Enlace Judío México e Israel- Yo sabía. Es más, se lo mencioné hoy a Kuperwasser: “Hoy habrá misiles”.

SHULAMIT BEIGEL

Bueno, no hay que ser adivina.

Las vanas ilusiones de que habrá paz algún día, son eso: vanas ilusiones.

En mi vida siempre he intentado, sin mucho éxito, confrontar la cruda realidad, aún a costa de padecer el golpe que produce el desprecio de la incomprensión ajena. “No seas pesimista” me dicen. Pero ya ven.

Y es que es mejor tratar de entender a fondo las ilusiones de la realidad que nos ha tocado vivir, para no caer.

Cuando hace tres años fui invitada a visitar Sderot, tuve miedo, pero fui. La curiosidad mató al gato.

Para quien no lo sabe, Sderot se encuentra a menos de un kilómetro de la Franja de Gaza.

Volver a imaginar en estos momentos la ciudad que nuevamente es blanco de ataques y el frecuente sonar de las sirenas y las explosiones de los proyectiles me crispa los nervios.

Hoy pienso que ningún gobierno podrá detener los ataques con cohetes que vienen de Gaza.

Recuerdo en estos momentos que un día tranquilo, tranquilo como hoy, estaba contemplando el paisaje pastoral desde la ventana de un refugio, cuando la quietud se convirtió en un infierno.

¿Cómo se puede vivir así?

¡Cuántas guerras han habido en esta zona! Y todas tienen un punto en común, y es que en cada nueva guerra los hombres se matan, independientemente del lado en que uno esté, y por lo tanto ninguna guerra es buena. Prefiero una mala paz que una buena guerra.

Ese día, en la madrugada, bajo una cobija, como hoy en estos momentos, me dediqué a chatear. Le pregunté a un amigo a quien ni siquiera había visto, que qué pasaría, le dije además, que tenía miedo. Como ahorita.

En lo personal siempre he condenado la guerra por ella misma. Aquel día en Sderot comprendí lo que es vivir sobre un volcán que cada tanto revienta aunque no haya muertos o haya pocos. Entiendo también a la gente de Gaza, su situación, su desesperación, y supongo que ellos dirán que su guerra es limpia y justa. Qué grave es cuando tu enemigo es tu vecino y morir por una causa no garantiza que ésta se convierta en verdadera.

En realidad me parece horrible eso de morir por algo

Más de veinte kibutzím se encuentran en la frontera con Gaza y son víctimas desde hace años de los cohetes de los grupos terroristas palestinos, pese a que el movimiento kibutziano, integrado por muchos israelíes de izquierda, trabaja por la paz con sus vecinos palestinos, apoyando muchas de sus demandas.

Los habitantes de los kibutzím, de Sderot y otras ciudades de la zona, viven en una inseguridad constante, pero además están decepcionados porque creen que ambos pueblos vecinos deben y pueden vivir en paz.

Muchos pensaron que tras el retiro de Israel de Gaza el camino era La Paz

La matanza trae más matanza. Sólo con el diálogo, la negociación y el debate se podrá crear un status quo sin cohetes, sin vidrios astillados y sin niños asustados.

El odio moviliza mucho más odio. Por odio el ser humano es capaz de destruirse y lamentablemente muchos son incapaces de vivir sin odiar algo, personas, naciones, creencias. Y los políticos en general canalizan y dirigen la tremenda fuerza encerrada en corazones que odian.

Yo ya no creo en la paz

Observo con tristeza cómo se ha venido configurando una funesta realidad, mientras se desdibuja otra que hizo soñar románticamente a muchos que llegaron aquí, contagiados por la magia de un ideal singular, que insufló un ímpetu soñador y utópico en la mayoría de un pueblo que se encontraba al borde del abismo.

Sueños que se desvanecen cada día hoy bajo la conducción de los líderes políticos en el poder, que se han dedicado a la infausta misión de ser los sepultureros de un proyecto que fue bendecido con el significativo nombre de Paz.

Mientras te escribo, la radio habla de misiles… nada nuevo bajo el sol.

Me voy a echar un taco por si acaso.

Un abrazo