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Enlace Judío México e Israel – Yossi Vardi es uno de los pioneros de la innovación tecnológica israelí que ha convertido a ese pequeño país en la “Start Up Nation”. Acaba de recibir, de manos del presidente Rivlin, el Chaim Herzog Prize, por sus  contribuciones únicas al Estado de Israel. Con humildad y humor, conversó con nosotros sobre su vida, su obra y su peculiar visión del mundo. 

 

Cuando visita Israel, la gente de todo el mundo se pregunta cómo ese pequeño país se ha convertido en un epicentro mundial del desarrollo tecnológico y la innovación. Algunos hablan del papel del Ejército o de las políticas gubernamentales, “pero mi respuesta es un poco diferente, y es que cada niño en Israel tiene una madre judía que, desde que nace lo está presionando y presionando y volviéndolo loco para haga que lo que su esposo no pudo hacer.”

Así responde Yossi Vardi, en una entrevista exclusiva con Enlace Judío, a una pregunta formulada por sí mismo respecto al secreto de Israel, la Start-up nation que él mismo ayudó a construir, como parte del grupo de pioneros que, desde hace décadas, invierte en proyectos de alta tecnología en la nación más desarrollada de la región.

Es verdad que pertenezco a la primera generación que comenzó a desarrollar la industria de la alta tecnología en Israel pero éramos un grupo de gente, no una sola persona. Si tuviera que señalar a las personas que realmente fueron las pioneras a las que nos unimos después de algunos años, nombraría a Dan Tulkowsky y Uzia Galil. Dan Tulkowsky fue la primera persona en invertir en start-ups (antes de que las llamáramos así), y Uzia Galil creó cinco o seis de las primeras start-ups exitosas. Esto fue a comienzo de los 60. Yo me uní en el ’69, cuando creé una de las primeras compañías de software, y cuando la creamos no sabíamos que estábamos poniendo los cimientos de un fenómeno mundial.”

A dos semanas de cumplir 78 años, este importante impulsor del desarrollo israelí conversó con nosotros para hablar de su visión del mundo, de Israel y de la inventiva. También, claro, sobre su historia, de la que siempre habla con una humildad y un humor entrañables:

“La primera compañía en la que invertimos $5,000 dólares, éramos tres amigos de la preparatoria y cuatro profesores del Technion, y nos unimos y creamos la compañía y creció bastante rápido”, dice.

Agrega que tiene “la fortuna de, en los últimos 50 años, haber estado involucrado en ver esta asombrosa industria desarrollarse. Y suelo decir que el pueblo judío y la alta tecnología esperaron 2000 años para encontrarse y crear este enorme fenómeno.”

 País de contrastes

Sin embargo, para este gurú del ambiente del emprendimiento israelí, la situación de Israel como potencia tecnológica es, sin embargo, ambigua:

“Mientras la industria de la alta tecnología realmente está haciendo cosas asombrosas y es la envidia de muchos países (…) sólo 10% de la población está involucrada en alta tecnología. Y quiero hablar un poquito sobre eso porque se trata de el porcentaje más alto de la población económicamente activa de un país pero, por otro lado, hay 90% de personas que no están involucradas en ello.”

A Vardi le preocupa que, aunque “en Israel tenemos una lista muy larga de asombrosos logros también tenemos una larga lista de cosas en las que debemos mejorar. Y en la cima de esa lista está cómo hacer que ese 90% se beneficie” de la prosperidad atraída por la inversión en la alta tecnología.

Por ello, desde hace años se ha adueñado del concepto “inclusión radical”. “Israel es un lugar asombroso: tenemos gente que llegó de 70 países diferentes, que hablan 70 idiomas, y esta diversidad de opiniones, de capacidades crearon algo que es muy colorido y muy activo y muy dinámico (…), pero esta segmentación creó también un montón de fricciones”, reconoce.

A nuestro presidente le gusta decir que tenemos cinco tribus: los veteranos, los seculares, los recién llegados, los ultraortodoxos y la población árabe. Y cada grupo tiene su propia narrativa. Me llevó toda una vida entender que mi narrativa no es la correcta y la de los otros es la equivocada. Tu narrativa es un reflejo de cómo creciste y de cómo absorbiste de niño aquello a lo que estuviste expuesto, y no necesariamente lo que te dijeron tus padres.”

