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Lo que pasa en el árbol se queda en el árbol

Enlace Judío México e Israel.- Es curioso, con el léxico de las nuevas mamás millennials de la comunidad, “el árbol” dejó de significar aquel ser maravilloso de la naturaleza y se convirtió en un lugar de jueguitos para bebés dentro de Duraznos, Central o Paseo Interlomas.

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Triste pero cierto, estos “árboles” de plástico se han convertido en los nuevos parques para los bebés y niños paisanos de esta ciudad. Ahí se reúnen, juegan y conviven, prácticamente todos los días de la semana. Es obvio que si varias paisanas llevan a sus hijos siempre al mismo lugar a jugar (además de que se encuentren todas) van a desarrollar dinámicas “peculiares”, por no decirlo de otra manera.

Digamos que existen “reglas no escritas” entre mamás paisanas en el árbol… entre ellas una parecida al slogan de Las Vegas “Lo que pasa en el árbol se queda en el árbol”. Lo más simpático de todo es que esto es mega, super, ultra cierto… nadie habla de estas cosas cuando sale del árbol y debe comportarse como el adulto contemporáneo que es.

A continuación, algunos ejemplos de esta frase (ojo, no estoy usando nombres de nadie, ni ejemplos muy específicos para no romper compartimentación):

– Nunca falta la mamá que viene sin pañales y/o wipes al árbol. Si ves a una señora fijándose en las pompas de tu hijo, no te espantes, no está haciendo nada raro, nada más está viendo si su hijo podría llegar a ser la misma talla de pañal que el tuyo… por si se ofrece.

– Nunca regañas a un hijo ajeno… hasta que no te queda de otra. Con el fin de ser cordiales y decentes, procuramos nunca regañar a niños que nos sean tus hijos, pero hay veces que la mamá está distraída y no te queda de otra… Mamá gallina tiene que defender a sus pollitos. Y aunque no hay nada en la vida que te arda más que alguien regañe a tus hijos que nos seas tú… Te aguantas y no vuelves a hablar del tema porque sabes que la regaste en estar viendo Instagram Stories en lugar de checar que tu hijo (que sabes que es un pequeño demonio y es difícil que se porte bien).

– A sabiendas de que no se pueden introducir alimentos y bebidas al árbol, no nos atrevemos a llegar sin nuestro cielito, té de Izlah (extrañamos cuando era Teavana) o mix de Chilim Balam.

– La tentación de llevarte unos zapatos más padres que los tuyos, de los cubitos en donde nos quitamos los zapatos, es cada vez mayor. Es obligatorio entrar en calcetines al árbol, por lo que sobran las tentaciones de dejar tus tenis viejos y rotos por unos zapatos último modelo de lujo que te encontraste fuera del árbol. Ojo, dije “tentación”, no me consta que esto haya sucedido en la vida real.

Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío.

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