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Enlace Judío México e Israel – El arrepentimiento, no importa qué tan tarde suceda, siempre tiene algún valor. Hoy no nos referiremos al arrepentimiento por ofensas o daños que hayamos causado a otras personas, sino más bien al arrepentimiento por lo que hicimos mal en el área de valores religiosos o morales; en nuestra relación con Dios. Si abandonamos el judaísmo, por ejemplo, o si hemos transgredido los principios de la Torá, o si nos hemos alejado de Dios, etc.

En todos estos casos, el arrepentimiento tardío, aunque no sea ideal, sigue siendo positivo. Consideremos por ejemplo el caso de un individuo judío que vivió toda su vida alejado de la observancia de la Torá y comienza a darse cuenta de la importancia de su identidad judía cuando ya tiene 65 o 70 años … Se necesita mucho valor para admitir que uno ha vivido “equivocado toda su vida”, y se necesita mucho valor para reexaminar el pasado propio a una edad avanzada. Y es por eso que no se puede subestimar el gran mérito de esta forma de arrepentimiento. Especialmente cuando se convierte en “instrucción”. Como en el caso de un amigo mío que vivió su vida alejado del judaísmo y cuando cumplió los 70 años, les dijo a sus hijos: “No quiero que sigan mi camino. Aprendan hebreo. Asistan a la sinagoga y acérquense más a nuestra religión”. El arrepentimiento tiene en este caso un efecto educativo muy importante, y tiene el poder de influenciar a los hijos o a otras personas para que actúen bien.

Algo similar, pero en un terreno diferente, sucedió con una famosa actriz que de joven solía lucir los abrigos de piel más excéntricos. Luego de muchos años de ostentación, cuando cumplió sus 60 años, decidió dedicar el resto de su vida a abogar por la protección de los animales. Este es un ejemplo de arrepentimiento reparador, que aunque ocurre tarde en la vida —y tal vez por eso se considere cuestionable — tiene valor y no debe subestimarse.

Hay otros casos de arrepentimiento tardío.

A menudo leemos en las noticias sobre algún escándalo que involucra a un funcionario público, que fue descubierto en una situación inmoral: una relación ilícita o un acto de corrupción, etc. Muchas veces después de que el tema se hace público estas personas se paran frente a las cámaras de televisión y confiesan públicamente su error, expresan su pesar y piden perdón por haber decepcionado al público que confiaba en él, a su esposa, a sus familiares, etc. Esto es sin duda un gesto valiente de arrepentimiento y contrición, aunque sea cuestionable en términos de credibilidad, particularmente porque el proceso de arrepentimiento y disculpas no sucedió “antes” de que esta persona fuera “atrapada”, sino como consecuencia de haber sido descubierta. Es probable que lo que impulsó a este individuo a arrepentirse no sea la conciencia y la convicción sino la conveniencia: el miedo a perder su trabajo, su reputación, su familia, etc.

Según Maimónides, el arrepentimiento más creíble tiene lugar cuando ocurre mientras un individuo está involucrado, por ejemplo, en una relación inmoral y se da cuenta de su error y se detiene antes de que alguien más lo sepa. Este hombre aún tiene la posibilidad de cometer el mismo acto equivocado, teniendo la misma energía y deseo que antes, pero ahora se abstiene gracias a un proceso de introspección que generó un nuevo entendimiento. O gracias a una renovada apreciación de los principios religiosos y su resolución de cambiar y ser una mejor persona.

Este sería el escenario de una Teshubá completa y más creíble.

El rabino Abohab explica, sin embargo, que incluso cuando el arrepentimiento ocurre en un momento posterior a la falta o luego de ser descubierto y está lejos de ser ideal, aún así, el Todopoderoso lo acepta y lo valora.


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