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Aranza Gleason – Estamos en el mes de nisán y en unas semanas estaremos celebrando Pésaj, probablemente la festividad más conocida y respetado por los judíos del mundo. Cuando uno lee la historia de la Redención de Egipto descubre ciertos eventos que destacan y forman la base de la espiritualidad judía. Uno de los más importantes es el momento en que D-os le dice a Moisés que debe pedirle al pueblo santificar la luna. Eso ocurrió en Rosh Jodesh nisán (el primer día del es de nisán) y fue el primer mandato que el pueblo judío recibió de D-os. El preludio a la Redención.

Este evento es básico para el desarrollo de la historia y la espiritualidad judía y muchos comentaristas se han preguntado por qué; qué tiene de especial este evento que lo convierte en la primer responsabilidad de Israel con D-os. Por qué es este evento lo que prepararía a los judíos a hacer el sacrifico de Pésaj y los ayudaría a convertirse en la nación que seguiría a D-os a lo largo del desierto y presenciaría la Revelación de D-os. La respuesta es el tiempo, sólo a través de la medición del tiempo es que se puede tener una memoria histórica, una nación.

Para ser independientes de Egipto los judíos tenían que aprender a medir el tiempo bajo términos propios y deshacerse del calendario egipcio, tenían que formar una identidad propia y una historia propia. En el caso judío además la idea del tiempo cambió para siempre porque implica el involucramiento activo del hombre con el mundo que lo rodea y D-os.

La importancia de observar la luna

La gran mayoría de los calendarios están hechos unicamente para el beneficio del hombre y marcan los tiempos de cosecha para permitir el beneficio que la tierra trae al mismo. Muchos de ellos en sus orígenes celebraban las festividades de dioses o seres que se pensaba producían las cosechas y ciclos temporales. Sin embargo, dichas celebraciones siempre fueron pensadas en función a la utilidad del hombre, podían ser de agradecimiento pero estaban atadas a un bien material, más que a un bien moral.

En el caso judío el tiempo se piensa como una relación entre D-os y el hombre. Por un lado es el hombre el que observa registra y sigue el curso de la luna y en ese sentido es él quien decide participar y registrar el paso del tiempo, por el otro es D-os quien le ordenó al pueblo llevar ese registro y quien hace a la luna seguir su curso. Además, la idea de historia en el judaísmo es todavía más profunda porque D-os ofrece una enseñanza moral con cada ciclo lunar que pide al hombre observar.

Cada mes tiene una enseñanza moral para el judío porque es el recuerdo de un evento particular que ocurrió en su historia nacional. Y cada mes se le obliga a renovar su relación personal con D-os. La luna debía ser la base del calendario judío y la primer mitzvá que D-os le ordena al pueblo porque su confianza en D-os debe ser tan resistente como la constancia de la luna, debe renovarse cada mes e iluminarse después de la sombra para poder subsistir. Eso explica porque santificar la luna fue la primera mitzvá que los judíos recibieron. Sin embargo, eso no explica por qué el primer día de nisán debería ser el momento en que empezará el calendario judío.

¿Por qué nisán?

Falta remarcar nuevamente la importancia de nisán. Originalmente los meses del calendario judío no tenían nombres, se enumeraban en base a nisán, por eso éste era el único mes con nombre y la cuenta del año se desprendía de él, así como Shabat es el único día en la semana con nombre y los demás días se cuenta en base a él. Antes de la destrucción del Templo, el Año Nuevo no se festejaba en tishrei, sino en nisán. ¿Por qué este mes particularmente? Porque en él ocurrió la Redención de Egipto.

La esclavitud, las plagas, el sacrificio y finalmente la salida de Egipto son la base de la postura moral y espiritualidad judía. Le enseñan al hombre que D-os fue el Creador del mundo, que lo sigue dirigiendo, que la base de esa dirección es moral y que finalmente habrá una Redención del mundo en que vivimos; D-os se revelará nuevamente. Cada mes con la santificación de la luna recordamos esos eventos, pues toda espiritualidad judía se desprende de la idea que D-os gobierna el mundo moralmente. Por eso todos los meses dependen de nisán. Con nisán además inicia la primavera es un llamado a la renovación, la vida y la purificación. A buscar a D-os.

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Aranza Gleason se define a sí misma como una judía en el exilio. Nació con una raíz divida como su poeta favorita; busca y ama al judaísmo, pero como a los personajes que lee, éste, también se le escapa de las manos como el agua. Para hablar de Torá y mitzvot se basa en textos de rabinos ortodoxos, experiencias personales y clases a las que asistió. En cambio, para hablar de historia y cultura judaica trata de observar todo lo que hay; desde lo más hereje hasta lo más sagrado. Sabe que judaísmo encuentra en todos los rincones de la Tierra y se vive con todos los colores de la luz. Cuando escribe busca compartir y busca encontrarse. Espera profundamente que sus textos sirvan para que una persona descubra algo que le era desconocido y lo disfrute.

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