La búsqueda del origen del jasidismo y la comprensión de las razones que lo detonaron se encuentran dentro del pensamiento de Gershom Scholem y Moshé Idel, ambos estudiosos de la mística judía.

Gershom Scholem

Scholem fue el primer pensador en reformar el estudio, y con ello las causas del jasidismo, mismas que habían sido establecidas por Martin Buber desde principios del siglo XX. La postura que Scholem estableció para comprender el marco conceptual del jasidismo se basó en un análisis histórico y sociológico, en contraposición a la perspectiva filológica de Buber.

De manera general, Scholem establece que el jasidismo tuvo su origen en un contexto de preocupación por la regeneración espiritual del judaísmo. Se trata entonces de una forma “moderna” de religiosidad con ideas “fecundas y originales” que se enfrentaron al pensamiento conservador de los maskilim. La oposición a la ortodoxia generó el jasidismo, un movimiento carismático que Scholem identifica como producto histórico del cabalismo luriano y del shabetaísmo.

En otras palabras, el jasidismo es la etapa final de este proceso de pensamiento místico-religioso.

Scholem asegura que el cabalismo luriano funcionó como una primera etapa en la que el papel más importante fue el elemento de la redención a través de la mística. Este aspecto atrajo la atención de varias personas que mediante un carisma proselitista, encontraron atractiva la idea de un estado imperfecto de existencia que se podía perfeccionar mediante el proceso del Tikún.

 

Jasidismo en la pintura de Max Weber, Adoración a la luna, 1944.
Max Weber, Adoración a la luna, 1944.

En un segundo momento, el shabetaísmo llevó este proceso de salvación a un nivel mesiánico, mismo que fracasó cuando no pudo cumplirse. Dentro de esta línea de pensamiento, Scholem propone que el jasidismo fue un volver a los valores cabalísticos luriánicos reinterpretados de forma accesible y moderna para los interesados; pero al mismo tiempo, con una orientación formal, rabínica, estudiada y supervisada que no permitía una postura exagerada como la de Shabetai Tzvi.

Este pensamiento religioso y mágico, pero al mismo tiempo anti shabetáico, sentó las bases de una mística que en palabras de Scholem era “intensa, y estaba basada en un esoterismo genuino”. La propuesta no buscó borrar la importancia de la Cábala, por el contrario, la utilizó como herramienta para generar un carisma atractivo en el cual la magia y la religión se encontraban en un marco regulado y cuidado.

En otras palabras, el jasidismo representó un intento por preservar los elementos cabalistas necesarios para detonar el interés en la población, pero despojados de su tinte mesiánico.

A mi punto de vista es un renacimiento cabalista en el marco de la Ilustración. De esta forma, Scholem no veía en el jasidismo una doctrina nueva, sino un desarrollo de las ideas luriánicas cuidadas y orientadas que proponían un acercamiento más accesible a la mística y a la divinidad.

Moshé Idel

Por otro lado, Moshé Idel entiende el jasidismo como el resultado de la mística activa, en forma casi mágica, aplicado en todos los aspectos de la vida comunitaria.

Idel entiende que el movimiento luriano, el shabetaísmo y el jasidismo son procesos enlazados históricamente que generaron una cadena de religiosidad y por lo tanto un género religioso.

Incluso Idel plantea que es posible trazar una línea de los valores más importantes del pensamiento místico entre estos tres procesos. Idel asegura que el jasidismo es un dilema que concierne a la interpretación de la oralidad y que emergió como resultado de un colapso histórico orientado a la actitud y el pensamiento judío del momento. Para Idel, el jasidismo es un problema de la historia de las ideas que tiene que entenderse a partir de un enfoque fenomenológico.

Gershom Scholem y Moshé Idel definen que las fuentes más importantes para entender el pensamiento jasídico son los estudios de Martin Buber, Simón Dubnow, Horodeski y de Jacob Minkin.

Sin embargo, Scholem afirma que el éxito y la proliferación de los textos jasídicos se encuentra en el estilo narrativo amable y en el “aire de modernidad” que éstos tenían. Aspecto que difiere del pensamiento de Buber, basado en comprender la literatura jasídica como herencia del pensamiento de los siglos anteriores.

Moshé Idel, a distancia, diferencia las visiones que Scholem y Buber tienen sobre el origen y la importancia de la literatura jasídica. Idel establece que la postura de Scholem es más histórica y se centra en rastrear el origen del pensamiento existencialista jasídico a partir del siglo XIX con la revolución que causó el pensamiento mesiánico. Por otro lado, Buber lo hace desde una perspectiva descriptiva, histórica y filológica.

De acuerdo con Idel, a pesar de las diferencias de Scholem y Buber sobre el origen del jasidismo, ambos autores coinciden en entender este pensamiento como una continuidad de la mística luriánica y una reacción al movimiento shabetáico.

La discrepancia radica en que Buber entiende el jasidismo como la transformación del judaísmo en una mística temprana, y Scholem lo comprende como un renacimiento místico, es decir, como el inicio hacia un judaísmo moderno.

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