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Enlace Judío México e Israel – Estamos analizando un texto del libro Menorat haMaor del rabino Isaac Abohab. Este texto describe los siete niveles posibles de arrepentimiento, de mayor a menor. Aclaremos que este texto no se refiere a las ofensas cometidas hacia otras personas (robar, ofender, engañar, etc.) donde además del arrepentimiento debemos pedir perdón, restituir, compensar, etc., sino de ofensas religiosas, cuando hacemos lo contrario de lo que Dios espera de nosotros.

Ya vimos los tres niveles más altos de la Teshuvá. Ahora exploraremos el cuarto nivel: el arrepentimiento que tiene lugar cuando nos damos cuenta de las consecuencias de nuestras malas acciones. El nivel más alto de Teshuvá es cuando el arrepentimiento nace espontáneamente de la autorreflexión, cuando finalmente entendemos que lo que estábamos haciendo es incorrecto en sí mismo; cuando el arrepentimiento proviene del despertar de nuestra propia conciencia, o de un renovado deseo de reconciliación con nuestro Creador. El arrepentimiento en este nivel refleja nuestro amor por Dios (תשובה מאהבה).

El rabino Abohab explica que el cuarto nivel de Teshuvá ocurre, por ejemplo, cuando un maestro o un amigo que nos conoce personalmente o un rabino en uno de sus sermones nos advierte directamente sobre las consecuencias negativas de nuestras acciones. Nuestra conciencia se despierta por un estímulo externo y por el temor a las consecuencias.

Menorat haMaor trae un ejemplo de este cuarto nivel de Teshuvá. El caso de los habitantes de la ciudad de Nínive. Allá por el año 780 antes de la era común, HaShem se reveló al profeta Yoná ben Amitai y le dijo que debía ir a una ciudad asiria no-judía, que tenía más de 120.000 habitantes (en ese momento este alto número de habitantes era muy inusual) para advertir que la ciudad sería destruida por sus múltiples ofensas hacia Dios y hacia sus compañeros.

No vamos a analizar todos los detalles de esta fascinante historia. Pero muy brevemente: después de un intento fallido de fuga y un intento de suicidio, Yoná llegó a la gran metrópolis asiria y advirtió a sus ciudadanos que la ciudad sería destruida en 40 días. Inesperadamente, los habitantes de Nínive escucharon la reprimenda de Yoná, tuvieron miedo del castigo Divino y se arrepintieron. HaShem suspendió Su decreto y perdonó a la ciudad.

Ahora echaremos un vistazo a dos detalles de esta historia.

1. Los Sabios del Talmud elogiaron la forma en que tuvo lugar este arrepentimiento. Los habitantes de Nínive no solo se dedicaron a la oración y al ayuno, sino que también, y principalmente, modificaron su comportamiento. El abandono de nuestros malos hábitos y nuestra mala conducta es la evidencia final y el objetivo más alto del proceso de Teshuvá. Los Sabios valoraron tanto este mensaje de la historia de Yoná que la establecieron como la lectura oficial de la Haftará en Yom Kippur en la oración de la tarde (Minjá). Indicando así lo que se espera de un Yehudi cuando termina Yom Kipur: un cambio real y positivo en su comportamiento, y no solo el ayuno, o el hacer resoluciones vacías o promesas de cambio. También aprendemos que HaShem está dispuesto a perdonar y “cancelar” el castigo cuando nuestro arrepentimiento resulta en una mejora de nuestro comportamiento.

2. Pero si bien el hecho de que los habitantes de Nínive creyeran en el mensaje del profeta Yoná es muy loable (algo que desafortunadamente no siempre sucedió con nuestra propia gente …), desde el punto de vista de la motivación, es decir, de cómo comenzó la Teshuvá, este tipo de arrepentimiento se considera de un nivel inferior, ya que la razón fundamental para ello fue la autopreservación, es decir, el temor a la retribución Divina.

En cualquier caso, el arrepentimiento por temor al castigo divino, aunque no se considera como la forma ideal del arrepentimiento, es aceptado por HaShem. Porque como vemos claramente en el libro de Yona, Dios escucha las oraciones de los habitantes de Nínive, los perdona y no destruye a la ciudad.


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