El último atentado terrorista en Viena, Austria, el 2 de noviembre pasado, que se cobró la vida de cuatro personas y dejó más de veinte heridos graves, representa un episodio adicional del amplio espectro del islamismo radical en Europa: fue realizado por jóvenes europeos de origen árabe.

Previamente, el 16 de octubre, un joven de origen checheno decapitó a un profesor de secundaria, a plena luz del día, en una calle de un suburbio de París, Francia. El docente de 47 años había recibido amenazas después de mostrar a sus alumnos controvertidas caricaturas del profeta Mahoma durante una clase de educación moral y cívica en la que se discutía sobre la libertad de expresión. El joven atacante fue abatido.

Por otra parte, a finales de octubre tres personas murieron y varias resultaron heridas dentro de la basílica de Notre-Dame de Niza, en el sur de Francia. El atacante de 21 años había llegado al país pocos días antes procedente de Túnez. 

El analista español Alberto Priego Moreno, especialista en relaciones internacionales, considera que Europa enfrenta desde hace tiempo un grave problema de integración de las comunidades musulmanas y que muchas veces los jóvenes de las mismas encuentran una solución equivocada en el terrorismo como vía de redención.

Priego Moreno señala que son personas que han tenido problemas con la ley y han entrado y salido de prisión. Muchos de ellos tienen enfermedades mentales y han llevado una vida un poco desordenada. Entonces, lo que les permite esta narrativa islamista radical es dar un sentido a su vida. Se trata de individuos que solo en unos meses pasan de ser ciudadanos marginados comunes y corrientes a convertirse en terroristas convencidos, sin nada que perder. Priego Moreno advierte que no solo el extremismo islámico es un problema en Europa: la ultraderecha, azuzada por el primero, también ejerce violencia y se radicaliza. 

En este contexto Giovanni Sartori (1924-2017) uno de los más grandes en ciencia política, mencionó que la Unión Europea es un edificio mal construido y se está derrumbando. La situación se ha hecho más desastrosa porque algunos políticos han creído que se podían integrar los inmigrantes y eso es imposible por su falta de respeto a valores muy arraigados en la cultura europea, como son la tolerancia y la igualdad entre el hombre y la mujer. Sartori señaló que existe un abismo cultural insalvable entre la Europa rica y liberal, y algunos países árabes; sus regímenes son teocracias que se fundan en la voluntad de Alá, mientras que en Occidente se fundan en la democracia, en la soberanía popular.

El proyecto de multiculturalismo que ha inventado occidente, que pretende que los inmigrantes (musulmanes) absorban los valores culturales de la comunidad de occidente es imposible. El multiculturalismo no existe. En occidente se tienen normas generales, principios. El inmigrante puede hacer en su casa lo que quiera, pero debe aceptar las reglas del Estado que los acepta.

Sartori tuvo muy claro que “quienes no están dispuestos a aceptar nuestras normas, se les debe colocar en la frontera para que se marchen a su casa”. Desde la izquierda le pueden reprochar sus ideas, o verlas como un xenófobo o conservador. Él respondió con firmeza: la izquierda ha perdido su ideología, ha utilizado la palabra multiculturalismo como una nueva ideología, porque la vieja ha muerto.

Pero no tienen ni idea. No saben lo que es el islam, “son unos ignorantes”. Sartori expresó que a él no le importa la derecha o izquierda, sino el sentido común. La integración de los musulmanes en sociedades no islámicas no se ha logrado “porque el islam no tiene capacidades de evolución, los musulmanes de tercera generación no solo no se han integrado sino que odian a occidente porque no tienen trabajo y muchos se sienten atraídos por el islam fanático”. En definitiva, sostuvo Sartori, occidente y sus valores están en peligro porque no están dando una respuesta adecuada al fundamentalismo islámico.

