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Aranza Gleason – Una de las cosas que aprendí viajando es que existen ciertos valores humanos que toda cultura comparte. El amor a los padres y a los hijos, la asistencia a un huésped, el recuerdo histórico y la memoria de un pasado son cosas que toda sociedad tiene. Sin embargo, la forma de expresar dichos valores es distinta en cada una y nos muestra el corazón de cómo dicha cultura percibe el mundo y vive su entorno. No es lo mismo decir salud al chocar las copas que brindar por la suerte, por la vida o por el amor. Ni pintar una mujer rodeada de vides y adornada con flores que erigir un monolito en recuerdo de un dios. Cada quien tiene su propia forma de retratar la fortuna y la abundancia que las vuelve radicalmente distintas.

El arte es la forma que tenemos de conocerla. Nos da el concentrado sentimental de un pueblo, nos enseña qué sentir, cuándo y cómo debemos comportarnos. Nos presenta ideas nuevas y nos lleva a terrenos antes no conocidos. A través de él entendemos los valores que componen una cultura y su forma de expresarlos. Por eso cuando hablamos de cultura judía es básico acercarnos a las formas artísticas que surgieron en el pueblo judío con el pasar de los años, pues si queremos entender su historia y su sentir necesariamente terminaremos hablando de arte.

Sin embargo, cuando hablamos de arte judío a qué nos referimos; a arte hecho por judíos, a arte que habla sobre judaísmo o temas propiamente judíos, a las expresiones populares o folclóricas que surgieron en pueblos y territorios judíos o a la estética propia que surgió entre sinagogas rituales, artefactos y otros elementos religiosos. La respuesta es a todas, porque cada una muestra una cara distinta de lo que ser judío implica. Ya sea que las obras traten temas propiamente relacionadas al judaísmo o la identidad judía, que hayan sido creadas por un artista judío o surgido como tradiciones folclóricas o populares retratan tanto las bellezas de la cultura como el conflicto identitario de pertenecer a dos mundos distintos, pues desde el exilio romano el judío pertenece a dos culturas ya sea desde la negación o desde la aceptación de una dualidad y a mi ver es una de las cosas que hace al arte y la cultura judía profundamente interesante; el balance entre preservarse como cultura fortaleciendo valores y tradiciones propias a la vez que se vive en un país, una nación o un reino distinto al propio y que indudablemente influye en la forma en que se mira el mundo.

En un contexto y una situación como esa los caminos que se toman son diversos, hay quien busca aislarse para fortalecer los lazos judíos y tratan de crear una cultura puramente judía, que en realidad dialoga con el exterior sólo como espejo convexo; hay quien acepta la influencia de la cultura reinante y constituye la propia desde la mezcla y hay quien se aparta por completo de su origen y se integra a lo que lo rodea las tres son respuestas que los judíos han tomado a lo largo de los milenios y en todas las regiones, desde Roma, Suiza o Francia hasta el imperio otomano o el mundo musulmán de Argelia. El arte que surge de un mundo judío refleja estos conflictos y en cierto sentido es un tributo a los distintos caminos que cada judío decide tomar en su vida.

A continuación presentamos una breve exploración de los distintas expresiones artísticas que han surgido de la cultura judía a lo largo de las épocas. Para facilitar su estudio se ha dividido en cuatro categorías que son básicas para el estudio artístico de cualquier cultura, estás son el arte sacro, el folclor judío, la alta cultura y las expresiones artísticas populares juntas componen todo lo que existe en cuestión artística y su forma misma de presentarse marca la diferencia entre distintos grupos judíos. Sin embargo, dada la extensión del tema no podemos presentar todas las formas en las que se manifiestan, ni la totalidad de los estilos que han surgido de ellas, por lo mismo nos limitamos a dar una breve introducción a cada una con el de dar un panorama general que sirva de base para estudios posteriores. Esperamos les guste.

Arte sacro

Cuando se habla del arte en judaísmo lo primero que escuchamos o sabemos es sobre la cantidad de restricciones que existían, o en algunos lugares aún existen, a los artistas para desarrollarse gráficamente. El origen de las mismas empieza desde la Torá, en varias ocasiones se prohíbe pintar o grabar imágenes y se les relaciona con la idolatría. La prohibición siempre se entiendo únicamente si se refería a imágenes humanas o de los astros por los ídolos que las otras culturas admiraban y desde la Edad Media siempre hubo distintas posturas y corrientes en cuanto a cómo leer y aplicar esta prohibición. Hubo quienes bajo ninguna circunstancia vieron con buenos ojos la representación gráfica de los astros y la figura humana y quienes lo permitían si el objetivo era artístico. En cuanto a poseer imágenes no había una prohibición clara. Sin embargo, tradicionalmente al interior de los círculos religiosos judíos la gente tendió a apartarse de estas disciplinas, popularmente se opto por no tener imágenes al interior de las casas y por abstenerse de crearlas también, aunque la religión no necesariamente lo prohibiera.

