Enlace Judío – Desde la Segunda Guerra Mundial —y no pocos piensan desde la Primera—, EE. UU. se ha convertido en una potencia mundial y solo la Unión Soviética la ha ensombrecido.

Pero con el colapso del bloque soviético y la caída del Muro de Berlín, se convirtió en una fuerza única sin competencia, y su ventaja militar, sin duda, hegemonizante. Sin embargo, 3 décadas después, el estatus de EE. UU. parece estar cayendo en picada en gran parte debido a lo que está sucediendo “adentro”. ¿Ha llegado el fin de la hegemonía estadounidense en el mundo?

En la mañana del 11 de septiembre de 2001, el imperio se despertó con otro día de rutina. Buen clima y mayormente despejado, permitió un amplio campo de visión, especialmente desde la cabina. Este hecho contribuyó a que un grupo de terroristas imbuidos de motivación, espíritu de lucha y fanatismo religioso lograran apoderarse de 4 aviones y aplastarlos contra símbolos de poder de EE. UU: el Pentágono y las Torres Gemelas. Uno de ellos se estrelló en Pensilvania mientras se dirigía a un impacto directo sobre el Congreso. La yihad mundial obtenía su éxito resonante.

Bin Laden logró tener éxito donde otros habían fracasado. El ahora extinto líder terrorista islamista de Al Qaeda,  aprovechándose de las propias debilidades de EE. UU., golpeó en el lugar menos esperado. Las acciones militares en Afganistán e Iraq incluso han intensificado su proceso con secuelas como la expansión terrorista.

Hoy por hoy, los talibanes afganos controlan los principales pasos fronterizos de Afganistán cobrando jugosas regalías a los camiones que importan y exportan productos ante la impotencia de un ejército afgano que no tiene los recursos necesarios para enfrentarlos. Mucho menos luego de la retirada de las tropas norteamericanas, inglesas y alemanas del país asiático. No habría que sorprenderse si los fanáticos talibanes vuelven al poder perdido en 2001 y a transformar a ese suelo montañoso, desértico y escarpado en una base del extremismo fundamentalista sunita y hasta un refugio para ISIS.

Los problemas internos de EE. UU. hoy parecen un pozo sin fondo, mucho más serios que los fracasos de la política exterior, algo que se puede identificar fácilmente hoy en día en el discurso político polarizado y en una narrativa dominante y radical que domina los medios de comunicación, las universidades y los principales pensadores. A la pérdida de poder en Asia debe sumarse la impotencia frente a los gobiernos comunistas en Nicaragua, Cuba y Venezuela que ya han entendido que Biden es un tigre sin colmillos.

La confrontación política y comercial de EE. UU con China parece haber opacado todo otro frente y EE. UU. se ve impotente ante el crecimiento de Irán, la expansión rusa en Ucrania y con una frágil y golpeada presencia en Siria e Iraq.

EE. UU. en su historia ha manifestado una enorme vitalidad para salir de diferentes crisis y recuperar su liderazgo y representatividad del mundo democrático. Hoy parece un gigante errático y golpeado. Hasta la lastimosa Corea del Norte le plantea desafíos con su  poderoso despliegue nuclear que Irán esta dispuesto a emular.

EE. UU. todavía representa el 15% del PIB mundial. Pero hay que prestar atención a los procesos que tienen lugar en su interior porque así fue como cayeron los imperios antiguos no se puede descartar que lo mismo suceda con esta potencia que supo tener otro tipo de liderazgos. Mientras tanto, el poder chino está esperando pacientemente para dar su zarpazo. No será gratuito para el mundo.

 


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