avatar_default

Enlace Judío México e Israel –  EL CRIMEN

En la mañana del miércoles 5 de febrero de 1840, el monje católico Tomás abandonó su monasterio en Damasco. Por la tarde, se sabe que ingresó al barrio judío de la ciudad para colgar unos anuncios sobre la subasta de la casa de una mujer cristiana fallecida. Hacia la noche, cuando Ibrahim Amara, el ayudante griego del monje, vio que su maestro no regresaba, fue a buscarlo, pero tampoco regresó. Un poco más tarde, Jean Bowden, el secretario del consulado francés en Damásco, se apresuró a informar al cónsul francés Ulises Ratti-Menton de lo sucedido, y cuando llegaron al Convento ya se había reunido una gran multitud a su alrededor gritando “¡Son los judíos! ¡Los judíos lo mataron!»

LOS SOSPECHOSOS DE SIEMPRE

Tanto los dignatarios franceses como el gobernante local, Sharif Pasha, también acusaron a los judíos del terrible crimen. Ese sábado, la policía irrumpió en el pacífico barrio judío y los obligó a comenzar a abrir tumbas para buscar los cuerpos del monje desaparecido. Los judíos estaban muy dispuestos a cooperar con las autoridades. El rabino de la comunidad, Jajam Yaakob Antebi, solicitó que cualquier judío que supiera algo sobre la desaparición del monje debía testificar. Un miembro de la comunidad dijo de buena fe que había visto al padre Tomás en el barrio judío, cerca de la barbería de Shelomo Negrin, colocando un anuncio. La policía acudió al lugar para corroborar este testimonio. Encontraron el anuncio en cuestión, y esto les bastó para arrestar inmediatamente al pobre barbero, como presunto testigo. Negrin negó cualquier conexión con las acusaciones. Pero eso ya no importaba.

LA ACUSACIÓN

La incitación contra los judíos ya había comenzado, y los cristianos difundieron el rumor de que el monje y su sirviente fueron asesinados por los judíos «para usar su sangre en las matzot de Pésaj». Esta ridícula demonización incitó aún más a las turbas. Y para resolver definitivamente el misterio de la desaparición del monje, las autoridades francesas y locales pasaron a la siguiente fase: la tortura. La primera víctima fue el barbero Shelomo Negrin, que fue brutalmente golpeado. Los métodos de tortura fueron absolutamente espantosos. El sufrimiento fue tan insoportable que, en un intento desesperado por detener la tortura, el barbero confesó todo lo que le pidieron, e incluso acordó confirmar la identidad de cómplices. Los torturadores querían llegar a los miembros más prominentes de la comunidad judía, para luego poder culpar a toda la comunidad judía por el presunto crimen. Así, el rabino Moshe Abulafia, los señores: David Harari, Yitzjak Harari, Yosef Harari, Aharon Harari, Yosef Laniado, Yehudah Desalónica y más tarde Yitzjak Picciotto, terminaron siendo arrestados también como sospechosos del crimen.

TORTURAR HASTA LA MUERTE

Todos los acusados negaron las acusaciones. Pero el cónsul francés intervino y exigió que estos judíos fueran torturados “hasta que confesaron lo que todos ya se sabe que hicieron”. Incapaces de resistir este horror, todos terminaron admitiendo las acusaciones inventadas que se les atribuyeron. Los torturadores también forzaron a estos individuos a involucrar al rabino de la comunidad, Rab Ya’akob Antebi, y al comerciante más importante de la comunidad de Damásco: el Sr. Meir Farhi (las codiciosas autoridades locales no perdieron el tiempo en confiscar todos sus bienes y negocios). El rabino Antebi también fue cruelmente torturado, pero con increíble fuerza de espíritu se resistió y no confesó nada ni incriminó a otras personas.

EVIDENCIA ANIMAL

Mientras tanto, las autoridades encontraron unos huesos de animales en una de las alcantarillas de la judería y afirmaron que debían pertenecer al padre Tomás. Los judíos pidieron que los huesos fueran enviados a una universidad europea donde seguramente serían identificados como huesos no humanos, pero el cónsul francés se negó a esa averiguación y se apresuró a organizar un funeral por “los restos del padre Tomás”. Los huesos fueron enterrados en una ceremonia gloriosa, y en la lápida estaba escrito que esta es la tumba de un santo mártir «asesinado por los judíos».

¡NO OLVIDAR A LOS NIÑOS!

David Harari y Yosef Laniado murieron a causa de la tortura. El barbero fue exonerado por haber hecho la primera confesión forzada, la que justificó la detención y tortura de los demás judíos. El rabino Moshe Abulafia, quien también había sido brutalmente torturado, fue convertido al Islam por la fuerza bajo amenazas de muerte (más tarde, regresó al judaísmo. Su hijo fue el famoso Rab Isaac Abulafia. Ver aquí). Los otros nueve prominentes miembros de la comunidad judía fueron acusados de asesinar al padre Tomás y fueron condenados a muerte. Pronto comenzaron a escucharse las quejas de la comunidad judía europea, en parte gracias al hecho de que Ytzjak Picciotto era austríaco, y uno de sus parientes, Eliyahu Picciotto, era el cónsul de Austria en Alepo, Siria. Eliyahu movió cielos y tierra para denunciar la injusticia que se estaba llevando a cabo en nombre del gobierno francés. Pero al principio, las autoridades locales de Damasco no se inquietaron. De hecho, decidieron duplicar sus esfuerzos y ordenaron el arresto y encarcelamiento de 63 niños de la escuela judía local. Las autoridades anunciaron que los niños serían liberados solo cuando toda la comunidad judía finalmente confesara su crimen y aportaran las evidencias del crimen ritual del que habían sido acusados.

ESCÁNDALO INTERNACIONAL

Todo esto provocó una gran indignación en las comunidades judías de Europa. Los judíos europeos más destacados como Moshe Montefiore, la familia Rothschild y el abogado judío Isaac-Jacob Adolphe Crémieux, que luego se desempeñó como ministro de Justicia en Francia, cuestionaron el procedimiento y la tortura y ejercieron una gran presión para que se liberara a los presos condenados muerte. Al final, la presión política internacional funcionó y las autoridades locales de Damasco no tuvieron más remedio que anunciar que se había cancelado la sentencia de muerte. Los imputados fueron puestos en libertad el 28 de agosto de 1840.

CORTINAS DE HUMO

Después de algún tiempo, se supo que al principio de la investigación, dos comerciantes habían prestado testimonio relatando un violento altercado entre el monje y un comerciante de mulas árabe-musulmán, tres días antes de la desaparición del monje. El comerciante había atacado al monje y había jurado matarlo. El ayudante del monje había agarrado al comerciante por el cuello y comenzó a estrangularlo, mientras el padre Tomás se alejaba maldiciendo al árabe y a su religión.

El infame Libelo de Sangre de Damasco terminó sin que ninguna otra persona fuera acusada del crimen y sin que ninguno de los políticos corruptos rindiese cuentas por esta injusticia, o fuese arrestado o castigado.


Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío.

Destacadas

Exclusivas

Judaísmo


1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí