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Ariela Katz habla en LIMUD sobre el boicot que cambió la historia de la comunidad judía de México y su relación con el gobierno

Enlace Judío México e Israel – El pasado 3 de noviembre, en el marco de LIMUD, la historiadora Ariela Katz conversó acerca de su libro Boicot: el pleito de Echeverría con Israel, que da cuenta de una crisis diplomática del gobierno de Luis Echeverría cuyas consecuencias para la comunidad judía mexicana han sido enormes.

 

 

“Yo llevo estudiando, investigando y escribiendo acerca de los judíos en México desde hace más de 30 años. En 1985 traduje al español el libro de Corinne Krauze (…) acerca de los judíos en México bajo el porfiriato. Años después estudié la relación entre los judíos y la masonería en México y me pregunté si la masonería había sido un medio de integración al país para los judíos (…).” Así comenzó su charla en LIMUD Ariela Katz, sobre su libro Boicot: el pleito de Echeverría con Israel, publicado este año.

La historiadora recordó que después comenzó a estudiar los vínculos entre los judíos de México y los de Estados Unidos, para su tesis doctoral, dirigida por el doctor Lorenzo Meyer. “Al principio pensé que estas interacciones habían sido limitadas y por eso iba yo a estudiar cinco casos en los que hubo una interacción fuerte para de ahí tratar de entender un poco mejor la relación.”

Dijo que el primer caso que estudió fue el del Comité Mexicano contra el Racismo, establecido en México entre los años 1944 y 1946 “por intelectuales mexicanos y que, aparentemente, no tenían nada que ver con los judíos. Sin embargo, al estudiarlo a fondo, descubrí que este comité había sido financiado y organizado por los judíos de Estados Unidos. Y lo más interesante era que habían evitado que la comunidad judía mexicana supiera algo al respecto.”

Esa fue la primera señal que Katz descubrió sobre una relación compleja entre ambas comunidades. El siguiente evento que estudió fue el voto de México en la ONU a favor de la definición del sionismo como una forma de racismo, “y el boicot turístico que siguió a ese voto.

La doctora Katz explicó que, al ser un asunto conocido y recordado por muchos, parecía que el boicot era un tema agotado. Ya existían algunos artículos académicos al respecto y varios historiadores trataron de desalentarla cuando ella quiso indagar más al respecto. Pero ella se dio cuenta de que, pese a todo, aquella crisis diplomática del gobierno de Luis Echeverría no había sido investigada a fondo.

Ella realizó ese trabajo y, así, lo que supuestamente sería un capítulo de su tesis terminó por convertirse en la tesis entera y, finalmente, en el libro de casi 500 páginas, publicado por Cal y Arena. “En los muchos años que pasé investigando tuve la suerte de poder viajar por el mundo, conociendo archivistas en Estados Unidos, en Israel y en México, y también mucho de lo que investigué lo pude hacer sentada en mi casa, en mi escritorio, gracias a la manera en que se está desarrollando la escritura de la historia hoy en día.”

Como ejemplo, Katz citó como fuente a WikiLeaks, que hizo pública una enorme cantidad de archivos del gobierno de Estados Unidos, incluidas las conversaciones entre la embajada de ese país en México y el Departamento de Estado de Estados Unidos. Dijo que leyó miles de conversaciones entre el “muy simpático” embajador Joseph J. Jova y Henry Kissinger.

Como resultado de su investigación, Ariela Katz descubrió que el gobierno de México sufrió grandes presiones para dirigir el sentido de su voto en la ONU. Por una parte, el gobierno de Estados Unidos y la comunidad judía de aquel país lo presionaban para votar contra la resolución. Mientras que, por el otro, el poderoso bloque de países árabes intentaba hacer que Echeverría votara “sí” a la propuesta que pretendía equiparar al sionismo con una forma de racismo.

Dijo que, finalmente, fueron estos quienes terminaron inclinando la balanza y Echeverría, cuyo discurso antiestadunidense formaba parte de su plataforma política, decidió avalar la moción. Entre las pretensiones del expresidente mexicano se encontraba nada más que convertirse en secretario general de la ONU. Según Katz, Echeverría pensó que votando contra Israel se granjearía el voto del bloque árabe-soviético.

El voto se realizó y, al día siguiente, 200 mil personas se reunieron en Manhattan para protestar, hecho que rebasó todas las expectativas de la comunidad judía de Estados Unidos, que había organizado la protesta en esa y otras ciudades.

