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Enlace Judío México e Israel – LA NIÑEZ EN AUSCHWITZ

“La victoria de mi abuelo es verme con el uniforme militar israelí”, dice M. (el nombre se evita por razones de secreto militar) que trabaja en el departamento de inteligencia del ejército de defensa de Israel. Shaul Oren, el abuelo, encendió hoy una antorcha en la ceremonia de clausura del Día del Recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto en Yad Vashem, Jerusalén.

Shaul (se lo ve en esta foto) nació en un pequeño pueblo de Polonia en 1929 y tenía 10 años cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial. Al comenzar la guerra su familia se dividió: su madre y dos hermanos menores se escondieron, pero fueron encontrados por los nazis…

Yaakov, el hermano mayor, logró escapar de los guardias nazis, pero hasta el día de hoy no se sabe qué le sucedió. En diciembre de 1943, Shaul y su hermano menor Moshé fueron enviados a Auschwitz.

“En la rampa del campamento, un oficial nazi se acercó a nosotros, acompañado por el Dr. Mengele, los dos se interesaron por nuestra salud y después de una breve investigación, nos ordenaron a mí ya mi hermano pequeño que nos uniéramos a un grupo de niños que estaban en un pabellón separado”.

SIN PALABRAS

Los nazis י“ש realizaban experimentos médicos con los prisioneros de los campos de concentración. En estos atroces experimentos los bestiales nazis usaban hombres, mujeres y niños (especialmente mellizos) como si fueran ratas de laboratorio.

Había, por ejemplo, experimentos de congelación –con judíos, gitanos y prisioneros rusos– para tratar la hipotermia. Se dejaba a los prisioneros desnudos al aire libre durante varias horas con temperaturas de 5 grados bajo cero.

Algunos eran obligados a sentarse en tanques de agua helada durante tres horas. Después de congelar a los sujetos, se los sometía a diferentes métodos de recalentamiento. Muchos obviamente morían en el frío o en la “reanimación”. Un asistente médico nazi testificó en Nuremberg diciendo que “algunas víctimas eran arrojadas al agua hirviendo para recalentarlas”.

También hacían experimentos contra infecciones como la malaria. Los prisioneros sanos eran infectados por mosquitos o por inyecciones de extractos de las glándulas mucosas de mosquitos hembras y luego de contraer la enfermedad eran tratados con medicamentos experimentales para probar su eficacia.

Se utilizaron más de 1 mil 200 personas en este experimento. Más de la mitad murieron como resultado y otros sobredientes quedaron con discapacidades permanentes (para más información ver aquí).

SALVAR A MOSHE

Shaul –junto a otros niños– fue llevado al campamento y alojado en la cabaña No. 28. Shaul logró persuadir al médico a cargo que borrara el nombre de su hermanito Moshé de la lista designada, alegando que estaba muy enfermo para esos experimentos. 11 de los niños, entre ellos Shaul, fueron llevados luego al campo de Sachsenhausen, cerca de Berlín, donde los colocaron en una habitación pequeña y cerrada y se les impidió entrar en contacto con otros reclusos. Así nació el grupo de los “11 niños de Sachsenhausen”.

Uno de los médicos nazis comenzó a realizar experimentos médicos con los niños: los infectaba con el virus de la ictericia y luego les aplicaba inyecciones de diversas sustancias para probar cuál era efectiva y cuál no. Los experimentos duraron cerca de 2 años. Cuando el triunfante ejército ruso estuvo cerca, las fuerzas de S.S. comenzaron a matar a los pacientes en el campo para no dejar evidencia (o testigos) de su monstruosidad. Shaul, milagrosamente, se salvó.

Él y los otros 10 niños se dispersaron entre los prisioneros y se unieron a la marcha de la muerte: “Caminé 300 kilómetros durante 12 días” cuenta Shaul “Lo que me mantuvo con vida fue la esperanza de la libertad y la supervivencia”.

FINAL FELIZ

Al finalizar la guerra, Shaul llegó a París y estudió ingeniería electrónica. Allí también conoció a su esposa, Madi Ruth Twatti, y tuvieron tres hijos. En 1954, Shaul llegó a Israel para buscar a sus primos sobrevivientes, y allí se enteró, después de años de darlo por muerto, que su hermano Moshé todavía estaba vivo y residía en la ciudad de Acco.

Shaul se quedó en Israel y durante 25 años trabajó como ingeniero electrónico en el IAI (el prestigioso Instituto de Aeroespacio Israelí) e incluso participó en la Guerra del Líbano como reservista.

“Me siento inmensamente orgulloso de ser nieto de un hombre heroico que me inculcó el fuerte deseo de servir a mi país, Israel, por amor y por deber”, dice su nieto, el Mayor M que vive con su familia en Jerusalén y educó a sus hijos con la inspiración de su abuelo. Mi abuelo es un ejemplo de una vida llena de esperanza y optimismo frente a dificultades inimaginables.

Cuando yo llegaba a casa de mi servicio militar mi abuelo se sentaba a mi lado y se estremecía hasta las lágrimas al verme en uniforme, emocionado de que nosotros, el pueblo judío, finalmente tenemos un estado y un ejército que ahora nos puede defender.

Basado en el artículo escrito por Hanan Greenwald y publicado hoy en Israel Hayom (ver aquí).


Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío.

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