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Enlace Judío México e Israel – Estamos analizando los 7 niveles de Teshuvá – arrepentimiento- que formuló el Rab Abohab en su libro Menorat haMaor .

El 5to nivel mencionado por el Rab Abohab es cuando uno se arrepiente después de haber experimentado las consecuencias de sus malas acciones o luego de haber sufrido dificultades. Esas dificultades no siempre están relacionadas con nuestro errado proceder. Veamos.

Las experiencias negativas que vivimos –por ejemplo un problema de salud, o dificultades laborales o económicas,–son vistas por nuestros Sabios como vivencias con el potencial de transformarnos y hacernos más humildes y más sabios. Las experiencias negativas, irónicamente, nos inspiran y nos pueden empujar a restablecer nuestra relación con el Creador.

Hay un párrafo muy famoso en la Torá, en el libro de Debarim (Deuteronomio) capítulo 30, versículo 4 que se refiere a la Teshuvá colectiva, al arrepentimiento del pueblo de Israel cuando finalice su exilio. Así dice la Torá: “Y al final de los días, cuando hayas vivido en medio de todos esos [sufrimientos y persecuciones], regresarás a HaShem tu Dios y obedecerás su voz”. Este texto bíblico asume que el arrepentimiento llega como consecuencia de haber sufrido dolor y persecución en manos de las naciones en las que fuimos exiliados

Este tipo de Teshuvá, la que proviene de madurar luego de sufrir, no es la ideal, ya que no nace de un profundo examen de conciencia, sino de factores externos a nosotros y que no están en nuestras manos, pero creo que es la razón más frecuente por la cual el proceso de arrepentimiento comienza.

Muchos Yehudim se acercan más a Dios y a la Torá, por ejemplo, después de haber perdido a un ser querido. Cuando uno pierde a un familiar es muy posible que al principio se rebele y dependiendo de las circunstancias ,un doliente a veces “se enoja” con el Todopoderoso. Pero luego, en la medida que uno avanza en las etapas del duelo y llega a la aceptación de la nueva realidad, es muy posible que uno se reconcilie con el Creador. Y que esa reconciliación lleve al individuo a un nivel espiritual superior al anterior, a una relación con Dios que es ahora más cercana que la que tenía antes de sufrir su pérdida.

Sufrir, lamentablemente, es a veces la única manera de madurar, crecer, entender y valorar. Cuando nada nos falta y tenemos recursos y salud para disfrutar de una vida material confortable, nos podemos olvidar muy fácilmente de Dios, y sin planearlo asfixiamos nuestra vida espiritual. Equivocadamente, actuamos como si Dios está allí solo para pedirle lo que necesito…. Y ni se nos ocurre agradecerle por habernos dado todo lo que tenemos.

Todos los meses, el padre le enviaba dinero a su hijo que estudiaba en el exterior. El padre lo llamaba al hijo muy seguido, pero el hijo nunca tenía tiempo para hablar con él. Y nunca le nacía llamar a su padre ni se le ocurría agradecerle por ayudarlo y apoyarlo económicamente. Entonces el padre decidió no enviarle más dinero. Al principio el hijo no dijo nada, pero a los dos meses, cuando se le acabó el dinero, llamó a su padre por teléfono y le dijo. “¡Querido papá!, ¿cómo estás? Hace mucho tiempo que no hablamos….te extraño mucho. ¡Ah! Dicho sea de paso, hace dos meses que no me mandas dinero ¿que ocurrió? ¿te olvidaste de mí?” El generoso padre, que nunca se olvidó de su hijo, se vio obligado a interrumpir su proceder para que su hijo pasara por privaciones y aprendiera a valorar todo lo que su padre estaba haciendo por él.

El Rab Abohab explica que muchos seres humanos (probablemente la mayoría de nosotros) nos acordamos de Dios solo cuando lo necesitamos, lo llamamos para pedirle y no para agradecerle. Y es posible que, como en el ejemplo del padre y el hijo, el último recurso Divino para llamar nuestra atención, y empujarnos a que nos comuniquemos con Él, sea interrumpir las bendiciones que nos concede y que damos por sentadas: nuestra salud, nuestro sustento, nuestra paz, etc.

Desde este punto de vista, dice el Rab Abohab, las privaciones y el sufrimiento deben ser interpretados siempre como llamados de atención para volver a acordarnos de Él.


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