“Las manifestaciones que hubo no aplacaron la indignación, sino que, al contrario, la enardecieron. La delegación de Estados Unidos en la ONU recibió, en la semana siguiente del voto, 16,000 cartas de protesta”, dijo Katz. También el propio Echeverría recibió muchas cartas de protesta, carta manuscritas que provenían de gente de todas las edades, incluso niños. Katz leyó un fragmento de una de estas cartas:

Por más de un año, mi mujer y yo pensamos hacer un viaje a su país. Durante esta semana hemos decidido cancelar nuestro viaje. Puede imaginar cuánto nos asusto ver que su gobierno votó contra el derecho del pueblo judío a una vida nacional. Yo entiendo muy bien las razones de ese voto pero no pienso gastar mi sueldo en un país que piensa así. Su voto contra el sionismo no es nada más que un acto racial basado en motivos económicos. Yo los entiendo pero nunca he respetado ni a las mujeres ni a los países que se prostituyen…

A pregunta del público, Katz explicó que estas cartas las encontró en el Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores y lamentó que, años después, las cartas, de las que conserva una copia digital, desaparecieron del archivo.

Luego habló del sentimiento “de injusticia y de traición” que vivieron los estadunidenses, no solo judíos, ante el voto de México en la ONU. Recordó que la comunidad judía de México intentó frenar el boicot pues, a su parecer, este ocasionaba sentimientos antisemitas que podían verse incluso en la prensa nacional.

Dijo que la comunidad judía de Estados Unidos, que durante la Segunda Guerra Mundial había sido incapaz de frenar la barbarie del Holocausto, esta vez reaccionó con toda su fuerza. Para contextualizar la situación, Katz recordó que Israel tenía poco tiempo de haber vivido dos momentos álgidos: la Guerra de los Seis Días y la Guerra de Yom Kipur, durante las cuales, la propia existencia del país se había visto comprometida.

Eso propició que, ante la definición en la ONU del sionismo como una forma de racismo, los judíos de aquel país salieran a protestar masivamente, mostrando un músculo que hasta entonces no habían exhibido. También los judíos en México lograron algunas conquistas a partir del episodio.

Echeverría, quien había entrado en pánico ante las posibles consecuencias del boicot (que ya no solo era impulsado por los judíos de Estados Unidos sino por muchas otras organizaciones y ciudadanos de aquel país), hizo varios intentos por congraciarse con los judíos estadunidenses, quienes lo rechazaron.

En México, la comunidad obtuvo, sin embargo, una respuesta que antes Echeverría les había negado. Según Katz, cuando el expresidente anunció que se abriría en México una oficina de la Organización para la Liberación de Palestina, la comunidad judía pidió, infructuosamente, entrevistarse con él. Ni siquiera obtuvo una respuesta negativa. “Habían sido totalmente ignorados.”

Luego del boicot, y de los vanos esfuerzos de Echeverría por detenerlo, accedió a entrevistarse con los judíos mexicanos y desayunó con ellos en la entonces residencia oficial de Los Pinos. Este, según Katz, fue el primer paso que llevó al empoderamiento de la Comunidad Judía de México frente al gobierno.

En esa reunión, la comunidad logró convencer a Echeverría de enviar a su canciller, Emilio Rabasa Mishkin, a entrevistarse con el gobierno israelí para explicarle que México no era un país antisemita y enmendar lo que para entonces ya Echeverría admitía como un error.

En Israel se encontraban representantes de la comunidad judía de Estados Unidos, quienes al constatar los esfuerzos del gobierno mexicano, aceptaron al fin enviar una comisión a México para escuchar los argumentos y las disculpas del presidente.

Katz hizo un paréntesis en su presentación para hablar un poco del propio Rabasa que, aunque era un católico practicante, era hijo de madre judía y estaba bien consciente de dicha herencia, por lo que no quería votar contra Israel pero se había visto obligado a hacerlo. Rabasa pagó el precio político del voto de México en la ONU y 1975 fue el fin de su carrera.

La reunión entre Echeverría y los líderes comunitarios judíos estadunidenses duró tres horas. La primera de las cuales fue un caótico monólogo del expresidente, famoso por su escasa claridad discursiva. En dicha reunión, los judíos le preguntaron a Echeverría cuál sería el sentido del voto de México en las siguientes reuniones de la ONU, a lo que el exmandatario respondió que “México es un amigo de Israel.”

Sin embargo, la ambigüedad que siempre caracterizó a Echeverría llevó a México, apenas tres días después a votar una resolución que seguía condenando al sionismo, esta vez en un contexto más amplio. Aunque el voto mexicano incluyó una nota que pretendía dejar en claro que este país no consideraba al sionismo, en cuanto reivindicación territorial, como una forma de racismo, la comunidad judía de Estados Unidos se sintió traicionada y el boicot, que se suponía sería revocado días más tarde, siguió su marcha.

A lo largo de más de 40 minutos, la historiadora contó, con su estilo apasionado, muchos de los aspectos de este episodio estrambótico de la diplomacia mexicana. Los asistentes a su plática participaron con preguntas, rieron y comentaron en esta dinámica que formó parte de LIMUD México 2019, una reunión de tres días que hermanó a judíos de México y otros países en un contexto de diálogo, apertura, tolerancia y pensamiento.

 

 

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