Aun así, ello no evitó que las sinagogas y recintos religiosos fueran adornados con elementos gráficos que siempre fueron aceptados por la Torá y de esta forma es que surgió una producción amplísima de obras sacras decorativas. Se privilegiaron los motivos simbólicos como vides, granadas, dátiles, leones, estrellas de David, querubines, coronas o candelabros de siete brazos que comúnmente adornan las paredes o columnas de sinagogas antiguas, forman la base de lo que se conoce como arte sacro judío y es tan variado como su origen. En ellas encontramos desde órganos prusianos con el estilo alemán más fino hasta motivos moriscos en las sinagogas de oriente y para todo amante del arte puede sorprenderse de lo variado de los estilos y la fineza arquitectónica que llegan alcanzar dependiendo de la época y el lugar.

Sin embargo, las sinagogas no es el único lugar donde este tipo de arte se expresa también se encuentran en la elaboración de los objetos religiosos o al decorar libros de rezo o textos sagrados. Así tenemos Hagadot que datan de la época medieval francesas o cubiertas de Torá de plata que surgieron en Polonia en el siglo XIX y hasta la fecha las tiendas de judaica y los artistas que trabajan en ellas siguen produciendo toda clase de objetos religiosos como mezuzot, candelabros, cubiertas de todo tipo, arcas o vitrales con temáticas judías. Hoy la producción más reconocida es la joyería yemenita que tiene varios siglos de mantenerse como tradición y surte en gran medida al resto del mundo de copas de kidush, candelabros y otras obras sumamente bellas de objetos religiosos.

Cabe destacar que la representación gráfica no es el único tipo de arte sacro que existe en la cultura judía, el deseo de embellecer con arte las expresiones de amor o alabanza a D-os es propio de cualquier tradición humana en el judaísmo existe un amplio legado de canciones y poemas que con el tiempo fueron agregadas a la tradición y cuyos compositores en su gran mayoría son desconocidos, pero hoy sus obras son recitadas o cantadas. El más reciente de ellos fue Shlomo Carlebach que en su afán de llamar a más judíos a la observancia musicalizó muchos de los rezos, viajando a distintos pueblos con su guitarra y hasta la fecha en varias sinagogas se usan sus melodías o ritmos para recibir el Shabat. Antes que él existe una larga lista de poemas religiosos y piyutim que fueron incluidos a los rezos y melodías que las distintas comunidades aceptaron como suyas y hoy son parte de la tradición. Muchas de ellas se usan en los servicios, se cantan en la mesa de Shabat o son específicas de ciertas festividades, como Mao Tzur en Janucá o la canción del cabrito en Pésaj.

Folclor judío

El folclor suele entenderse como aquellas formas de expresión artística que surgen del pueblo, se distingue de la cultura popular porque son tradicionales, compartidas por una comunidad específica y su objetivo es ayudar a la unidad comunitaria y de la alta cultura porque usa otros métodos de refinamiento artístico; los dichos populares, los cuentos de hadas, los bailes tradicionales, canciones o tonadas tradicionales y canciones de cuna son tan sólo algunos ejemplos de lo que compone el folclor de un pueblo. A través de estas expresiones artísticas se puede entender mucho del sentir de un lugar o de formas de ver el mundo que los rodea.

En el caso judío dado que es una cultura tan diversa su expresiones artísticas folclóricas también lo son. Tenemos desde formas musicales como el klezmer, típico de judíos europeos, formas ladinas de alabanza y tonadas marroquíes que desde siempre han distinguido la música tradicional judía, hasta bailes jasídicos, israelíes, temaníes o romanitas que incluso se han vuelto populares en medios visuales. Son formas que a lo largo de los siglos han traído alegría y música a bodas, bar mitzvot, y celebraciones de todo tipo. Los tonos y los movimientos están pensados para ser repetidos y cantados por cualquiera que los escuche y aunque son músicas y bailes regionales cada uno de estos estilos evolucionó de forma radicalmente distinta al lugar de donde surgieron. Por ejemplo, los cantos ladinos de alabanza tienen ciertos elementos que se repiten en los cantos andaluces, mientras que algunos elementos del klezmer también podemos escucharlos en música propia de los balcanes. Sin embargo, cada una de las expresiones artísticas judías logró separarse tanto de sus gemelos regionales que se convirtieron en un estilo de música o baile propio, alimentando de riqueza la tradición judía.

Otra distinción importante en el tema musical es que las formas de canto también se diferencian en cuanto a los tonos y objetivos del mismo. La música hecha para bailarse y alegrar una velada es muy distinta a la música que busca ser seria y narra una tragedia o alaba a D-os desde la solemnidad. Ambas formas se encuentran en los distintos estilos de música judía tradicional que se ha desarrollado, el que estén presentes habla de la riqueza cultural que las formas ofrecen.

Cabe destacar que el baile y la música no son las únicas formas de expresión artística tradicional que existe, otra muy popular es la literatura. Existen cientos de dichos, historias y narraciones de todo tipo que han sido de suma importancia en el desarrollo cultural judío. Las más famosas son las historias jasídicas recopiladas por Martín Buber o las maldiciones y los dichos en yidish. Sin embargo, la tradición sefardita y árabe también tiene mucho que ofrecer en este ámbito.

