hay fuertes razones para pensar que fueron llevados a cabo por Israel. De ser así, estos serían los primeros operativos aéreos del Estado judío contra Irak desde la destrucción del reactor nuclear Osirak, de Saddam Hussein, en 1981.

El primero de los operativos, el 19 de julio, tomó como blanco una base de una milicia cerca del poblado de Amerli en la provincia Salah al-Din, al norte de Bagdad. El segundo, tres días más tarde, atacó el Campamento Ashraf, una ex base militar de EE.UU. en la Provincia Diyala de Irak. Tanto la base de Ashraf como la de Amerli son controladas ahora por la Organización Badr, una milicia chií con partido político, en aparente cooperación con Irán.

Según informes de medios árabes, el segundo operativo fue de dimensiones considerablemente más grandes que el primero. Al-Ain, el sitio web noticioso emiratí que dio la noticia de la acción en el Campamento Ashraf, informó de unos 40 soldados muertos de la Guardia Revolucionaria Iraní y milicianos chiíes iraquíes.

El diario saudí Sharq al Awsat la semana pasada atribuyó los ataques a Israel. Los funcionarios en Jerusalén han permanecido en silencio, pero su país es el único candidato serio. Los otros enemigos principales de las milicias chiíes en Irak son el Estado Islámico y Estados Unidos y su coalición. El primero carece de la capacidad para montar ataques aéreos. Los últimos están involucrados en una diplomacia de apuestas altas con la intención de forzar un descenso iraní en la cuestión nuclear mientras evita un deterioro adicional en la relación; el conflicto abierto es lo último que Estados Unidos y sus aliados quieren en este preciso momento. Eso deja solo a Israel.

Este, casi con seguridad, no es el primer ataque de Israel contra milicias chiíes iraquíes, las que han sido vitales tanto para el avance tanto del poder iraní en Irak como de la defensa del régimen de Assad en Siria por parte de Teherán.

Según fuerzas de seguridad estadounidenses citadas por el Journal, en junio del 2018 Israel bombardeó una instalación que albergaba a miembros de la milicia Kata’ib Hezbolá y de la Guardia Revolucionaria de Irán cerca de Abu Kamal, un pueblo en el sudoeste de Siria, cerca de la frontera iraquí. El operativo estaba dirigido a prevenir la transferencia de armas iraníes a Hezbolá en Líbano.

Pero golpear a los iraníes en la Siria sin ley  en línea con los contornos generales de la actividad y estrategia de defensa israelíes en los últimos años es una cosa. Un ataque israelí en Irak es otra, constituyendo una expansión significativa del teatro militar.

El establishment de seguridad israelí ha estado agudamente preocupado en los últimos meses por la evidencia creciente de que Irán está usando infraestructura de la milicia chií en Irak como un conducto para transferencias de armas a Hezbolá, el cual amenaza a Israel desde el norte en Líbano, y como un punto de espera para misiles balísticos que pueden atacar a Israel desde Irak occidental.

Armadas hasta los dientes, las distintas milicias podrían ser usadas como una herramienta para presionar a Israel, pero también ser presentadas al mundo como actores independientes, dando a Irán negación posible. Israel está familiarizado con esta estrategia—empleada por Irán con Hezbolá en Líbano—y está determinada a impedir una repetición en Irak.

Algunos detalles de las preocupaciones israelíes ya han sido hechos públicos. En agosto del 2018 Reuters informó la transferencia de misiles y lanzaderas iraníes Zelzal, Fateh-110 y Zolfaqar desde la Fuerza Quds de Irán a fuerzas satélites chiíes en Irak occidental. El Zolfaqar tiene un alcance afirmado de 750 kilómetros. La distancia desde Al-Qa’im, sobre la frontera iraquí-siria, a Tel Aviv es de apenas 632 kilómetros.

Un artículo publicado en mayo por el General de Brigada de la reserva de Israel, Assaf Orion, y el analista de Irak, Michael Knights, afirmó que muchas bases iraquíes son controladas totalmente por milicias para el propósito de almacenar, desplegar y transportar armas. Estas incluyeron el Campamento Ashraf, el segundo sitio que bombardeó Israel.

Públicamente, los portavoces israelíes atribuyen el empleo creciente de milicias chiíes iraquíes por parte de Irán para estas tareas como evidencia del éxito de la guerra aérea (admitida) de Israel contra la infraestructura de Irán en Siria. Según esta lógica, la vulnerabilidad probada de las instalaciones de Teherán en Siria ha llevado a las Guardias Revolucionarias a colocar el equipo más lejos. Pero no obstante la fuerza y precisión de los operativos israelíes en Siria, la posesión por parte de Irán de una infraestructura militar movilizada y dependiente de Teherán en Irak es evidencia igual de un éxito iraní.

La más grande y más poderosa de las organizaciones político-militares satélites de Irán en Irak es la Organización Badr. Considerando que cuenta con alrededor de 50,000 combatientes, detentó los ministerios del Interior y Transporte en el último gobierno iraquí. Es una parte integral de los establishments político y militar iraquíes.

En las próximas semanas las milicias están a punto de ser incorporadas oficialmente dentro de las fuerzas armadas iraquíes, en línea con un decreto reciente del Primer Ministro Adel Abdul-Mahdi. Pero es improbable que estos combatientes abandonen la estrategia regional de sus patrones iraníes y se conformen con un futuro como soldados del Sr. Abdul-Mahdi. Más bien, el Estado iraquí parece a punto de ofrecerles una cobertura práctica para sus actividades como satélites de Teherán. Las consecuencias de la acción israelí continua contra las milicias se volverán más graves a medida que los grupos obtienen estatus oficial. La temperatura en el caldero ya sobrecalentado del Medio Oriente ha aumentado en muchos grados.

 

*Jonathan Spyer es director del Centro de Medio Oriente para Información y Análisis. Miembro investigador en el Instituto Jerusalén para Estrategia y Seguridad y en el Foro de Medio Oriente. Es autor de “Días de la Caída: El Viaje de un Periodista en las Guerras de Siria e Irak.”

 

 

Fuente: The Wall Street Journal

Traducido por Marcela Lubczanski para Enlace Judío México

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