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La reina Esther se viste de morado

Enlace Judío México e Israel – Este año decidí conmemorar Purim de forma diferente, nada de regalos y de panes, en su lugar, desde el más allá, organicé un paro de mujeres.

GINA ZABLUDOVSKY KUPER

Soy de las únicas heroínas de la Biblia. Salvé al pueblo hebreo de las garras de Haman, y por eso me festejan cada año. A diferencia de otras conmemoraciones judías, mi celebración es alegre: bailes, cantos y borracheras, parece un carnaval.

Los que más gozan el festejo son los hombres. Las mujeres se dedican más bien a limpiar y ordenar el cáos que queda después del jolgorio.

Por eso hoy, en el 14 y 15 del mes de Adar de 5780, que corresponde del 8 y 9 de marzo de 2020 calendario cristiano dije: ¡Basta! ¡Basta de festejos masculinos! ¡Basta de libertinajes y de excesos varoniles!

Decidí que, en vez de disfraces, ahora todas nos vestiríamos de morado. Supe que, en México, las flores más bonitas de la estación eran de este color por la cual decidí que la principal manifestación se hiciera en este país donde el pigmento de la protesta femenina se mezclara con el de las bugambilias. Este año, el colorido de Purim tuvo el color de las mujeres.

Estoy cansada de que nos mantengan invisibles en la historia. Aunque hay un libro de la Biblia escrito entre 400 y 300 AEC, que lleva mi nombre, en realidad en ese tampoco se reconoce todo lo que hice.

Se afirma que la conspiración contra los judíos se inició cuando mi primo Mordejai se negó a inclinarse ante el monarca de Persia, pero en realidad, yo ya sabía desde antes que era lo que  se avecinaba.

Si no lo hubiera intuido tiempo atrás, no habría aceptado presentarme en el concurso de belleza en para elegir a la esposa para el rey Ajashverosh. A mí no me importaba portar la diadema con joyas de una reina.

Si quería ser la triunfadora, era porque intuía las amenazas que se venían sobre mi pueblo. Desde luego, nunca le dije a mi futuro esposo que yo era judía y dejé atrás mi nombre de Hadassa para adoptar otro  proveniente del significado persa de estrella.

Gané el certamen y con este motivo el reino organizó varios días de festejos. Aunque yo fui la desposada, los que gozaron el bacanal fueron los hombres.

Las mujeres no podíamos asistir a las animadas fiestas con los torrentes de licores que ofrecía la nobleza por lo cual yo tuve que contentarme con los letárgicas reuniones asignadas a mujeres.

A pesar de que, estratégicamente aproveché el momento oportuno para estar en la corte, en realidad sentía una enorme pena y empatía con mi antecesora la reina Vashti quien había sido sustituida por la simple razón de negarse a visitar al rey cuando se lo pedían los eunucos.

Ella no quería aparecer ante los ojos de su esposo y sus amigos ebrios.  Sabía que se expondría a diferentes formas de lo que ahora llaman acoso y que este sería especialmente cruel por ser un acto colectivo.

Los asesores del rey consideraron que la negación de esta mujer independiente ponía en peligro la conducta de las otras esposas, podía debilitar la lealtad de todas las mujeres a sus maridos, y que la ofensa que había cometido no era solo para el monarca sino para todo el pueblo de Persia. Y así se redactó un edicto que prohibió a la reina Vashti, vivir en el reino de Ajashverosh.

En la búsqueda de una sustituta, se hizo un llamado para que se presenten las mujeres vírgenes más bonitas de todas las provincias y naciones del reino.

La única persona que tenía cerca de mí era mi primo Mordejai quien me había  adoptado porque yo era huérfana de padre y madre, y las mujeres no podíamos  estar solas.

En realidad, yo siempre sentí que podía arreglármelas por mi misma y me molestaba estar bajo su tutela. Sin embargo, cuando él me propuso presentarme a la competencia para ocupar el trono, acepté con entusiasmo porque yo sabía antes que él,  que sería la mujer elegida y que tendría la misión de a salvar a mi pueblo de una muy próxima persecución.

Cuando me vio, el rey estaba encantado, e inmediatamente me escogió para ser parte de su harem donde me puso al cuidado de siete sirvientes y un lujo inesperado.

Pensé que mi encuentro con Ajashverosh sería durante los próximos días, pero para mi sorpresa, me comunicaron que teníamos que prepararnos para el acto sexual: todas las elegidas teníamos que someternos a un intensivo tratamiento de varios meses en los que nos embalsamaban con los más diversos aceites y perfumes.

Después, de un año de esta tortura, finalmente se concertó la cita amorosa. A partir de entonces, sentí como él siempre me daba un trato especial. Yo le gustaba más que todas sus esposas e incluso organizó una gran comida que después se conocería como el “Banquete de Esther”.

Inmediatamente me di cuenta de que el palacio estaba lleno de intrigas y que los eunucos estaban planeando un complot contra mi esposo. Como sabía que una mujer no podía comentar ésto a su marido porque no era su función, yo se lo hice saber a mi primo, quien a su vez se lo transmitió  al rey.

Mordejai era leal, y siempre quiso ocupar un sitio en la corte, pero el lugar de primer ministro que él hubiera deseado se lo dieron Haman quien le pidió arrodillarse ante el rey.

Como los judíos no nos arrodillamos ante nadie, el enemigo aprovechó esta excusa para irse contra mi pueblo y ordenar matar a todos los judíos.

Yo le comuniqué a Ajashverosh los motivos de Haman. Como el monarca me quería tanto, y estaba tan agradecido con la lealtad de mi primo, reaccionó furioso.

Le quitó al enemigo todas sus propiedades y me las dio a mí, y difundió un edicto en el que autorizaba a todos los judíos de diferentes partes del reino poder defenderse si se les atacaba.

El pueblo hebreo gozó así de alegrías y honores, y en cada lugar donde llegaba la orden del rey, se organizaba una gran verbena. A partir de entonces Purim, que coincide con el inicio de la primavera, es festejado por todos los judíos del mundo.

Pero como siempre, los hombres festejan diferente a las mujeres. Aunque la historia lleva mi nombre, el que gozó de gloria y de honor fue siempre mi primo Mordejai.

Yo tuve que limitarme al papel de susurrar en los oídos de mi marido para hacer que mi voluntad se cumpliera.  Desde entonces, cada Purim son los hombres los que están en primer plano, ellos son los que se unen irresponsablemente a Baco mientas las mujeres se encargan de conseguir los vestidos de disfraces para sus hijos, y acumular las fuerzas para limpiar y ordenar después del irresponsable desbordamiento masculino.

Pero este 2020 dije ¡Basta! Las mujeres estaremos en paro, nos vestiremos de morado en señal de protesta y no participaremos en la mascarada.

Los hombres, desconcertados, no saben cómo festejar.


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