La presencia de los musulmanes en Europa plantea un debate polémico, miedo y odio. Las encuestas de opinión pública en el continente europeo muestran cada vez más antagonismo hacia los musulmanes europeos, vistos como una seria amenaza para las identidades nacionales, para la seguridad interna y para el tejido social. Al mismo tiempo los musulmanes están convencidos que la mayor parte los europeos rechaza su presencia y denigran y ridiculizan su religión.

En este ámbito, la situación conflictiva entre las poblaciones nacionales es preocupante porque alienta una creciente y peligrosa islamofobia, y por otra parte la radicalización de las conductas. Lo cierto es que los países europeos están alarmados por esta evolución, que pone en jaque la convivencia pacífica. De aquí que han tomado medidas y han aprobado leyes para actuar contra las fuerzas extremistas, poner freno a la radicalización y supuestamente mejorar la integración de los musulmanes en los países de acogida. Sin embargo, los Estados europeos siguen atrapados en estas espinosas cuestiones y no han sido capaces de articular una respuesta coherente, mientras tanto la población de origen musulmán se multiplica por su elevada tasa de natalidad y porque no cesa el flujo de personas musulmanas que llegan legal e ilegalmente a Europa.

En este entorno conflictivo cabe destacar que en la práctica solo una minoría de los musulmanes en Europa se dedica a actividades radicales, aunque parece ser que tiene la fortaleza suficiente para alentar la islamofobia. Particularmente, existe un extremismo basado en la identidad de los partidarios locales de extrema derecha. Entre la proliferación de mezquitas, de los velos de las mujeres y otros elementos, han surgido los partidos ultraderechistas europeos que han sumado apoyos al presentar a la migración como una amenaza. 

La prolongada línea fronteriza y costera de muchos países europeos no ha logrado el control efectivo de sus fronteras. En muchos casos, los controles terrestres y marítimos solamente han servido para desviar las rutas de inmigración, haciendo que el viaje sea más largo y peligroso, enriqueciendo aún más a los traficantes que han sabido adaptarse a las nuevas normas. Los países del sur de Europa han estado particularmente expuestos a la migración irregular. Al principio, España, Italia, Grecia y Malta eran solo países de tránsito y zonas de paso para otros destinos, pero más adelante, en la década de los noventa, se convirtieron en destinos finales para oleadas de inmigrantes ilegales.

Los constantes actos de los terroristas islámicos en Europa han provocado un serio cuestionamiento de los diferentes modelos de integración musulmana en el continente; por lo demás, las comunidades musulmanas no son homogéneas, vienen de países distintos, hablan lenguas diferentes y están muy divididos para confesiones, etnias y en relación con la práctica religiosa. Un número no determinado de musulmanes se han abierto camino en las sociedades europeas y poco a poco han asimilado sus normas y tienen mayores ingresos y educación, como los 300 mil árabes del Medio Oriente que residen en Londres o los expatriados libaneses en París. No viven en comunidades segregadas, sin embargo, el grueso de los musulmanes en Europa son trabajadores migrantes o hijos de trabajadores migrantes inadecuadamente preparados para integrarse en las sociedades europeas.

Un aspecto poco tratado en la radicalización de los jóvenes europeos musulmanes en su exposición a determinados canales por satélite sufragados por países del Medio Oriente que divulgan una lectura literalista de los textos coránicos y que contribuyen indirectamente a forjar una mentalidad radical proclive “a ver el mundo con una lógica maniquea: el islam contra el otro; el bien contra el mal”, esta lógica lleva al fanatismo y el rechazo a la negociación, el diálogo o el acuerdo.

El problema de la islamización radical de los colectivos musulmanes se está convirtiendo en el reto más peligroso para la democracia. La islamización radical “es una ideología que usa la religión para encarcelar mental y físicamente a sus víctimas que suma teorías conspirativas de la maldad occidental, que alimenta la épica medieval, y con la construcción de un cuerpo religioso que no permite ninguna salida”. Con el uso de la tecnología moderna, el problema se dispara al infinito.


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