Alta cultura

Una de las preguntas que los críticos y artistas han buscado responder a lo largo de los siglos es qué hace a una obra perdurar en el tiempo y volverse universal y cuál es la distinción entre alta cultura y otro tipo de expresiones artísticas. El nombre “alta cultura” se usa para distinguir lo que generalmente conocemos como arte a secas. Suele exponerse en museos, galerías, ser estudiado en academias o colegios y se reconoce su carácter universal. Algunas de las características que lo definen es su carácter reflexivo, el perfeccionamiento de la técnica y la armonía y belleza como componentes básicos del mismo. La música clásica, las pinturas de los museos y las obras de literatura universal son los mejores ejemplos que tenemos de este tipo de arte.

Son obras que hablan de lo más profundo del ser humano a través de una técnica refinada a lo largo de los siglos; en muchos sentidos se separan de la tradición que los creó para generar una tradición artística propia aunque continuamente le regresan al mundo un origen. Nos enseñan a sentir, a pensar y a ver el mundo con ojos más ávidos. A veces incluso aunque se separan del entendido popular con el tiempo se convierten en basamentos culturales de la sociedad que le dio vida como es el caso de Shakespeare, el Quijote, o las obras de Sófocles, que si bien cuestionan los parámetros de la sociedad en la que surgieron después se vuelven referentes morales y una parte importante de la construcción cultural de la misma.

En el caso judío la aportación que el pueblo judío a hecho a la alta cultura es amplísima desde compositores clásicos como Mahaler y Mendelssohn hasta escritores del calibre de Kafka y Proust o pintores como Amadeo Modigliani y Marc Chagall. En el caso de artistas como éstos el estudio de su arte es de suma importancia pues el conflicto identitario judío toma relevancia, pues su arte muestra la síntesis de dos culturas complementarias la judía y la Occidental. Las formas que usan son occidentales, los temas que tratan, la forma de verlos, los sentimientos que trasmiten y el conflicto mismo suelen ser temas con origen judío. La mezcla entre ambas ofrece una riqueza artística significativa.

Frente a ello hay dos líneas de estudio que se pueden seguir, analizar artistas como Yehudá Halevi o Amos Oz que abiertamente hablan sobre su origen judío y elaboran sobre el mismo o estudiar a escritores como Proust que negaron su pasado judío y sin embargo éste se hace presente en sus obras. Ambas exploraciones enriquecen mucho la discusión sobre origen e identidad que las obras presentan y arrojan luz sobre la construcción tanto de la cultura judía como occidental.

También se puede analizar las aportaciones que los judíos hicieron como mecenas de artistas o modelos como es el caso de la famosa mujer dorada de Klimt o algunas de las obras de Rembrandt. Se puede también analizar las apariciones de judíos en la literatura y el arte y las personas o el legado que lo inspiraron.

Expresiones artísticas populares

Finalmente los judíos han tenido muchísima influencia en el mundo de la cultura popular y el cine. Las grandes producciones de comics en Estados Unidos empezaron con empresarios y productores judíos sin ellos personajes como Superman, Capitán América, Hulk o incluso toda la línea de Marvel no existiría. En el cine Max Fleischer fue de los primeros en hacer caricaturas animadas y las técnicas gráficas que desarrolló más adelante serían usadas por el mismo Disney. Sin contar la cantidad de productores y artistas que dieron a Hollywood su nombre o aquellos que actualmente producen las películas más vistas en el mundo como Piratas del Caribe o incluso Star Wars.

Sin embargo, los judíos americanos no sólo tuvieron injerencia en el ámbito de las historietas, animaciones o el cine; artistas y compositores como Barbara Streisand, Irving Berlin, John Marks marcaron la pauta musical de mediados del siglo y hasta la fecha compositores como Leonard Cohen, Billy Joel o Neil Diamond son de los más reconocidos y escuchados en el mundo. Sin contar las aportaciones que hubo de judíos al ámbito del teatro musical. En muchos sentidos los judíos contribuyeron a construir la cultura popular que alimentó la imaginación de Estados Unidos y el mundo.

Además también se encuentran todas las expresiones culturales que Israel ha dado al mundo como el nuevo estilo mizraji que es muy famoso en el mundo.

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Aranza Gleason se define a sí misma como una judía en el exilio. Nació con una raíz divida como su poeta favorita; busca y ama al judaísmo, pero como a los personajes que lee, éste, también se le escapa de las manos como el agua. Para hablar de Torá y mitzvot se basa en textos de rabinos ortodoxos, experiencias personales y clases a las que asistió. En cambio, para hablar de historia y cultura judaica trata de observar todo lo que hay; desde lo más hereje hasta lo más sagrado. Sabe que judaísmo encuentra en todos los rincones de la Tierra y se vive con todos los colores de la luz. Cuando escribe busca compartir y busca encontrarse. Espera profundamente que sus textos sirvan para que una persona descubra algo que le era desconocido y lo disfrute.

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