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Enlace Judío México e Israel – Desde niña tuve la tendencia natural de querer servir. Era una necesidad que se satisfacía hasta que ayudaba, aconsejaba o levantaba plegaria por alguien. Esto lo traduzco a “amarás al prójimo como a ti mismo” (Vayikrá –Levítico- 19:18).

NETZAJ MENDOZA

Cuando mi madre murió (Bendita sea su memoria), se acercaron a mi muchas personas que no conocía; solo para decirme que mi madre les había ayudado, aconsejado o servido como apoyo en alguna etapa de su vida. Hubo quien llegó a decirme “No se que haré sin su sabio consejo…”

Fue cuando comprendí algo que mi madre mencionó una semana antes de partir, justo cuando sus hijos la cuestionamos acerca de que no reposaba en medio de su enfermedad y a pesar de su edad, porque siempre estaba sirviendo a alguien. –“Yo serviré a la gente hasta mi último respiro”—así dijo y así fue. Ella decía que su jefe era el Creador.

Todavía en la última semana que pasó en este mundo, la recuerdo llamando a amigos con influencia, solicitando becas o empleo para personas necesitadas, comprando despensas y llevándolas a personas de bajos recursos.

Hashem, a través de Enlace Judío, me ha brindado la oportunidad de servir a mi prójimo. Así como cuando fui productora en Telemax Sonora, ahora desde Israel, puedo servir llevando al Kotel cada una de las peticiones que me envían los seguidores.

Hacer entrevistas, reportajes, escribir o transmitir algún “en vivo” desde Israel, son también otras oportunidades de servirles; pero introducir en el Muro De Los Lamentos estas necesidades en forma de “papelito”, hacer Tefilá y en ocasiones conversar dando ánimo a algún seguidor, me llena de satisfacción.

Es por eso que ayer volví al Kotel con mi mochila llena de peticiones. Fue grandioso volver después de tantos días de no poder, por motivo de la cuarentena.

Corté camino por el mercado árabe y desde ese lugar comencé a rogar por Israel y por el mundo, al ver que los pocos comerciantes que volvieron a abrir sus tiendas no tienen turistas que compren su mercancía.

El panorama cambió justo cuando tuve frente a mí la hermosa vista del Kotel con una atmósfera sin igual. Acostumbro caminar a paso rápido, pero en esta ocasión, volaba. Fue cuando mi esposo me hizo seña de que iba caminando muy de prisa. ¡Por supuesto! La recepción, impresión y recorte de cada petición según su tamaño, fue un proceso de días, así que ¡Ya estaba lista para cumplir mi promesa!

Todo estaba listo para mí llegada. No hice fila, porque no había y mi lugar favorito estaba reservado para mi, ya que ninguna mujer lo estaba ocupando. Además, yo necesitaba privacidad y espacio para tantos “papelitos”.

Mientras los acomodaba en el muro, sentía un profundo agradecimiento al Eterno por esta gran oportunidad de servir. Al terminar de incrustar cada petición, me despedí de los seguidores y corté la transmisión; para conectarme con mi Creador y al fin, elevar mi plegaria.

Gracias a mi esposo por seguirme y apoyarme tanto y a los seguidores de Enlace Judío por su confianza.

*La autora es colaboradora de Enlace Judío. Se desempeña en Israel como directora del coro musical de la Olei Jerusalén y maestra de música en la Yerushalayim Torah Academy (YTA) de Jerusalén.


Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío.

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