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Enlace Judío – Ante la pandemia del coronavirus de Wuhan, el COVID-19, se puso en marcha, en los países con tecnología y laboratorios farmacéuticos más avanzados, la investigación y desarrollo de tratamientos de la enfermedad causada por el patógeno y la búsqueda de vacunas. La esperanza para combatir la pandemia consistía en frenar el contagio con mascarillas/tapabocas, distanciamiento social, evitar espacios cerrados, y tratar lo mejor posible a los enfermos esperando tener una vacuna e inocularla a más del 70 por ciento de la población para conseguir la “inmunidad de rebaño”.

Actualmente, las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna son las más eficaces en el mundo sanitario, y se espera o confía en que den el resultado tan anhelado para salir de la crisis tanto sanitaria como económica. Países del primer mundo como Israel, EE. UU., el Reino Unido y los pertenecientes a la Unión Europea están llevando a cabo la primera inoculación con la vacuna de Pfizer-BioNTech y en breve la de Moderna, con enorme celeridad como Israel, otros con más retraso, pero en todos, la vacuna se está inoculando.

La Organización Mundial de la Salud y los expertos consideran que las vacunas tienen que llegar a los habitantes de todos los países, pues esta enfermedad infecciosa afecta a los humanos de todos los países de la tierra, pero ya es lenta y desigual la logística en administrarla a lo que se agrava desgraciadamente una serie de países cuyos gobernantes se oponen a vacunar a su población.

El líder supremo de la República Islámica de Irán, Ali Jamenei, ha declarado que duda de los laboratorios occidentales y ha prohibido la importación a Irán de las vacunas de Pfizer-BioNTech, Moderna y AstraZeneca-Oxford, y la Media Luna Roja iraní ha cancelado un pedido de 150,000 dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech.

Incluso cuando los fabricantes de vacunas han aclarado que los productos porcinos no forman parte de las vacunas, cerca de doscientos millones musulmanes de la India han sido advertidos por eruditos musulmanes que ninguna vacuna con gelatina de cerdo está permitida para los musulmanes. Los ulemas aseguran que la vacuna china contra el COVID-19 contiende gelatina deriva de cerdo y han aleccionado a sus correligionarios que se opongan a las vacunas por ser “haram”, que está prohibida para los musulmanes.

Saeed Noorie, el secretario general de la Academia Raza, la organización de musulmanes sufíes indios que promueve las creencias islámicas a través de publicaciones e investigaciones, ha declarado: “Hay informes de una vacuna china con partes del cuerpo deL cerdo. Como el cerdo es ‘haram’ para los musulmanes, no se puede permitir una vacuna que contenga partes de su cuerpo”, y agregó: “Incluso si un pelo de cerdo cae en un pozo, el agua de ese pozo está prohibida para los musulmanes. Por lo tanto, según la ley islámica, una vacuna que contiene gelatina de cerdo no puede actuar como tratamiento contra ninguna enfermedad”.

No todos los eruditos musulmanes piensan como Saeed Noorie. algunos como el grupo Jamaat-e-Islami Hind (JIH) se han convertido en el primer organismo musulmán en la India en afirmar categóricamente que los musulmanes pueden usar las vacunas contra el coronavirus, incluso si contienen extractos de cerdo.

Las preguntas sobre el uso potencial de productos de cerdo en las vacunas están agravando las dudas sobre las vacunas en Indonesia, advirtieron expertos, instando a los funcionarios y líderes musulmanes de la nación del sudeste asiático a acelerar los esfuerzos para ganar la confianza del público antes de una campaña de inmunización masiva contra COVID-19.

La gelatina de cerdo se utiliza como estabilizador en algunas vacunas. Pero el consumo de carne de cerdo está estrictamente “haram” (prohibido) para los musulmanes, que comprenden el 87 por ciento de los 273 millones de indonesios, lo que genera preocupación de que esto pueda obstaculizar la vacunación en la nación del sudeste asiático más afectada por el COVID-19.

AstraZeneca-Oxford, Novavax y Pfizer-BioNTech han dicho que sus vacunas no contienen productos de cerdo. Pero la biofarmacéutica china Sinovac, que ha fabricado la vacuna CoronaVac, se ha negado a revelar los ingredientes de su vacuna COVID-19 o decir específicamente si tiene gelatina de cerdo.

El Dr. Dicky Budiman, epidemiólogo que ha ayudado a formular la estrategia de manejo de pandemias del Ministerio de Salud de Indonesia durante 20 años, dijo que era esencial una certificación “Halal” para las vacunas COVID-19.

“’Halal’ es más que solo comida: incorpora más todos los aspectos del estilo de vida de los musulmanes practicantes”, dijo Budiman.

“Si está haciendo negocios, debe hacerlo de forma ‘halal’ y no engañar a la gente. En lo que respecta a las vacunas, la certificación halal es prácticamente obligatoria en Indonesia porque garantiza que el proceso de producción de principio a fin esté en consonancia con la enseñanza islámica”.

Otros eruditos musulmanes afirman que los judíos han conspirado para matar a los musulmanes de la India a través de esta vacuna y que el coronavirus es una amenaza para los hindúes pero no para los musulmanes pues, afirman falsamente, que el virus no ha afectado a las localidades musulmanas debido que Alá les protege a través del rezo, de la dua, la oración de súplica o petición islámica.

A las dificultades logísticas se añadirán en estos países las sandeces de estos dirigentes fanatizados, que lo único en que piensan es en la yihad, implementar la sharía, la ley islámica, en todo el orbe. Todo ello causará más desgracia a sus propios conciudadanos y correligionarios. Pobre población musulmana que tiene que sufrir las sandeces de sus dirigentes.


Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío.

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Judío ortodoxo de origen judío francés y austriaco. Doctor en Filosofía y en Medicina. Trabaja en el campo de Hasbará –esclarecimiento. Analista colaborador del Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista (OCATRY) de SECIDNEF. Como especialista en terrorismo islámico es colaborador en prensa especializada española, norteamericana e israelí sobre salafismo, yihadismo y terrorismo islámico. Analista colaborador en Terrorismo y Contraterrorismo del Observatorio de Prevención de la Radicalización Yihadista de SECINDEF (Security, Intelligence and Defense) Israel-USA International Consulting Counterterrorism) Ha dado conferencias sobre terrorismo islámico en el Ejército Español, Guardia Civil, Cuerpo Nacional de Policía, Mossos d'Esquadra y Ertzaintza. Coautor del libro Objetivo: Califato Universal. Claves para comprender el yihadismo. Presidente de diversas organizaciones de Hasbará.

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