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El cuartel general de la Fuerza Quds (ubicado en el complejo del Aeropuerto Internacional de Damasco) ya ha sido atacado en el pasado por Israel, pero ayer se han agregado otros objetivos. Estos y otros probablemente fueron aprobados como objetivos hace algún tiempo y vinculados en las carteras de destino apropiadas esperando una oportunidad que llegó ayer, en una serie de contundentes ataques que provocaron por lo menos la muerte de 10 milicianos iraníes y soldados sirios.

La decisión de ir “con todas nuestras fuerzas” sobre los iraníes se debió a varios motivos. Primero, su responsabilidad directa y exclusiva por el ataque planeado. Como en golpes anteriores también fueron golpeados sirios que vivían en los Altos del Golán, pero la financiación, la capacitación y la dirección eran de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria, a través de su gente que operaba en Siria.

El segundo motivo es el deseo de que Siria se asuma como plenamente responsable de lo que está sucediendo en el Golán. Asumiendo (razonablemente) que Assad no quiere que su país degenere en una guerra nuevamente, Israel espera que se asegure de que la zona fronteriza esté tranquila y libre de actividad terrorista. Es dudoso que esta expectativa sea realista dadas las capacidades del ejército sirio y sus limitaciones con respecto a Irán y Hezbolá. Sin embargo, este es el problema de Assad, y como está presente en la última ola de ataques, también está pagando un precio por ello.

El tercero, contra Hezbolá, que todavía quiere seguir abriendo un nuevo frente contra  Israel. La organización ha intentado dos veces (y fracasado) vengarse durante el verano de la muerte de su operativo en un ataque de la Fuerza Aérea de Israel en el aeropuerto de Damasco, dejando claro que volverá a intentarlo. Al atacar a Siria, Israel también le indicó que su paciencia era corta y que sus reacciones podrían ser desproporcionadas con respecto al acto en sí.

Cuarto, a los tomadores de decisiones en Irán (y también a los poderes fácticos) que pueden creer erróneamente que el final del mandato de Donald Trump y la entrada esperada de Joe Biden en la Casa Blanca conducirán a una política más suave hacia Teherán. En el ataque, Israel dejó en claro que no formaba parte de esta consideración y que, en lo que a sus intereses se refiere, en el frente norte, y posiblemente en el futuro también en materia nuclear, seguirá operando de forma independiente.

La experiencia pasada muestra que Irán no tiene prisa por responder a los ataques israelíes. Es probable que ahora busque una oportunidad adecuada antes de volver a actuar. Esto requiere que Israel, como siempre, tenga una alta vigilancia de inteligencia y alerta en los sistemas de defensa aérea, y más allá de eso, que comprenda que la situación en el norte está cambiando. El mensaje israelí es claro para todos: no hay tolerancia a presencia iraní en los límites de Israel y si no hay  tranquilidad en Israel menos la habrá en Siria. Cueste lo que cueste.

 


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