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Enlace Judío México e Israel – Trastornos del sueño, ansiedad depresión…. el miedo a la enfermedad y el confinamiento que su profilaxis requiere mantienen a buena parte de la población mundial en una situación de estrés que puede detonar diversos padecimientos mentales. Al respecto, hablamos con la doctora Anna Solt, psiquiatra del hospital Cedars-Sinai, en exclusiva. 

 

Perder la noción del tiempo durante la pandemia, no saber qué día es o qué hora, tiene que ver con dos factores: la pérdida de las referencias que normalmente son producidas por las rutinas diarias y, por el otro lado, un efecto de disociación mental producido por el estrés al que nos enfrentamos. “Es como que la gente se disocia: ‘ya no quiero ni pensar en esto, ya no quiero ni pensar en el virus’ (…), despiertas y dices ‘espero que todo esto haya sido una pesadilla’.”, dice la doctora Anna Solt, psiquiatra del hospital Ceders-Sinai, en una conversación con nuestra colaboradora Carol Perelman.

Egresada de la Facultad de Medicina de la UNAM, Solt cursó la especialidad en Psiquiatría en la prestigiosa Escuela de Medicina de Harvard. Ahora, mientras la epidemia de covid-19 mantiene a un gran porcentaje de la población de Estados Unidos en sus casas, la doctora Solt atiende vía Zoom desde su casa. Este día, sin embargo, se tomó un rato libre para responder a las inquietudes de la población, expresadas por Carol Perelman, quien ha realizado una larga serie de entrevistas con especialistas en salud, a raíz de la irrupción del temido SARS-coV-2.

La ansiedad y la depresión están aflorando en el contexto del confinamiento y la incertidumbre. Sin embargo, no siempre son condiciones patológicas. A decir de Solt, es normal que, en estas circunstancias, mucha gente esté experimentando episodios de ansiedad, trastornos del sueño y otros problemas mentales y emocionales.

“Un poco de ansiedad es bueno. Imagínate si no te importara nada. Si tienes un poco de ansiedad en la escuela, pues estudias un poco más: si tienes un poco más de ansiedad con respecto al virus, te proteges, usas cubre bocas, te lavas las manos (…). Obviamente, la ansiedad en extremo es terrible porque acabas rendido. Cuando uno está bajo mucho estrés por mucho tiempo, uno acaba exhausto. Se siente así, como drenado de energía, no se puede concentrar en otras cosas…”

Pero los problemas mentales que surgen como consecuencia del aislamiento social, de la pérdida de las rutinas y del miedo a contraer la enfermedad afectan de distinta forma a niños y adultos.

“Los niños se adaptan mucho más fácilmente que los adultos. Hace ya unas semanas que los niños no van a la escuela (…). Se están comunicando con sus maestros, con sus compañeros, por medio de las redes sociales…. Yo creo que esto es mucho más difícil para los papás que para los niños, de hecho, porque ahora a los papás les toca trabajar, les toca ser el maestro… además de todas las otras responsabilidades que tenían.”

Para los niños, lo más difícil es el aislamiento social, dice Solt. “No estar en contacto con sus compañeritos, no salir a jugar en el recreo. Básicamente están encerrados con los papás todo el día: ni descansan ellos de uno ni uno descansa de los niños.” Su recomendación es propiciar que los niños sigan en contacto con sus amigos a través de las redes sociales, las plataformas de videoconferencia y todos los medios que les permitan socializar a distancia.

 

Signos de alerta

Respecto a cómo identificar los problemas emocionales asociados a la crisis sanitaria actual, Solt dice que debemos estar alerta a los mismos signos que se presentan en cualquier otra circunstancia: irritabilidad, cambios de humor, cambios en el apetito, aislamiento dentro del hogar, “que no tenga interés en hacer las cosas que antes le interesaban…”

Hablar con tus hijos sobre un tema que involucra sufrimiento e incertidumbre generalizados puede ser más simple de lo que parece. La experta asegura que ellos conocen la verdad, ya sea porque escuchan las conversaciones de los adultos o porque hablan con sus amiguitos o porque ven la televisión pero no se les puede ocultar la realidad. Por lo tanto, recomienda hablar con la verdad. Si ellos preguntan, hay que responder con la verdad. También advierte que los niños responderán a la crisis como lo hacen sus padres: minimizando el problema o sacándolo de proporción…. Por eso, recomienda hallar un justo medio.

En cuanto a cómo desarrollar la resiliencia necesaria para resistir y superar esta crisis, Solt advierte que “la resiliencia no es algo que puedas decir ‘hoy voy a ser resiliente’, es básicamente una cualidad que tienen las personas que superan exitosamente alguna adversidad”, así que no hay una receta para ser resiliente. Lo que sí se puede hacer es analizar cómo enfrentan los problemas las personas resilientes.

Identificar el problema y examinar las opciones que se tienen para enfrentarlo es el punto de partida. Sin embargo, “ahorita estamos en medio de una pandemia, no hay nada que yo pueda hacer, o tú, específicamente, acerca del virus. El virus está allá afuera, el virus está contagiando a la gente, no podemos hacer nada específicamente acerca del virus, no podemos hacer nada específicamente acerca de nadie más que uno mismo (…), uno solo controla lo que hace uno.”

 

La clave, entonces, es darse cuenta de qué sí podemos controlar y hacerlo. Quienes puedan, deben seguir trabajando a distancia, y quienes tengan que asistir a su trabajo presencialmente, deben tomar todas las precauciones posibles para evitar el contagio. Coordinar las actividades de los niños y planear un medio de diversión es también muy importante, opina la psiquiatra, pues “no puedes nomás pensar en el virus todo el día porque te vuelves loco.”

 

Distintos tipos de encierro

La pandemia ha confinado a multitudes en sus casas pero no todas las casas son iguales, ni lo son las circunstancias de quienes las habitan. Mientras algunas personas pueden pasar el periodo de distanciamiento social en una casa con alberca, sin preocuparse por de dónde vendrán los recursos para comer, otros tienen que salir a trabajar para subsistir y, mientras tanto, no tienen quién les cuide a sus hijos. Por eso, para Anna Solt, este es un momento para la empatía, pues “este es un momento muy estresante para todos.”

También asegura que tener la información correcta es el mejor antídoto contra el miedo. Advierte que basarse en lo que circula en redes sociales o asumir posturas radicales en cualquier extremo son conductas que debemos evitar, y recomienda recurrir a medios confiables de información, como la página de la Organización Mundial de la Salud. “También hay que entender que la información que tenemos va cambiando día con día. Puede que hace tres semanas no te decían ‘usa el cubre bocas’ y hoy ya están recomendando que todo mundo en la calle use el cubre bocas.”

Agrega que “una de las cosas que causan más ansiedad es la incertidumbre: ¿Cuánto va a durar esto? ¿Cuándo voy a regresar a la escuela? ¿Cuándo voy a poder ir al súper sin miedo a contagiarme? Todos estamos muy ansiosos.” No queda más, opina, que recurrir a una de las máximas de los grupos de Alcohólicos Anónimos: vivir un día a la vez, aunque recomienda ser precavidos, pensar en cómo vamos a resolver los distintos escenarios que se pueden presentar, tener un plan.

 

 

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