Lo que escuchaste o viste en la televisión, el arte, en voz de tus parientes… “eras como una esponja y así te creaste. Y la narrativa de todos es correcta. Mi narrativa es correcta desde mi punto de vista y la tuya es correcta desde el tuyo.”

Dice que hay un solo camino para Israel y es justamente el respeto a la diversidad y caminar juntos por los ideales compartidos. “Sé que suena un poco utópico pero me involucré personalmente en esto que llamo “inclusión radical” y debo decir que aunque es un largo proceso me proporciona mucho gozo y un poquito de esperanza.”

Pero Vardi no solo tiene esperanza sino que ocupa un rol muy activo en la promoción y el financiamiento de proyectos que pretenden acerar a las comunidades entre sí, y a llevar la educación y la tecnología a segmentos poblacionales que no han estado cerca de ella.

22% de los estudiantes del Technion son ahora árabes israelíes y han sido aceptados sin ninguna acción proactiva, solo por sus méritos y eso es muy bueno para ellos para también para la sociedad. Es muy modesto al admitir que tiene algo que ver en ello. “Toma parte del tiempo de mis actividades”, dice.

Kinnernet

Uno de los proyectos que cuentan con el impulso decisivo de este empresario y activista es Kinnernet. A regañadientes, porque es obvio que no le gusta autoelogiarse, nos cuenta un poco al respecto:

“Me gusta ayudar a la gente joven a irrumpir en el mundo, son muy talentosos pero no conocen a personas y lo que comencé a hacer en 2004 fue invitar a gente talentosa como mis huéspedes en un campamento de tres días, donde hacen toda clase de cosas relacionadas con innovación, emprendimiento y creatividad. Comencé este proyecto en Israel pero luego gente que invité me pidió que lo hiciera fuera de Israel. Entonces, ahora hacemos estos eventos cada año en lugares como Portugal, España, Francia, Italia, Suecia, Estonia… En América Latina lo hemos hecho en Oaxaca, en Panamá, en Guatemala, y se reúne gente de todo el mundo y conversa sobre temas que tienen en común los jóvenes de todo el mundo.”

Vardi parece guardar un afecto especial por México y América Latina. “Tenemos un gran número de jóvenes latinoamericanos a quienes llamamos los muchachos, que tienen una actitud muy especial hacia la vida. Son gente muy buena, muy amable, siempre están relajados.”

Se le pregunta cuál de sus inversiones le ha dado más satisfacción, y él responde con ese humor sencillo y transparente que lo caracteriza: “es como preguntarme cuál de mis hijos me gusta más. La inversión que más llamó la atención del mundo —no por causa mía, yo fui el más sorprendido—, fue el primer sistema de mensajería instantánea por internet, antes de WhatsApp: ICQ. Y ICQ fue asombroso. Yo no lo inventé, yo solo di el dinero. Lo inventaron cuatro jóvenes israelíes, dos de los cuales todavía no terminaban la preparatoria (…).”

El secreto de la innovación

Ante la pregunta de qué se necesita para ser un innovador, Vardi hace una pausa, suspira, alza la mirada en busca de una respuesta que no tarda demasiado en aparecer.

“Primero hay algo que se llama talento. Tú no puedes decir, de la noche a la mañana, ‘dejaré de ser un contador y me convertiré en innovador’. No funciona de esa manera. Pero una de las cosas que creo que son más importantes para ser un innovador o un creativo es un alto nivel de curiosidad.”

Luego nos cuenta una breve anécdota que puede ayudarnos a entender cómo funciona la mente de este hombre fascinante:

“Andrés (Roemer) y yo nos encontrábamos en una camper en Burning Man, y en vez de dormir, platicamos hasta las 3:00 de la mañana, sobre un montón de cosas que no estaban relacionadas entre sí; entonces, creo que la curiosidad es muy importante y siempre aliento a las familias a construir la curiosidad en sus hijos. ¿Y cómo lo haces? Los expones a toda clase de cosas. Cuando yo era niño había este invento que hoy en día está un poco pasado de moda pero que por cerca de 500 años fue el gozo de toda la gente curiosa y lo llamaban libro”, bromea, “entonces, exponer a los niños a los libros es importante pero no menos importante es exponerlos a toda clase de experiencias: llevarlos a museos, enseñarles a construir aparatos electrónicos, a hacer experimentos de química; si les interesa la música, impulsarlos a tocar, impulsarlos a coleccionar cucarachas, a hacer origami… necesitas hacerlos que abran bien los ojos y miren al mundo.”

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