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Hasta dar con el verdadero nombre de Dios: dos mujeres abrazan a cabalistas, alquimistas y herejes


Enlace Judío México e Israel- El atanor encendido. Antología de Cábala, alquimia, gnosticismo, de las autoras Angelina Muñiz-Huberman y Míriam Huberman Muñiz, acaba de ser publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México, en su colección “Cátedra Universitaria”.

A manera de conversatorio, se presentó la obra el sábado pasado, por parte de su escritora
Angelina Muñíz Huberman, su coescritora Miriam Huberman y la Mtra. Malena Mijares Directora
General de divulgación de la Humanidades de la UNAM, en la Librería Bonilla, en Miguel Ángel de
Quevedo 477, CDMX.

El domingo 23 a las 12:00 p.m. habrá otra presentación,en el marco de la Feria del Libro del Palacio de Minería, en el Salón de la Academia de Ingeniería.

Es una antología que reúne textos desde la literatura medieval y renacentista hasta la contemporánea. Desde los clásicos Séfer Yetsirá, Séfer ha-Bahir, Séfer ha-Zóhar, Tabla de la esmeralda, El trueno: mente perfecta, los Evangelios apócrifos, la Razón de amor hasta autores contemporáneos que han tratado los mencionados temas como Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Jorge Cuesta, Marguerite Yourcenar, Amos Oz, entre otros.

El libro surge, a través de las clases en la UNAM, cuando la autora presenta tres corrientes: Cábala, alquimia y agnosticismo, cada una con un enfoque diferente, pero condicionadas por una idea: “El gran salto es hacia delante, hacia lo insólito, y hasta lo absurdo y lo incongruente. Es la gran liberación del alma abierta a las puertas de lo no visto ni oído. El exaltado espectáculo del mundo. El éxtasis, ante todo“.
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FRAGMENTO DEL PREFACIO

“Lo sorprendente de las literaturas antiguas es su reverberación hacia todo momento histórico y el deseo que provocan de entender lo que ha sucedido, lo que ha movido a otras mentes, otras circunstancias, la vida espiritual perdida y, a través de ellas, hallar la explicación de nuestra propia circunstancia y del sentido de la vida. A lo que se refieren, en el fondo, es a la tríada vida-amor-muerte.

La vida y la muerte, lo masculino y lo femenino, el amor y la sexualidad, lo cotidiano y el espíritu elevado, el sonido y el silencio, las paradojas, los contrastes, los conflictos y las soluciones, lo complejo y lo sencillo, secretos, claves y símbolos, reflejan un mundo abarcante entre lo real y lo irreal que no deja resquicio por explorar. De ahí la atracción que ejerce una lectura en el centro de la elección, la libertad de interpretación y el acopio de sabiduría y conocimientos.

El pensamiento humano oscila entre razón e imaginación, verdad y fantasía, cordura y locura, sabiduría y magia. La vida se manifiesta entre vigilia y sueño, lo que se ve y lo invisible, realidad e irrealidad. A veces los términos se intercambian y el reino de la ambigüedad se instala.

Otras veces lo deseado y lo esperado triunfan sobre lo actual y lo asido. En el juego de las palabras y de las letras que vuelan nuevas percepciones cobran vida y el reino de la probabilidad domina al de la posibilidad. Los relatos, los cuentos, las narraciones llegan a preferirse sobre los hechos innegables.

La poesía toma la palabra y sus recursos, las imágenes, las metáforas, la combinaciones expresivas se afianzan como el único instante que apacigua al ser viviente. El sueño despierta la otra vida no vivida, la muerte esperada. Hay maneras de vencer la difícil cotidianeidad, el hastío supremo, el engranaje de las obsesiones.

¿Cómo?

Por la imaginación desatada, por las conexiones de la sorpresa, por la creativa libertad. Por el olvido de las imposiciones, de las arbitrariedades, de la balanza de la mediocridad. El gran salto es hacia delante, hacia lo insólito, y hasta lo absurdo y lo incongruente. Es la gran liberación del alma abierta a las puertas de lo no visto ni oído. El exaltado espectáculo del mundo. El éxtasis, ante todo.

Ese otro mundo, el de la exclamación perpetua, pone de relieve la palabra que traspasa sus límites y no se conforma con su conocimiento para atravesar muros y correr velos. Es el mundo donde cobran vida el unicornio, el dragón, el uróboro, el castillo encantado, el álef, el gólem. Donde se enciende el horno de los alquimistas, llamado atanor, para decantar los metales preciosos y la trasmutación se ilumina. Donde la enseñanza mística de los cabalistas se deleita en sus interpretaciones filológicas; y los gnósticos proponen una nueva y trasgresora teología.

Tres formas de pensamiento ajenas a las reglas impuestas por los dogmatismos que abren nuevas perspectivas para interpretar los misterios del hombre y del mundo que habita.

Los sabios de la mística judía reciben la tradición en forma de cuentos y relatos, de máximas y parábolas, de breves frases o de largos exordios, de comentarios y explicaciones, pero reconocen que no hay obra de sabiduría que concluya y que la última palabra nunca se pronuncia.

Si esa última palabra existiera y pudiera pronunciarse sería el fin de todo lo creado y ya no habría qué esperar. De ahí la eterna espera, el ansiado Mesías que no llega. El Juicio Final.

LOS CABALISTAS

Los cabalistas desarrollan sus observaciones a partir del conocimiento exhaustivo de la Torá o Pentateuco. Comparan versiones y lecturas y no cejan hasta no dar con el verdadero nombre de Dios, impronunciable y oculto en las páginas del texto sagrado.

Su materia de trabajo es la palabra misma en todas sus posibles acepciones, unida al hecho de la creación o Génesis en donde Dios da vida al universo entero y a cada uno de sus elementos y especies en el momento en que pronuncia el nombre que habrán de portar. Por eso, es una creación única y revelatoria inseparable de la palabra en sí.

LOS ALQUIMISTAS

En cambio, los alquimistas se enfrentan a los duros metales y a las piedras preciosas para extraer su espíritu, desentrañar su belleza, arribar a conclusiones entre ciencia, magia y filosofía. Pretenden que el mundo creado es espíritu puro. ¿Cómo entonces descifrar las estrías de las capas geológicas, la permanencia para siempre de los fósiles, el trazo delicado de los caracoles marinos, el color de la amatista o del lapislázuli? Y de la filosofía extraída los símbolos se multiplican en repeticiones de la materia doblegada. El atanor encendido funde sus ideas junto con los metales. El mercurio se escapa y las etapas de la fusión son el ritmo de una críptica creencia.

Al mismo tiempo la alquimia da lugar a una extensa gama de grabados, dibujos, pinturas que representan la historia y la evolución de la materia y su simbología.

LOS GNÓSTICOS

¿Cómo reflexionan los gnósticos sobre el sentido de lo humano y lo divino? ¿Acaso estarían conformes? Pensaríamos que no. Que juntan cielo con tierra para negar las doctrinas establecidas. No comprueban, pero se atreven a difundir unas ideas sólo por ellos aceptadas. Son los proscriptos. La senda cristiana que no prosperó. Los condenados al olvido. Los de los evangelios perdidos y rechazados. Los que cuestionaron las doctrinas y se atrevieron a preguntar sobre lo que los demás callaban y no discutían.

Por lo que se orientaron hacia el conocimiento directo sin negar el intuitivo o perceptivo en busca del punto de unión entre el mundo físico y el espiritual. Escogieron vivir al margen, desobedecer las instituciones, negar la procreación, el matrimonio, la familia. En busca de la pureza absoluta, del fuego encendido, de la montaña salvadora, del exilio reparador.

Fueron los grandes despojados.

Cercanos a la desesperanza creían tener la razón.Considerados herejes por la ortodoxia cristiana fueron exterminados a sangre y fuego. La cruzada contra los albigenses o cátaros tuvo lugar en el siglo XIII y erradicó el movimiento.

Cábala, alquimia y gnosticismo: distintos modos de querer alcanzar el conocimiento espiritual, herencia paradisiaca de Adán y Eva, que aún no se satisface a pesar de haber probado del Árbol del Conocimiento. Cada investigador presenta sus propias explicaciones y variantes a partir de nuevos hallazgos de manuscritos. Por lo que no hay una conclusión definitiva. Sólo en leves momentos se intuye la revelación. Si acaso.”

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